lunes 13 de abril de 2009

El ahora es el principio del final...

... y este caso no es una excepción. Todo lo que realmente merece la pena en esta vida reune dos condicionantes... es difícil de conseguir... y no es para siempre. Los acontecimientos, las necesidades, las circunstancias... en definitiva, el momento vital de cada uno, determina el cómo y el cuándo. Y a partir de ahí... la honestidad manda...

La honestidad de saber que las ideas flaquean y que las fuerzas escasean, la honestidad de asumir que cada vez es más difícil cumplir las expectativas más importantes y que quizás nos hemos equivocado al elegirlas y al ponderarlas; la certeza de percibir que la frescura se pierde - quien sabe si momentáneamente - y que se ha transformado en vértigo y el convencimiento de que, como diría Napoleón, "Quien abarca todo acaba no abarcando nada..."

En este preciso momento, me retiro... retirada que debe entenderse, si no como victoria, si como un éxito por cuanto sirve de punto de partida para nuevos desafíos, relacionados pero diferentes, que deberían servir para que volvamos a coincidir en breve, seguramente en las librerías y con total certeza en la red. De ambas empresas informaré en este sitio, en el momento en que la luz las ilumine por completo y os invitaré a disfrutarlas, por supuesto, como no podía ser de otro modo.

Solo queda agradecer a todos, no ya los comentarios y salutaciones, sino la absoluta deferencia en pasar por aquí y sacrificar unos minutos de cada día en leer conmigo sobre aquellos acontecimientos que motivaron que el hoy sea precisamente el nuestro y no otro, regalándome lo más valioso que tenemos por cuanto es lo único que no se recupera... el tiempo. Espero pagaros con el mío y ofreceros algo ilusionante en en futuro cercano para seguir ejerciendo de seres humanos... leyendo... preguntándonos... y compartiendo...

"El mar dará a cada hombre una nueva esperanza..." Cristobal Colón

viernes 6 de marzo de 2009

La perversión de la democracia

Complicado este mundo nuestro... Y, en ocasiones, difícil de entender.

La democracia es un sistema perverso en sí mismo; Garantiza, al menos se supone que lo hace, la elección como líder de la persona más respaldada por una asamblea de ciudadanos, en principio, libres. En este momento se suele presuponer que al ejercer de tales, esos mismos hombres libres serán capaces de hacer recaer su elección es el candidato más adecuado... lo cual no deja de ser una absoluta gilipollez. Ésta pequeña tara del sistema acarrea la posibilidad de una consecuencia terrible e inevitable... Qué esa elección puede recaer en cualquiera, puesto que solo hay una cosa más manipulable que un ser humano... y ésta es un grupo de seres humanos.

Al hilo de todo esto, no deja de sorprenderme que, en ésta loca carrera en la que la sociedad anda metida por certificar que tenemos tal o cual título o habilidad, el proceso democrático haya conseguido mantenerse al margen. Estamos tan confiados del invento que exigimos que para desempeñar con corrección el trabajo de barrendero u ordenanza – con todos mis respetos a ambas categorías profesionales – haya que justificar cierta preparación académica, ausencia de taras psicológicas, buena conducta y superar, en el mejor de los casos, un par de procesos de concurso oposición. En cambio, ni exigimos la misma preparación al que mete el voto en la urna ni, claro está, al candidato que al final acaba alzándose con el triunfo, con lo que éste puede revelarse como manifiestamente indeseable para el cargo o incluso, como un completo zote. Y nos da igual... y lo damos por bueno...

Porque lo hemos elegido nosotros.... (mentira ya que el candidato lo ha elegido su partido...)

Porque lo hemos elegido libremente... (es un decir ya que no hemos intervenido en la confección de las listas ni podemos, salvo en algún caso, modificar ni la presencia ni el orden de los candidatos...)

Porque lo ha elegido la mayoría... (en ocasiones, pero no siempre... ya que en algunos procesos electorales si sumanos la abstención al voto nulo, esta agregación resultaría la fuerza más votada.)

