jueves, 5 de enero de 2006

Little Bighorn, 24 de Junio de 1876

Buena parte de los niños de mi generación, “la quinta de la Nocilla”, nos hemos desayunado la mañana del 6 de enero con una espléndida – para la época - caja de “clicks” de Famobil que incluía, a saber, seis aguerridos soldados del 7º de Caballería junto a su valeroso capitán. El “pero” era que, al parecer, ninguno de los tres reyes magos se había percatado que para disfrutar jugando con los “buenos” también hace falta que te compren los “malos” así que, cuando conseguías que te cayesen los indios, el fuerte y la diligencia, tenías quince años y habías pasado de jugar con los niños a intentar “jugar con las niñas”... y los “clicks”, en la basura. Otra cosa... ¿os habéis fijado en que la empresa juguetera jamás comercializó una figura representando al General Custer, el jefe del famoso regimiento de caballería? quizás sea una casualidad pero en cierto modo, mejor así....
George Armstrong Custer, “Pahusca” o “el de los cabellos largos” para los indios, se ganó su sangrienta reputación a partir de 1868, cuando fue enviado por el alto mando militar estadounidense a sojuzgar a los indios de las praderas que se negaban a concentrarse en las reservas que el gobierno había establecido para ellos. El porqué de la elección de este panoli es un asunto que se presta a numerosas conjeturas, pues la hoja de servicios del militar estaba más sucia que el palo de un gallinero. Custer se había graduado en la Academia militar estadounidense de West Point, y gracias a la guerra civil - en la cual se distinguió en la persecución del general confederado Robert E. Lee -, alcanzó el grado de general de brigada a la temprana edad de 23 años. A Custer, que desde jovencito había sido considerado “poco modesto” por sus hombres, se le subió completamente el éxito a la cabeza: Se dejó crecer su rubia cabellera hasta los hombros, empapeló literalmente con sus propios retratos las paredes de su despacho, se tomó semanas de vacaciones sin contar con los mandos... hasta que a su superior se les hincharon las narices, fue suspendido de empleo y sueldo por un año y destinado de fuerte en fuerte, al parecer porque en ninguno de ellos le aguantaban más de quince días.
Mientras tanto, los indios, principalmente los cheyenes y sioux, habían sido gradualmente empujados hacía el oeste a causa de la presión de los cazadores de búfalos pero sobre todo, a raíz de la presunta abundancia de yacimientos auríferos en un área montañosa de la zona, Las Colinas negras. El gobierno, ávido de dinero y muy presionado por una multitud de buscadores de oro, aventuremos y toda suerte de gente de la peor especie, decidió que esos indios debían ser obligados a someterse a pesar de tener firmados tratados de amistad con los Estados Unidos. Como no eran estúpidos, escogieron para tan indigna misión a alguien todavía más indigno, George Custer, que acababa de “cubrirse de gloria” una madrugá, asesinando a traición a centenares de cheyenes en las orillas del río Wichita.
Al principio, parecía que no iba a hacer falta recurrir a la fuerza. El departamento de Guerra promulgó un ultimátum, por el cual todos los indios que no estuvieran en sus reservas a fines de enero de 1876 serían trasladados a la fuerza. Toro Sentado, el jefe sioux, recibió la noticia sólo tres semanas antes de la fecha tope, y protestó, afirmando que su tribu no podía ni pensar en movilizar su campamento en pleno invierno... y el gobierno, en un golpe maestro de propaganda, presentó ante el país esta protesta como una negativa, momento en el que el General Sheridan descendió varios niveles en la escala evolutiva con su famosa frase ...“¡el único indio bueno es el indio muerto!”. El hombre blanco ya tenía una excusa, y Custer y sus hombres salieron de sus cuarteles.

