viernes, 6 de marzo de 2009

La perversión de la democracia

Complicado este mundo nuestro... Y, en ocasiones, difícil de entender.

La democracia es un sistema perverso en sí mismo; Garantiza, al menos se supone que lo hace, la elección como líder de la persona más respaldada por una asamblea de ciudadanos, en principio, libres. En este momento se suele presuponer que al ejercer de tales, esos mismos hombres libres serán capaces de hacer recaer su elección es el candidato más adecuado... lo cual no deja de ser una absoluta gilipollez. Ésta pequeña tara del sistema acarrea la posibilidad de una consecuencia terrible e inevitable... Qué esa elección puede recaer en cualquiera, puesto que solo hay una cosa más manipulable que un ser humano... y ésta es un grupo de seres humanos.

Al hilo de todo esto, no deja de sorprenderme que, en ésta loca carrera en la que la sociedad anda metida por certificar que tenemos tal o cual título o habilidad, el proceso democrático haya conseguido mantenerse al margen. Estamos tan confiados del invento que exigimos que para desempeñar con corrección el trabajo de barrendero u ordenanza – con todos mis respetos a ambas categorías profesionales – haya que justificar cierta preparación académica, ausencia de taras psicológicas, buena conducta y superar, en el mejor de los casos, un par de procesos de concurso oposición. En cambio, ni exigimos la misma preparación al que mete el voto en la urna ni, claro está, al candidato que al final acaba alzándose con el triunfo, con lo que éste puede revelarse como manifiestamente indeseable para el cargo o incluso, como un completo zote. Y nos da igual... y lo damos por bueno...

Porque lo hemos elegido nosotros.... (mentira ya que el candidato lo ha elegido su partido...)

Porque lo hemos elegido libremente... (es un decir ya que no hemos intervenido en la confección de las listas ni podemos, salvo en algún caso, modificar ni la presencia ni el orden de los candidatos...)

Porque lo ha elegido la mayoría... (en ocasiones, pero no siempre... ya que en algunos procesos electorales si sumanos la abstención al voto nulo, esta agregación resultaría la fuerza más votada.)

¡Y pa´casa! Que ya hemos cumplido... y solo nos queda esperar a que pasen unos años para repetir proceso borreguil y funesta consecuencia. A mirar los informativos, donde se nos bombardeará con datos de participación que siempre resultarán altísimos y topicazos como que “no se han registrado incidentes” o que “ha triunfado la democracia”... Pero ¿qué esperaban? ¿Qué nos matásemos a la entrada del colegio electoral? y... ¿si triunfa la democracia... resulto, por ende, triunfante yo también...?

Los griegos, primeros demócratas de la historia y personajes inteligentes – pues se las arreglaron para sobrevivir a las infernales tensiones internas que soportaron, resistieron a los persas y solo sucumbieron ante Roma, a la que luego conquistaron con su arte – manejaban el sistema de forma ciertamente diferente a la nuestra; Para empezar, solamente podían votar aquellos varones adultos que hubieran completado su entrenamiento militar. Tranquilos... no haré ningún chiste fácil acerca de la idoneidad de dejar a la mujer fuera del proceso electoral pero, si unimos a esto que, al contrario, quedaban inhabilitados para el sufragio los traidores, los maleantes, los condenados por mantener deudas contra el Estado o contra otros ciudadanos... caeremos en la cuenta de que era necesario, al menos, estar al día como ciudadano libre. No quiero ni pensar, lo despoblados que se iban a quedar algunos colegios electorales en caso de aplicar aquí algo, siquiera parecido.