¡Y pa´casa! Que ya hemos cumplido... y solo nos queda esperar a que pasen unos años para repetir proceso borreguil y funesta consecuencia. A mirar los informativos, donde se nos bombardeará con datos de participación que siempre resultarán altísimos y topicazos como que “no se han registrado incidentes” o que “ha triunfado la democracia”... Pero ¿qué esperaban? ¿Qué nos matásemos a la entrada del colegio electoral? y... ¿si triunfa la democracia... resulto, por ende, triunfante yo también...?

Los griegos, primeros demócratas de la historia y personajes inteligentes – pues se las arreglaron para sobrevivir a las infernales tensiones internas que soportaron, resistieron a los persas y solo sucumbieron ante Roma, a la que luego conquistaron con su arte – manejaban el sistema de forma ciertamente diferente a la nuestra; Para empezar, solamente podían votar aquellos varones adultos que hubieran completado su entrenamiento militar. Tranquilos... no haré ningún chiste fácil acerca de la idoneidad de dejar a la mujer fuera del proceso electoral pero, si unimos a esto que, al contrario, quedaban inhabilitados para el sufragio los traidores, los maleantes, los condenados por mantener deudas contra el Estado o contra otros ciudadanos... caeremos en la cuenta de que era necesario, al menos, estar al día como ciudadano libre. No quiero ni pensar, lo despoblados que se iban a quedar algunos colegios electorales en caso de aplicar aquí algo, siquiera parecido.

Por otro lado, los atenienses debían de disfrutar con la democracia porque entendían las votaciones como una auténtica fiesta y el porcentaje de participación en el proceso era altísimo, resultando la abstención una rareza y el voto nulo, una quimera. Además, entendían el asunto como de tal importancia, que el iniciador del proceso era conocido como el Ho boulodemos, esto es, “cualquier persona que lo deseé”... con lo que, en principio, cualquier interesado, ayudado por unos cientos de jueces, administrativos y funcionarios, podía poner el marcha el sistema a discreción... Y se tenía tal respeto por esta función, que su comportamiento era infiscalizable y su responsabilidad ante el pueblo, nula de pleno Derecho. Los que si la tenían, contrariamente a lo que hoy sucede, eran los cargos elegidos en esos procesos electorales. Cuando un ateniense asumía un cargo, inmediatamente era considerado como un sirviente de la ciudadanía, tenía la obligación de rendir cuentas por cualquier decisión y podía ser castigado muy duramente si era condenado por nepotismo, corrupción o incluso incapacidad... con lo que ejercer un cargo público podía, en ocasiones... revelarse como muy peligroso.

Tan enamorados estaban de su invento que le hicieron el mejor favor posible... mejorarlo; Convencidos de que no era ni mucho menos perfecto y de que las elecciones favorecían a los más ricos y elocuentes, determinados porcentajes de cargos estaban reservados a aquellos que eran elegidos mediante sorteo. Este sistema se entendió necesario para prevenir corruptelas y para garantizar a todos los ciudadanos ciertas posibilidades de ser elegidos. Además, era necesario tener más de treinta años de edad para resultar elegible (para algunos cargos eran necesarios cuarenta) y al finalizar el mandato, el susodicho debía superar una reválida conocida como "euthunai" o escrutinio, que revisaba su actuación y le declaraba limpio de polvo y paja.

En el otro lado, un centenar largo de cargos debían ser elegidos por votación, todos ellos con un alto componente económico o militar. ¿Por qué?... pues porque, primero, se entendía que en el caso de los que iban a meter la mano en la caja, si éstos disponían de gran patrimonio, era posible recuperar el resultado de futuros desfalcos y, en el caso de los segundos, ciertamente para ocupar el puesto de "Stratego" o líder militar, había que acreditar fuertes conocimientos militares además de contactos en todas las poblaciones a las que luego podría ser necesario recurrir, en el caso de que los persas se pusieran más pesados de lo normal.

