martes, 3 de abril de 2007

Linces


La capacidad de sorpresa del ser humano, salvo honrosas excepciones, habita ya en las catacumbas de su psique. Hemos vivido un final de siglo tan vertiginoso, hemos ¿avanzado? tanto, estamos tan convencidos de nuestro éxito, que para nosotros todo ha alcanzado ya la categoría de “normal”. Y esa falsa apariencia de normalidad – falsa… falsísima, pues siempre existirán cosas que ni serán buenas ni normales con independencia de cuanto tiempo lleve el ser humano sobre la tierra… - nos ocasiona una curiosa perversión: comoquiera que nosotros mismos necesitamos del permanente estímulo de lo nuevo, de lo desconocido, y como ya no arriban a nuestras costas hermosos navíos cargados de oro y especias, ni vuelven exploradores relatando increíbles historias acerca de míticos animales, lo compensamos con un continuo fluir de novedades, eso si, de usar a tirar…

Digo de usar y tirar porque, además del escaso poso que esas seudo – noticias suelen dejar en nuestra alma, hemos inventado el soporte perfecto para ellas: el periódico gratuito. Me gustaría indicar que no tengo nada, a priori, contra lo regalado; más bien todo lo contrario. Mi crítica no deriva de un ataque de fútil snobismo sino de la convicción de que, si su lectura se convierte en hábito mayoritario, la quema neuronal puede acelerar el ya irreversible cambio climático. Está mañana observaba la variada amalgama de gentes que se acumula diariamente en el 27 y la mayoría de ellos leían con avidez las noticias de cualquiera de esos panfletos, eso sí, preferentemente las de las últimas páginas... las "fáciles". No diré que deba ser obligatorio acudir al puesto de trabajo con uno de los “Episodios Nacionales” de Galdós bajo el brazo o disfrutando con el inmisericorde cortejo que sufre Ana Ozores en “La Regenta” pero… ¡leche… algún termino medio habrá entre Eduardo Punset y “Aquí hay tomate”!

El caso es que en el asiento que se encontraba al lado del mío, una mujer bastante pizpireta que aparentaba una buena pila de años pero que seguramente no los tenía, pasaba las hojas de uno de estos periódicos de forma bastante compulsiva, con el papel a pocos centímetros de su cara y haciendo considerables esfuerzos para que no se le cayeran los tres o cuatro más que aguardaban pacientemente su turno, encima de sus rodillas. Naturalmente, semejantes esfuerzos no solo le resultaban totalmente infructuosos sino que al poco, buena parte de ellos acabaron en las mías. Y gracias a ello me enteré de que los Beckam no encuentran casa en Los Ángeles, de que Mister Universo es español, de que Julián Muñoz está peor de lo suyo… y de que la porrada de millones que nos estamos dejando en el proyecto Lince empiezan a dar sus frutos.

Del animal en cuestión, algo conocía ya... fundamentalmente que no hemos conseguido exterminarlo aún porque no nos ha dado tiempo. Y con el nuevo modelo de humanidad en el que nos movemos, la noticia es que hace poco han nacido un par de ellos (lo que no debería asombrarnos en absoluto) y en cambio no lo es tanto que nos gastemos una pasta gansa en salvar a los pocos que quedan (lo que para mí es noticia noticiosa...) A ello ha contribuido su belleza, su esbeltez y su progresiva rareza, que hacen de él un candidato perfecto para fusilarnos 20 o 30 millones de €, dejar nuestra conciencia limpita y poder seguir dejando nuestro entorno como un erial. Otros animalitos patrios, con igual legitimidad pero menos adorables, dormirán el sueño de los justos en un tarro de formol pero salvar al felino más amenazado del planeta se ha convertido ya en un objetivo político y aquí entran variables más complicadas de medir como el marketing social… ¡que le vamos a hacer!