En un primer momento el asunto pintó bien; destacamentos de soldados expulsaron de la zona a varias tribus de indios sin demasiados problemas pero, muy pronto, grupos dispersos de supervivientes se reunieron llenos de orgullo en un tranquilo paraje, Little Bighorn. Incluso aquellos que desde hacía tiempo se resignaban a una vida pacífica en las reservas desertaron de ellas a millares de modo que, a finales de junio, en el valle se congregaban más de 10.000 indios, más de la mitad de ellos guerreros. Mientras tanto, Custer, al mando de los 611 hombres del 7º de caballería, cabalgaba muy adelantado del conjunto de fuerzas de que disponía, con una autocomplacencia que lindaba con la locura... ¡incluso se entretenía escribiendo patéticas cartas que luego enviaba a todos los periódicos para irles adelantando los avances su “hazaña”!. Una noche, su explorador de confianza, un indio llamado “cuchillo sangriento”, curtido en mil batallas y que debía de tener la cabeza como un bombo, se lo llevó a un apartado y le dijo:
“General, no digas que no te lo advertí. ¡Espera a los otros!... Aunque cada uno de tus hombres no fallara un solo tiro, no tendrías balas suficientes en las cartucheras de tus soldados”
Por fin, el 24 de junio de 1876, George Custer decidió atacar en la fía de que la lejanía de sus compañeros – para él, rivales – magnificaría aún más la gloria de su logro. En el fondo ya daba igual porque Toro Sentado se había ocupado de anular cualquier posibilidad de recibir refuerzos al destrozar o poner en fuga a las fuerzas que venían por detrás: Custer ya era un diminuto islote en un mar en el que se iba a desatar una tempestad. Su primitivo plan, separar sus fuerzas y rodear el campamento indio, se había quedado en nada gracias a su estúpida negativa a confiar en los informes de sus exploradores. Con parte de sus fuerzas puestas fuera de combate casi desde el principio, ordenó a sus hombres correr hacia la colina más cercana y tomar posiciones defensivas pero cuando las tropas estaban a mitad de camino en su ascenso, Custer comprobó por primera vez que no era invencible. Allí, en la cima de ese promontorio, apareció Caballo Loco con 1.000 guerreros escogidos que, inmediatamente, cargaron colina abajo...

Los soldados intentaron desmontar y defenderse pero, en campo abierto, apenas gozaban de protección; incluso algunos dispararon a propósito a sus monturas para parapetarse tras sus cuerpos pero, en media hora, los orgullosos soldados del 7º de caballería quedaron reducidos a un puñado, con su patético general en medio de ellos. Custer, incapaz de valorar la situación, ordenó cargar, solo para que uno de sus sargentos le respondiera: “Señor... no queda ningún caballo vivo”

Custer fue uno de los últimos en morir. Su cuerpo, así como el de sus soldados, no fue mancillado y sus caballeras no fueron separadas del cuerpo, en un gesto de respeto por parte de sus adversarios indios. En Washington, el suceso fue calificado como una masacre salvaje, y se envió en pocos meses un cuerpo mucho más poderoso contra los indígenas, que se dispersaron rápidamente. En cuanto a las Colinas Negras, fueron ocupadas poco tiempo después.
Al final, la mayoría de las guerras son un puro problema de dinero.

PD: De la batalla solo se salvo un caballo que, paradójicamente, se llamaba Comanche...
Feliz noche de Reyes

22 comentarios:

nina dijo...

No he leido eltema de hoy, ¡hijo no das tiempo ni a mirarte al espejo! pareces unaa locomotora o yo una tortuga. Mañana cuando me levante, si
me da tiempo lo leeré y procuraré contestarte. Estoy levantada esperando a los Reyes,para ver que me traen. Un abrazo nina

Turulato dijo...

¡"Cuantismas" cosas para comentar!.
Parece ser que a G.A.C. -cada día soy más moderno- le ascendieron por error. Documentos que se traspapelan, firmas que nunca debieron estamparse, confusiones de nombres,...
Es posible que "Jorge" fuese en realidad un simple oficial, al que la suerte proyectó hacia la fama.., que convenía a un sistema como el yanqui, muy hábil en utilizar la propaganda y la desinformación.
Y no hay que irse tan lejos, puñeta. Yo lo he vivido en España. Mi compañero, íncrédulo, protestó; pedía que le devolviesen entre los suyos, la "p... cola" de la promoción.
Pero Madrid, BOE en ristre, impuso su superior criterio ministerial: ¿Qué os creéis, qué se puede deshacer una equivocación así como así?.
Y hasta hoy. El pobre pedía perdón por su ascenso no culpable.
Volviendo la "ricitos de oro" -desprecio a todo mando militar que ignora la vida de sus hombres-, era un ignorante total y una nulidad táctica.
¿Perseguir a Lee?; iría detrás de él para no perderse.. El general Lee -ex profesor de West Point- era un hombre brillantísimo y un militar dotadísimo. Luchó donde creyó que le obligaba a estar su deber; quizá.., no tanto su manera de pensar.
En cuanto al desarrollo táctico de la operación , o sea lo que ordenó -porque dudo que fuese capaz de concebir alguna idea-, lo más suave que puedo decir es que fué "una cagada".
Ní atendió a su seguridad, ní generó instrucciones de información, ní controló flancos o vanguardias, ní dispuso de orden de operaciones según factores del combate.
El tío debía creerse un turista..
Y "pa terminar de jodela" fracciona a su unidad.., que no era precisamente grande, pues equivalía a un batallón reduicido. ¡Divide y vencerás!.
Como fin de fiesta se mete en una zona compartimentada para que le rodeen a gusto.
Hay que ser mamón: ¡611 muertos!