Aparte de la asamblea o "Ekkesia", donde residían los poderes legislativos y algunos de los ejecutivos, el Consejo de los Quinientos o "Boulé" se ocupaba de tareas como la recepción de los embajadores extranjeros, fiscalizar la actuación de determinados cargos públicos o custodiar las llaves de las arcas que conformaban el tesoro... Se consideraba tan importante que no se podía repetir el cargo y rotaba con tanta celeridad, que se calcula que la cuarta parte de los varones libres de Atenas ocuparon una de sus sillas en algún momento. La tercera pata del invento eran los Tribunales o "Dikasteria", para los que era necesario acreditar la edad más alta entre todos los funcionarios, ya que los griegos asociaban edad con sabiduría. Sin embargo, curiosamente, fue el instrumento de poder que peor funcionó ya que, al no haber juez, al no poder durar los juicios más de un día y al ser inmunes sus miembros a cualquier tipo de castigo... se vivían con cierta asiduidad todo tipo de excesos o castigos, que solo fueron mitigados en parte con la posibilidad de anular el juicio en caso de demostrarse la doblez de los testigos.

En resumen, qué diferente y que semejante forma de entender lo mismo... El deseo de autogobernarse con justicia y una cierta equidad desemboca en la invención de un sistema que, honestamente, creo que no hemos sido capaces de mejorar demasiado. ¿Limitaciones nuestras o de la propia democracia? Quien sabe... En cualquier caso, me quedo con el texto que se leyó durante los funerales de Pericles, uno de los hombres que más amó la democracia y que más la utilizó...

"Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de unos pocos, sino de la mayoría, es Democracia. A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en los conflictos privados, mientras que para los honores, si se hace distinción en algún campo, no es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición."

¿Es así?

martes 3 de marzo de 2009

La crisis económica en el Imperio Romano

Se lo que significa consolarse con el “mal de muchos” pero... ¿qué queréis?... la periodicidad y repetición de ciertos acontecimientos históricos le dan a uno la seguridad de que, al menos otros caían en los mismos errores que un servidor y, además, que de todo se acaba saliendo... y que no hay mal que cien años dure.

El imperio romano, allá por el siglo II después de Cristo era, al parecer, una máquina de generar prosperidad perfectamente engrasada; con las fronteras más o menos estables, sin demasiadas guerras de importancia, con un florecimiento importante del comercio y con los emperadores muriendo de viejos y no atravesados precisamente por objetos punzantes, daba la impresión de que se había alcanzado un estado de felicidad generalizada. Sin embargo, la Teoría del caos, la de Gaia y alguna más, vienen a decir que dicha sensación nunca presagia nada bueno, confirmándose los peores temores un siglo más tarde, en el III d.C.... y con intereses.

A partir de comienzo del tercer siglo, los emperadores “fuertes” fueron sustituidos, por pura casualidad, por un nutrido grupo de nulidades – con algunas excepciones – cuya única preocupación al levantarse por la mañana era asegurarse de que al rival, real o imaginario, no le diera por intentar apoderarse de la poltrona. Esta desconfianza generaba todo tipo de eventos militares, desde expediciones punitivas a guerras interminables, cuyas consecuencias afectaban de manera principal a los propios habitantes del Imperio. Por el mismo carácter “civil” de estos enfrentamientos, apenas se generaban esclavos con lo que la pieza fundamental de la economía romana, el latifundio esclavista, se empezó a tambalear por una endémica falta de mano de obra... Aquí habría que añadir que el ascenso del cristianismo, que como idea puede estar bastante bien, le hizo un flaco favor a la Roma Imperial ya que, con sus manías de que todos los hombres somos iguales – que más quisiéramos... – la figura del esclavo empezó a ser cuestionada en sí misma... Por tanto, primera causa del apagón... la crisis del modelo esclavista romano.

Muy relacionado con lo anterior, encontramos otro cambio que también hará tambalearse el modelo productivo de los primeros italianos... veréis... A los legionarios romanos, al licenciarse después de la pila de años de servicio cotizados, se les otorgaba como regalo último un pedazo de tierra cultivable o una cantidad en dinero, en la mayoría de los casos a elegir entre una u otra. El afortunado poseedor de la tierra empleaba mano de obra gratuita para su aprovechamiento, generándose así, a lo tonto, excedentes de productos agrícolas que acaban sujetando los precios como indica el abc de cualquier teoría económica... “a gran cantidad de oferta, los precios tienden a bajar” Pero, a medida que al estado se le fue acabando la tierra cultivable de cierta calidad, empezó a otorgar títulos de propiedad de tierras pantanosas, áridas o totalmente inhábiles para plantar nada que no fuera una señal de trafico con lo que primero, los legionarios dijeron “nones” y segundo, empezaron a reclamar su pensión en metálico... ¿Resultado? Pues menor abastecimiento de productos básicos, menor oferta y, por ende, la palabra maldita de la economía moderna... la Inflación... segunda causa.