A los romanos, que eran mucho más parecidos a nosotros de lo que pudiéramos pensar, también les llamó la atención el animalito y eso que, en aquella época, había más linces que perros descalzos… El linx se extendía de forma abrumadora por los bosques de toda Europa y, especialmente, por España, a causa de la enorme cantidad de conejos que moraban por la península. Las legiones consideraban su visión como un buen augurio y como estos avistamientos eran escasísimos, el lince no hacía sino acrecentar su carácter legendario. En este sentido los romanos adoptaron una conocida leyenda griega en la que Linco, Rey de Escitia, se convertía en alumno de un tal Triplotero, héroe griego, semidiós y no sé cuantas cosas más. El tal Linco debía ser un muchachote con mucho tirón en la época porque sus bondades cautivaron a “Triplo” de tal manera, que aceptó enseñar el arte de la agricultura al Rey escita, le concedió un carro tirado por dragones alados y lo mandó a recorrer el mundo para que enseñara a la humanidad el nuevo conocimiento. Pero Linco, que ya veía el tirón que en el futuro iban a tener los cereales en el desayuno, decidió no compartir el negocio con el resto de los mortales e incluso pensó en matar a Triplotero ante lo cual la diosa Deméter no tuvo más remedio que convertirlo en un lince como castigo. Además, como iba sobrada, dibujó en el firmamento la constelación del lince para que, cuando Triptolemo no quisiera seguir sus consejos, mirara el cielo y recordara para siempre su encuentro con el malvado Linco.

Los romanos cambiaron los nombres de los protagonistas y algún actor secundario pero respetaron la esencia: considerar al lince un animal casi sagrado; además, aprovecharon para asociar su figura a la de los gemelos así como dos de las principales virtudes del animal: la buena vista y la intuición. De hecho, hasta bien entrado el siglo II, buena parte de Roma creía ciegamente que la visión del lince podía atravesar las paredes…
"Lo bueno de hacer las cosas a su debido tiempo, es que suele ser mucho más barato" - Louis Pasteur
Un abrazo.

3 comentarios:

Dianora dijo...

Ana Ozores y su Vetusta no están reñidas con esa lectura de 5 minutos con la que solemos deborar esos periódicos que cuentas. Más bien porque con titulares y fotos, "vamos que chutamos". Eso sí, debemos saber colocar cada lectura en su lugar correspondiente.

No sabía lo del lince, pero de algo sí que estoy segura. Muchas especies pasaron a la historia. Nos preocupamos de salvaguardar alguna de ellas y sin embargo dejamos a la deriva una que me preocupa en especial... el ser humano.

Besos

Turulato dijo...

Según la información de consumo, ENEL -participada y controlada por el estado italiano-, Acciona y E.ON han acordado, en menos de lo que yo tardo en escribirlo -¡ay, qué me hernio!-, trocear y repartirse la mayor compañía enrgética española.
¿Cómo decía no se quién?.. "Divide y vencerás". Un competidor menos en el mercado; casualmente, una compañía española.
Hoy, sabemos que Sonatrach -compañía argelina extractora y suministradora de gas- ha comprado una participación -10%- en EDP, que a su vez es propietaria al 100% de Hidrocantábrico, con lo que ha entrado en el mercado español.
Con lo que Gas Natural, cual aprendiz de brujo, se va a encontrar con uno de los dos grandes del oligopolio gasistico europeo -el otro es la rusa Gazprom- en casa.
¡Eso es gestionar bien nuestra economía, redios!. Se nos "papean" Endesa; a Gas Natural -distribuidora gasista y sólo generadora energética por sus sobrantes, y de forma secundaria- se le cuela un gigante; y un estado tan serio como el italiano influirá en nuestra sobreexplotada generación...

Así que dígame.., ¿no es mejor contarles, a la cada día más "carne de cañón" que nos rodea, que el gran problema es porque le salen almorranas al lince?.

Y sobre la extensión, la culpa es de los romanos, que excitan mi vida placentera.

eloryn dijo...

Entre el disgusto que me has dado con los Beckham y sus problemas para encontrar vivienda (¡anda, como yo!) y lo del lince, no sé si voy a poder volver a conciliar el sueño...
Diez millones de euros es lo que ha gastado la Junta de Andalucía en intentar salvar al lince (y linza, no vaya a ser que se me enfaden) en los últimos cuatro años. Que aunque a mí me caiga simpático el bicho, ¿no sería mejor haberse gastado ese dinero en educación? Para intentar frenar la conversión en "carne de cañón" que dice Turulato...
Un abrazo