Por otro lado, los atenienses debían de disfrutar con la democracia porque entendían las votaciones como una auténtica fiesta y el porcentaje de participación en el proceso era altísimo, resultando la abstención una rareza y el voto nulo, una quimera. Además, entendían el asunto como de tal importancia, que el iniciador del proceso era conocido como el Ho boulodemos, esto es, “cualquier persona que lo deseé”... con lo que, en principio, cualquier interesado, ayudado por unos cientos de jueces, administrativos y funcionarios, podía poner el marcha el sistema a discreción... Y se tenía tal respeto por esta función, que su comportamiento era infiscalizable y su responsabilidad ante el pueblo, nula de pleno Derecho. Los que si la tenían, contrariamente a lo que hoy sucede, eran los cargos elegidos en esos procesos electorales. Cuando un ateniense asumía un cargo, inmediatamente era considerado como un sirviente de la ciudadanía, tenía la obligación de rendir cuentas por cualquier decisión y podía ser castigado muy duramente si era condenado por nepotismo, corrupción o incluso incapacidad... con lo que ejercer un cargo público podía, en ocasiones... revelarse como muy peligroso.

Tan enamorados estaban de su invento que le hicieron el mejor favor posible... mejorarlo; Convencidos de que no era ni mucho menos perfecto y de que las elecciones favorecían a los más ricos y elocuentes, determinados porcentajes de cargos estaban reservados a aquellos que eran elegidos mediante sorteo. Este sistema se entendió necesario para prevenir corruptelas y para garantizar a todos los ciudadanos ciertas posibilidades de ser elegidos. Además, era necesario tener más de treinta años de edad para resultar elegible (para algunos cargos eran necesarios cuarenta) y al finalizar el mandato, el susodicho debía superar una reválida conocida como "euthunai" o escrutinio, que revisaba su actuación y le declaraba limpio de polvo y paja.

En el otro lado, un centenar largo de cargos debían ser elegidos por votación, todos ellos con un alto componente económico o militar. ¿Por qué?... pues porque, primero, se entendía que en el caso de los que iban a meter la mano en la caja, si éstos disponían de gran patrimonio, era posible recuperar el resultado de futuros desfalcos y, en el caso de los segundos, ciertamente para ocupar el puesto de "Stratego" o líder militar, había que acreditar fuertes conocimientos militares además de contactos en todas las poblaciones a las que luego podría ser necesario recurrir, en el caso de que los persas se pusieran más pesados de lo normal.

Aparte de la asamblea o "Ekkesia", donde residían los poderes legislativos y algunos de los ejecutivos, el Consejo de los Quinientos o "Boulé" se ocupaba de tareas como la recepción de los embajadores extranjeros, fiscalizar la actuación de determinados cargos públicos o custodiar las llaves de las arcas que conformaban el tesoro... Se consideraba tan importante que no se podía repetir el cargo y rotaba con tanta celeridad, que se calcula que la cuarta parte de los varones libres de Atenas ocuparon una de sus sillas en algún momento. La tercera pata del invento eran los Tribunales o "Dikasteria", para los que era necesario acreditar la edad más alta entre todos los funcionarios, ya que los griegos asociaban edad con sabiduría. Sin embargo, curiosamente, fue el instrumento de poder que peor funcionó ya que, al no haber juez, al no poder durar los juicios más de un día y al ser inmunes sus miembros a cualquier tipo de castigo... se vivían con cierta asiduidad todo tipo de excesos o castigos, que solo fueron mitigados en parte con la posibilidad de anular el juicio en caso de demostrarse la doblez de los testigos.

En resumen, qué diferente y que semejante forma de entender lo mismo... El deseo de autogobernarse con justicia y una cierta equidad desemboca en la invención de un sistema que, honestamente, creo que no hemos sido capaces de mejorar demasiado. ¿Limitaciones nuestras o de la propia democracia? Quien sabe... En cualquier caso, me quedo con el texto que se leyó durante los funerales de Pericles, uno de los hombres que más amó la democracia y que más la utilizó...

"Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de unos pocos, sino de la mayoría, es Democracia. A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en los conflictos privados, mientras que para los honores, si se hace distinción en algún campo, no es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición."

¿Es así?

18 comentarios:

daalla dijo...

Muchos de esos males evidentes de la democracia se solucionarían si todos "se metieran en política" de alguna manera, participando no sólo en partidos políticos sino en asociaciones de todo tipo, formando su propio criterio y conociendo los entresijos de gobierno de todas las instituciones, grandes y pequeñas.
Pero claro, eso no lo fomenta nadie y resulta incómodo y aburrido. Lo más cómodo es lo que apuntas, votar cada cuatro años y muchas veces, ni eso. La conciencia de que van a engañarte y a a robarte está muy extendida.

daalla dijo...