Ya tenemos menos tierra trabajada y productos más caros; para completar el triángulo de las bermudas de la economía nos hace falta una tercera pata, derivada de las anteriores. La subida de los precios de productos básicos que aconteció, acabo motivando que al poco, hubiera que ir a comprar el pan con una carretilla llena de monedas; para paliarlo, a alguna mente preclara se le ocurrió emitir numerario con menor cantidad de metal con lo que lo único que había sujetado algo la inflación, esto es, la falta de liquidez en el mercado, se diluyó al instante. Pero a ese “licenciado” se le olvidó que los impuestos del estado estaban medidos en la misma cantidad de monedas con lo que los ingresos se redujeron hasta un punto casi cómico y, para cuando se actualizaron los importes a hacer efectivos en el primitivo IRPF, nadie tenía un condenado duro, todo el metálico estaba en manos de cuatro especuladores y las minas – como las españolas de Las Médulas – eran incapaces de aportar metal precioso con la suficiente rapidez y algunas estaban agotadas. Aquí tenemos la tercera causa, casi consecuencia, de la crisis: la devaluación de la moneda.

Como todo lo que va mal puede ir aún peor, al los economistas romanos la tostada se les cayó por el lado de la mantequilla; Visto que pedir dinero a la gente era solicitarle peras al olmo, se fomentó la vuelta a un primitivo sistema de trueque e incluso el estado empezó a cobrar sus impuestos en especie, fundamentalmente en grano. Pero conviene recordar que la explosión demográfica romana y la falta de mano de obra esclava habían degenerado en una tremenda restricción de la oferta cerealista... restricción que fue a peor ya que los pobres agricultores retenían las cantidades para pagar sus impuestos y apenas quedaban excedentes para los mercados de abastos... Al estado, de nuevo, el tiro le sale por la culata y empieza a recaudar aún menos... tiene menos ingresos. Además, visto que ser agricultor no compensa ni de lejos, una legión, en este caso de desheredados y descontentos de la azada, inunda las ciudades dispuesta a buscarse la vida trabajando de lo que sea... trabajos que antes realizaban los esclavos... y que muy pocos pueden pagar... apareciendo la palabra con la que más sueña ZP últimamente... Paro.



Y ahora os digo... ¿Cómo se solucionó semejante entuerto?

Encuesta "¿Cúal de las siguientes reliquias tiene alguna posibilidad de relevarse cierta?"

Hola majetes, como diría Esperanza Aguirre

A la pregunta "¿Cuál de las siguientes reliquias tiene alguna posibilidad de relevarse cierta?" habéis dejado claro dos cosas: Primero, que dais por cancelada la posibilidad de que alguna de ellas resulte veraz y, segundo, que os da bastante igual si eso se produce en el futuro.

Podría preguntar si semejante resultado es bueno o malo pero ya me parece abusar... :-)

miércoles 25 de febrero de 2009

Negacionismo

Caricatura de David Irving, principal historiador negacionista

Yo pensaba que los curas negacionistas eran, básicamente, los profesores que un servidor tuvo de pequeño... A cualquier respuesta que a mí se me ocurría ante una de sus preguntas, de Sociales, Naturales o Matemáticas... ellos respondían maquinalmente... ¡No!... ¡No!...¡No!... Claro, todo ello se tradujo en un expediente bastante poco lucido y en una apabullante falta de confianza en uno mismo que no degeneró en un trauma juvenil de puro milagro. Menos mal que otras circunstancias vitales me hicieron reconsiderar mi propia imagen, recuperar la autoestima – a veces, demasiado alta... – y recordar todo aquello con una sonrisa en los labios.

Ahora, me entero sin embargo de que el negacionismo es toda una teoría histórico científica que viene a reinterpretar todo lo ocurrido en Europa entre los años 1941 y 1945 y que, como es sabido, desembocó en el genocidio de judíos, gitanos, eslavos y otros variados grupos étnicos o de pensamiento. El eje de semejante dislate lo conforman variadas afirmaciones quizá fruto de una mala borrachera, como la negación de que el régimen nacionalsocialista tuviera un plan predeterminado para exterminar a nadie, recalcular muy a la baja la cifra de fallecidos en los campos de exterminio o concentración o incluso cuestionar que herramientas de asesinato masivo como las cámaras de gas estuvieran siquiera inventadas en aquellos días... La mayoría de los negacionistas, además de justificar sus teorías como válidas, vinculan la idea del holocausto con la de una propaganda masiva inventada por los aliados y que, a la larga, ha venido requetebién a la conspiración sionista que al parecer domina nuestro planeta...

Pues bien, este asunto ha cogido más enjuague últimamente porque Richard Williamson, obispo británico para más señas, ha tenido que salir por piernas de Argentina al afirmar, al parecer sobrio, que no más de trescientos mil judíos murieron en Alemania y Polonia durante la Segunda Guerra Mundial y que Hitler, el pobre, apenas estaba al corriente de nada, tan ocupado como estaba atendiendo los mapas de operaciones que reflejaban que su proyecto de dominación mundial estaba empezando a hacer aguas... Con anterioridad a estas declaraciones, Williamson ya la montó en un programa sueco de televisión al afirmar que lo de las cámaras de gas era un camelo... obligando al Vaticano a excomulgarlo... para luego volver a expedirle el carné de cristiano aludiendo a la supuesta conveniencia de buscar el entendimiento entre todas las corrientes de la iglesia.

¡Cómo lo oís... !

Ni siquiera me detendré en la postura oficial de la iglesia sobre este tema; han pretendido vestir la mona en tantas ocaisones que no merece la pena. Además, en este asunto como en tantos otros, va con retraso y no refleja el sentir de la sociedad: mientras que la mayoría de los países incluso se han tomado la molestia de legislar para castigar conductas relacionadas con el negacionismo y cualquier expresión de odio, va el Vaticano y lo soluciona todo con tres avemarías... Sin embargo, si me apetece perder unos minutos para hacerme una pregunta...

¿Quién mentiría sobre algo así?

¿Qué ideología hay que tener atornillada a la mente, y al alma, para levantarse por la mañana y negar el sufrimiento de miles y miles y miles de personas?

¿Qué absurdos prejuicios deben poseerte para negar evidencias históricas, científicas, testimonios de víctimas, cartas, copias de órdenes de superiores hacía sus subordinados... y sobre todo, que cuajo hay que tener para negar esas miradas de los que estuvieron allí... que no se pueden comparar con nada?

¿Avanzamos? Y de ser así... ¿hacia dónde?

Para saber algo más sobre negacionismo, aquí.

martes 24 de febrero de 2009

Alcánzame esa copa


Parece que un historiador italiano ha llegado a la conclusióncada vez se utiliza con mayor ligereza esta palabra... – de que el cáliz que se guarda como oro en paño en la Catedral de Valencia, es el mismo con el que Jesús ejerció de Cándido junto a sus discípulos. En el fondo, nada nuevo bajo sol, pues periódicamente surgen noticias de esta guisa que afectan al mencionado cáliz, a la Sábana Santa, a la Lanza más santa aún y a una pléyade de falanges, metacarpios y muñones que mejor estarían enterrados. A mí, incrédulo por naturaleza y escéptico por convición, todo esto me es igual... Cómo mucho, me da cierta desazón ver a mujeres de sesenta y muchos años – lo siento, pero el relicario es mucho más aceptado por damas... – desollándose las rodillas ante una muestra de adn pero, mientras que el engaño no genere lucro... ¿Quién soy yo para decir a nadie ante quien o qué se puede o no rezar un padrenuestro?