Por cierto, se me olvidaba. ¿Para cuándo la solución al enigma anterior? Nos tienes en ascuas.

Turulato dijo...

Muy suave. Añadiré varios puntos:
-¿Por qué todas las decisiones de los partidos no son adoptadas mediante voto secreto, o sea libre -dentro de lo posible-.
-¿Por qué no se fiscaliza, mediante examen público ante las Cortes, a todos los cargos públicos importantes?.
-¿Por qué no se establece la obligatoriedad de que para los cargos públicos de nivel igual o menor a director general no puedan ser designados políticos, sino solo funcionarios de carrera?
-¿Por qué no se suprime la libre designación y se establece la obligatoriedad del concurso y de la oposición, según el nivel?.
-¿Por qué no se les mete mano a los funcionarios y se les exige el logro de ciertas especialidades y superación de pruebas, "nunca controladas por ellos o sindicato alguno", de forma constante a lo largo de su vida profesional y se despide a quien no consiga lo anterior.
-¿Por qué no se tipifica como delito y se castiga con extrema dureza, el recurso de cualquier organismo público a asesorías o consultorías externas, sea cual sea el supuesto -si no saben, que se preparen-?.
-¿Por qué cuando un familiar de un político intenta obtener cualquier plaza al servicio de la Administración o de sus organismos o empresas, no se le obliga a que su examen sea público y oral?.
Y MENOS ROLLOS PATATEROS SOBRE MIERDAS DE IGUALDADES

Edem dijo...

Además, tenia un par de curiosidades mas:

1º- Los politicos en el parlamento, o asambleas, tenian una clepsidra de agua (un reloj de agua), para decir lo que quisieran. Eso si, no se les concedia mas tiempo, fuera el arconte o fuera el tirano de turno. Algo que, agilizaba la democracia y la toma de decisiones, y que hoy en dia seria perfecto. En lugar de dias, semanas o meses de debatir, horas como mucho.

2º- Si el politico "metia mano" en la caja, su patrimonio era el que lo pagaba. Por supuesto, para esos cargos se elegian ciudadanos ricos, para poder sacarles "los obolos" si se corrompian.

3º- Un ciudadano de la epoca tenia que haber sido militar en cierto momento de su vida. Esto era tan cierto, que para designar un politico que abandonaba la politica, se decia que "habia colgado el escudo". Y efectivamente, lo colgaba en la puerta de su casa.

4º- Las leyes eran para todos, y se cumplian a rajatabla. Solo en casos muy, pero que muy excepcionales esto dejaba de cumplirse. Por ejemplo, en epoca de Pericles, solo eran ciudadanos de pleno derecho los nacidos de los dos padres ciudadanos. Y a los hijos de Pericles, nacidos de una no ciudadana, les negaron la ciudadania. Solo cuando Pericles perdió en una epidemia a sus descendientes ciudadanos, en honor a su carrera y a su bien hacer, la asamblea les permitió serlo.

severino el sordo dijo...

La mayoria de ciudadanos que se mate en politica lo hacen para servir a la sociedad,solo hay que leer la prensa todas las mañanas para ver si es cierto.
El salir elegido democraticamente otorga poder y de todos es sabido lo que obra el poder en las personas.
De todas formas aqui creo que se vota para que no gobierne el contrario,no para el que sea elegido nos gobierne mas sabiamente,mientras no seamos capaces de entender esto la democracia servira de muy poco,si acaso para tenernos entretenidos otros cuatro años.

Webmaster dijo...

Daalla, aplaudo tu voluntad pero dudo que el común de los mortales acepte tu sugerencia. Habría que informarse, leer, desprenderse de prejuicios, analizar... uf... yo mismo me consumo solo de pensarlo, pero sí, deberíamos intervenir y no ser meros espectadores.

Turulato, he querido ser suave a propósito. Habría medio centenar de medidas no ya favorables, sino que me resultan claramente imprescindibles; pero claro, no interesa. Estoy empezando a pensar que el cortijo es España entera... Pero me apunto, sobre todo, a un verdadero tribunal de cuentas independiente.