Sin embargo, estoy mucho más interesado en la historia que rodea la noticia, por razones obvias; parece ser que Alfredo Barbagallo que, dicho sea de paso, no es la primera vez que asegura encontrar el origen irrefutable de algo, acaba de publicar un vasto estudio de más de quinientas páginas sobre el mencionado vaso. El estudioso lleva, como digo, la tira de años con la misma cantinela pero ahora asegura que dispone de pruebas "que lo convertirían en una realidad y en el mayor descubrimiento de la religión católica".

Naturalmente, no es tan sencillo; la reliquia se encontró en la tumba de San Lorenzo, en el Vaticano, un joven diácono al que le tocó el marrón de guardarla en un momento en el que en Roma no se podía uno ni asomar a una ventana si sabía dibujar un pez en la arena. Lorenzo la llevó a las lejanas montañas oscenses y de ahí, la copa empezó un peregrinar que abarcó iglesias, conventos e incluso capillas de reyes como Recaredo (primer monarca visigodo que abrazó la fe católica) o Alfonso el Magnánimo, para acabar finalmente en la Catedral Valenciana de donde no se ha movido desde 1437, salvo para esquivar los efectos de las Guerras Napoleónicas o la guerra entre nosotros mismos de 1936...

¿Qué es lo que hace especial a este cáliz? Pues, ni más ni menos, que es el único que ha resistido un examen científico como dios manda... La reliquia valenciana ha sido datada por especialistas alrededor del siglo I de nuestra era lo que, lógicamente, ha llenado de alegría a sus custodios y ha motivado que historiadores como Barbagallo den por hecho que estamos ante el Santo Grial. Partiendo de la base de que ni siquiera sabemos de verdad, que co... es el Santo grial – para algunos un objeto, para muchos una idea y para mí, casi un motivo de reflexión... – identificarlo con la pieza que nos ocupa es cuanto menos arriesgado, por no hablar de que no me explico como semejantes “evidencias” da para un estudio de medio millar de folios; no creo que el galileo tuviera especial gusto por hacer que su vajilla quedara perpetuada en el tiempo y tampoco creo que se molestara en grabarla con su nombre como hacen los enamorados con su regalo de bodas. Si me preocupa o, al menos, me resulta curioso, que nos cueste mucho menos quedarnos prendados de una pieza de loza que de la obra del presunto propietario... que me parece mucho más interesante.
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Para saber algo más del cáliz valenciano, aquí
Para valorar opiniones particulares sobre las reliquias del cristianismo, aquí o aquí

lunes 23 de febrero de 2009

El cazador cazado


Cuando en un país, aquel que ejerce la responsabilidad de gobierno la ejerce en su propia persona, es cuando realmente se puede hablar de sociedad avanzada. Y ante lo que hoy ha pasado no queda más remedio que congratularse. Entiéndaseme... no hablo ahora en términos partidistas, ni de derechas ni de izquierdas; hoy es un gran día porque alguien ha comprendido que tanto su persona como sus meninges no tienen la entidad necesaria para desempeñar el cargo de primer notario del reino – aunque, ciertamente, le ha costado... – y se va voluntariamente – es un decir... – para dejar que otro lidie con los problemas y entuertos varios a los que él no supo ofrecer la muleta. Lástima que nos quede en la retina la imagen del susodicho cazando ciervos, cuando realmente, los cuatro tiros que pegó es lo menos importante en este caso: Bermejo se va por múltiples razones, ninguna de ella cinegética. Bien por su decisión. Es lo natural y lo justo; e igual de justo es reconocer la labor de aquellos que en su propio partido, se lo han llevado a una esquina y le han dicho... “Mariano... mirátelo, que sería lo mejor para todos”. Tan solo me queda un pequeño resquemor, motivado por la influencia que la cercanía de dos convocatorias electorales pueda haber tenido en la resolución de este caso... pero hoy no me apetece demasiado ser malpensado.

Insisto... cada vez que esto ocurre, España avanza que es una barbaridad. A ver si los del lado contrario del hemiciclo no hacen excesiva leña del árbol caído, recomponen toda la ristra de pactos y acuerdos varios que preferían dejar en suspenso escudándose en la presencia bermejil y hacen por buscar la viga más que la paja... ya que en breve, los que estén dimitiendo pueden ir de azul marino. Y aquí me viene a la cabeza otro elemento, también Ministro de Justicia y forense a tiempo parcial, que eligió Turquia para dar su espectáculo particular... ¿Será capaz de estarse callado hoy?