Edem, buenos apuntes. Grecia no es mi especialidad y lo poco que sé lo retuve de un antiguo libro de mi padre.

Severino, así es en parte; solo hay que echar mano de una escuesta de 1999 (creo) donde se mostraba que el 71% de españoles manifestaba, sin rubor alguno, que estaba dispuesto a seguir votando a su partido por muy mal que lo hiciera.

Nuareg dijo...

hilo de las verdades que has expresado dan elocuentemente en tu blog, quería incidir en el tema del "servicio al ciudadano", que habría que realmente implantar entre nuestros políticos, así como una racional y responsable utilización del dinero público, empleándolo en lo que realmente quiere el ciudadano.
Sería deseable que las cuentas pública estuvieran verdaderamente accesibles a la gente de la calle, que pudiera comprender que se hace con su dinero.
Aunque sólo sea etimológicamente, los ingleses nos ganan en cuanto a la comprensión del concepto de "servidor público", ya que los funcionarios se llaman "civil servants".
Ese sería un principio, y el siguiente reducir su número.

Gracias por tu clarividencia, Webmaster.

Penélope dijo...

Parece un buen sistema el de nuestros amigos griegos, al menos, todo lo bueno que puede ser un sistema que integra a tantas personas (recuerdas? 3 es mltitud...). La dificultad de la democracia está intrínseca en la diversidad humana. Ni aún eligiendo a nuestro heroe particular, elegido y soñado por nosotros, estaríamos siempre de acuerdo con él. Yo creo que si, tras un periodo de reflexión verdadera (cosa que la mayoría de los españoles no hacemos)y tras un conocimiento profudo de la política que promulga nuestro candidato elegido (vamos, que tampoco), terminaramos por elegirlo, habría que permitir un margen de actuación que, en ocasiones, estaría en desacuerdo con nuestras expectativas. Es decir: hay que dar al líder como pueblo, el poder de que el lider sea tal. En eso consiste el poder el pueblo. En que es él el que otora el poder.
Yo lo comparo a cómo un padre sabe llevar por el buen camino a sus hijos aunque a veces estos estén rabiosos con sus decisiones.

(Es una concepción paternalista de la democracia?? Tal vez)

Por eso, y porque nos suele costar aceptar decisiones que no entendemos o que no podemos apreciar en sus futuras consecuencias, por lo que nunca estaremos contentos y satisfechos con ningún candidato elegido aunque haya sido elegido por nosotros.

Claro, que para eso, como comentais arriba nuestro compromiso social y político debería ser mayor del que es, y, como tú señalas, la prepración de los políticos, mucho más exquisita.

Me ha encantado tu post.
La política, desgraciada o afortunadamente, no me gusta ni me interesa. Pero de lo que tu hablas es de la filosofía política.
Todo muy griego.

Un saludo.

Turulato dijo...

Creo que todo lo que nos regule tiene que tener la capacidad de resolver en unos plazos tan breves como requiera la eficiencia, no la eficacia.

Es cierto que el plazo de resolución no puede acortarse más allá del necesario para establecer la inexcusable equidad -Justicia del caso concreto- de la resolución.

De modo que chocan aquellos plazos con estas necesidades. ¿Qué hacer?. Quizá la solución sea que a los Tribunales llegue lo verdaderamente litigioso y no un tsunami, cual en servicio de urgencias de la Seguridad Social.

El régimen político anterior no era democrático, pero eso no quiere decir que parte de sus organismos y normas administrativos no fuesen buenas. Y algo que funcionaba era la Intervención del Estado, bajo el siguiente esquema...