Y a todo esto... Maleni... ¿Cómo lo ves?

domingo 22 de febrero de 2009

Guerra psicológica en Granada

Combate en Granada por Agnus McBride

Alguien dijo una vez que no es tan importante que yo pueda imponerme al adversario, como que él sea consciente de ello. Semejante regla se ha cumplido sin interrupción en nuestra conflictiva historia... y episodios sobran; uno de ellos, ocurrido durante el asedio a la musulmana ciudad de Granada, es especialmente curioso...

Una tarde, un ocioso pero aguerrido capitán cristiano, Hernán Pérez del Pulgar, tuvo noticia de que una de las puertas de Granada, por la que apenas podía pasar un hombre erguido, estaba sin vigilar. Fernando se encaminó hacia ella, ya de noche, acompañado de una docena larga de acólitos y, tras recorrer unas cuantas callejuelas, llegó a una mezquita; se acercó a la puerta y poniendo gran cuidado en no ser visto, clavó en la puerta de la misma un pergamino con la leyenda "Ave María". En ese momento gritó "¡Tomo posesión de este lugar en nombre de los Reyes de España y de la Santa Madre de Dios...!" y salió inmediatamente a la carrera, pues una horda de hijos de Alá se aprestaba a lanzarse tras ellos, echando espumarajos por la boca.

A los pocos días, con los Reyes observando la ciudad desde una empalizada y, sin duda, sintiéndola ya como suya, los presentes repararon en que un enorme jinete musulmán se acercaba, al trote, a las posiciones cristianas. El retador cabalgaba con cierta parsimonia y de su boca, aparte de un buen puñado de lindezas, salían constantes provocaciones hacia los valientes - según él, todo lo contrario... - responsables de la profanación de la mezquita. En ese momento se giró, y se pudo ver claramente como el de Alá había atado el mencionado pergamino a la base de la cola de su cabalgadura, de modo que la inscripción en honor a la Virgen quedaba, más o menos, justo enfrente del lugar por el que todo mamífero expulsa lo que le sobra...

Aquello fue demasiado; a pesar de que Fernando había prohibido los duelos singulares, un tal García de la Vega emergió de la trinchera, montó en su caballo y se distanció unos cientos de metros de su adversario, solo para chocar con él violentamente, segundos después. La fuerza del musulmán descabalgó al cristiano que era bastante más bajo que él, pero también debía de ser más ágil y rápido porque aún estando desmontado, logró igualar la contienda. Ambos guerreros rodaron por el suelo y el musulmán - un caudillo muy famoso entre los suyos que atendía al nombre de Tariq - intentó ensartar a García con su espada, sin éxito. El cristiano, abrazado a su enemigo como si fuera el más "sonado" de los boxeadores, maniobró rápido, sacó un pequeño puñal de su cinturón y lo introdujó por la abertura de la armadura del musulmán, hasta que alcanzó el corazón.

Tariq, con los ojos en blanco y sabiéndose muerto, empezó a recitar algo, quien sabe si una sura del Corán, más no le dio tiempo a acabarla; García agarró la espada que había estado a punto de matarle poco antes y decapitó limpiamente al muribundo... agarró por el pelo su cabeza y la exhibió ante los suyos, henchido de orgullo. Del lado español, un torrente de invocaciones marianas y de agradecimientos a Santiago y a Cristo resonó en el ambiente; del musulmán, se apoderó el silencio y salvo los centinelas, el resto de asediados se retiró, cabizbajo, cada vez más convencidos de que Dios les estaba abandonando.

Fernando, con poco gusto por semejantes costumbres medievales, frunció el ceño ante la desobediencia sufrida pero al ver a sus tropas como locas de alegría, recompensó al retador responsable del disgustazo musulmán; desde ese día, en el escudo de armas de la más vieja de las ramas de Garcías de la Vega de la heráldica española, figura un pergamino con la inscripción "Ave María".

Para saber más sobre los Reyes Católicos y su época, aquí

Para leer una historia sobre la Guerra de Granada, aquí

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