*El interventor, economista o jurista que había aprobado la pertinente oposición, no dependía de la estructura orgánica a controlar.
*Bien fuese un dinero que llegaba desde fuera de ella a la Administración, o desde esta al exterior, requería que el interventor estableciese de antemano la existencia de un capítulo y aplicación presupuestarios públicos creados en consonancia con el fin del ingreso o pago, de modo que estos se ajustasen a la legalidad (es decir, que para pagar una obra pública tenía antes que existir un documento presupuestario en ese organismo, legalmente establecido, dedicado a pagar obras públicas; y para abonar una sanción administraiva, otro dedicado a tal fin y con los mismos requisitos).
*Una vez que el interventor comprobaba que existía un "lugar" legalmente previsto donde abonar o desde donde pagar lo público, estudiaba si había "perras" suficientes en el mismo para cubrir el importe de lo que se quería pagar; si era así, descontaba de la partida dicha cantidad, la bloqueaba y autorizaba con su firma el movimiento. Y si era un ingreso, se responsabilizaba de la legalidad del pago a la Hacienda Pública.

Y sin lo anterior, ¡naranjas de la china!. Es un buen sistema. ¿A qué llegar a juzgar lo hecho, si tenemos posibilidades de prevenir?.

Cesé en el Servicio en 1998. La acción interventora había sido "legalmente adecuada" a la utilidad política desde los '80, con gran entusiasmo de nuestros dirigentes democráticos.

j p dijo...

Interesante entrada.
Como ha dicho daalla muchos de los males de nuestro sistema vienen de la no participación ciudadana más que una vez cada cuatro años.
No comprendo yo tampoco eso de las listas cerradas ni lo de la disciplina de partido, que puede obligar a alguien a votar en contra de sus ideas.
Tampoco que al cabo de cuatro años si alguien lo hace mal, rematadamente mal (aunque, eso sí, sin haberse demostrado que se ha quedado con algo), lo único que le pueda pasar es que se vaya a casa y siga cobrando una pensión vitalicia del Estado.
Y menos comprendo que muchos voten según unas preferencias y asignaciones como si se tratara de los colores de un equipo de fútbol u otro. Habría que pararse a pensar, estudiar los programas de cada uno, repasar hechos y promesas anteriores y votar en consecuencia. Pero no por afición.
saludos

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

solo un apunte, las votaciones en la antigua Atenas se realizaban en la asamblea, y uno de los motivos de que la participación fuese tan alta era que se cobraba por asistir. Esto se hizo así para facilitar a quienes menos recursos tuvieran su participación, ya que dicha asistencia suponía dejar de lado ese día las actividades habituales...

Webmaster dijo...

Agradezco el comentario Jose Luis; desconocía tu apunte.

Saludos

verracus dijo...

Es lo que se suele conocer como "dictadura de la mayoría".
Un saludo.

Acuarius dijo...

LuZ

caprini dijo...

Pschgñé, ni sí ni no.

Menos hablar y más espabilar.

http://nordicthunder.blogia.com/2008/100301--eran-los-romanos-rubios-y-de-ojos-azules-.php

Rica info sobre Roma. Debates curiosos. Sucacas resentidos. ¿Qué más se puede pedir joder?

amigoplantas dijo...

¿Qué duda cabe?, ¿no?

unjubilado dijo...

Son tantos los comentarios que te han dejado que entre todos casi he aclarado mis dudas, aunque puedo añadir alguna anécdota:
En Atenas se llamaba Boulé al Consejo del Areópago, hasta que Solón creó el Consejo de los Cuatrocientos. Clístenes amplió el número de bouleutas hasta 500, y recibían una paga de cinco óbolos.
Dikasteria o democracia ateniense: Solón (594 a.C.), Clístenes (509 a.C.) y Efialtes de Atenas (462 a.C.) contribuyeron al desarrollo de la democracia ateniense. Los historiadores discrepan sobre cuál de ellos fue responsable de la creación de cada una de las instituciones, y cuáles de ellas representaron más fielmente un movimiento verdaderamente democrático.
Me está viniendo a la mente al ex director de la Guardia Civil Luis Roldán Ibáñez, pero ya me he extralimitado con el comentario.
Saludos

Roberto Miguel García Aguirre dijo...

El problema con la democracia de Athenas fue el mismo que con la democracia moderna: el imperialismo. Suena muy bonito lo de democracia, pero a nadie le gusta que le impongan una forma de gobierno, y encima le roben sus recursos económicos.
Mientras la democracia siga ligada al imperialismo, no funciona.