Consumidor irritado dijo...

No esta mal como reglao de Reyes destrozar una leyenda de Hollywood, que desgraciadamente es la fuente de "sabiduria" de algunos.

Espero que los Reyes hayan sido generosos.

leodegundia dijo...

Lo más triste es la cantidad de gente que muere por estar bajo el mando de personas tan ineptas como el personaje de hoy y las cosas no quedan ahí, porque desgraciadamente, este tipo de incompetentes sigue existiendo y las muertes se siguen produciendo.
Un abrazo

Dianora dijo...

Yo lo que sé sobre este tema es lo que me han contado las películas que "de chica" veía con mi padre... Que por lo menos me servía para inventar "nuevas películas" cuando jugaba con mi hermano a indios y vaqueros. Los indios, a los que yo dirigía, ganaban de vez en cuando gracias a la "pataleta de la niña" que también quería ganar.
Imagino al general con una misma pataleta, sólo que esta vez le llevo a él y a su tropa "bajo tierra".
Besos

Caboblanco dijo...

Hola Amiguetes…

De Custer se podrían decir muchas cosas, y casi ninguna buena. Aparte de ser un militar bastante mediocre, y de comportarse aún peor, odiaba exacerbadamente a los indios, a los que concebía como un medio para ganar puestos rápidamente en el escalafón. El comportamiento de otros compañeros de armas había sido duro con los indígenas de las praderas, pero medianamente respetuoso con los no combatientes y concentrando las acciones militares en el escenario de operaciones. Pero Custer y un sector duro del gobierno estadounidense se encontraron mutuamente, y cada uno se sirvió del otro.

En cuanto al combate del 24, Turulato ya ha comentado que fue un “desfase”. Tan solo un par de datos adicionales: los hombres del 7º de caballería llegaron a Little Bighorn después de una terrible marcha de 98 kilómetros en 2 días, y su jefe les hizo entrar en acción sin darles tiempo ni a descansar ni a beber. Por otro lado, de los 2000 indios sioux que participaron en el ataque, al menos unos 500 llevaban rifles de repetición tipo Winchester que conseguían a través de contrabandistas y algaradas en territorio “blanco”; Los hombres del 7º aún llevaban carabinas antiguas con mucha menor cadencia de tiro. Al parecer, estaban pendientes de sustituirlas pero los fondos se perdieron por el camino…

Además los indios estaban más motivados: no luchaban para cumplir órdenes ni por dinero, sino por sus vidas.

Abrazos

Turulato dijo...

Después de leer el final del comentario de nuestro anfitrión, no puedo eludir unas palabras..
-"Además los indios estaban más motivados: no luchaban para cumplir órdenes ni por dinero, sino por sus vidas"-.
Para los españoles.., pues dejémonos de zarandajas y no achaquemos la culpa a los políticos.. Sí ocurre lo que ocurre en Educación, en la lucha antiterrorista, en la estructura constitucional del Estado, en Justicia y en otras áreas, es porque miles de nosotros apoyamos que sea así, tanto con nuestros votos como con nuestra opinión, con nuestros gestos de cada día.
O sea que menos reirse o criticar al político o al "Perico de los Palotes" de turno y más asunción diaria de responsabilidad por cada uno de nosotros.
Para los españoles, decía, los indios estaban equivocados. E Israel. Y los suizos. Y los suecos. Y el mundo mundial..
¡Por Dios!. ¡Luchar por tu vida, por tu vida y la de tu familia; por aquello en lo que crees!. ¡Aggghh!. ¡Vaya repelús!. Pudiendo pagar; ¡qué yo tengo dineros!, ¿sabe?. De escuela poco, que lo importante son las "perras" y "a la buchaca".
Al IvánJonathan "li" hemos regalo por "el" Papá Noel, por Santa "Klaus" y por Reyes.. Y comida no falta..
"Pa la mili", que cojan a esos "desharrapaos" de los emigrantes, que son "toos" unos piojosos, y al cuartel.
Yo en mi casica, con mi gente, en mi barrio.. ¡Los míos, los míos, rarara!.

¿Sabes Luís?; cuando las personas se van olvidando de la ética, de la responsabilidad y de lo que deben de entregar a la sociedad, caminan al desastre..
¡Qué Dios nos ampare!.

Trini dijo...

Pues el general tenía un alto grado de soberbia y además se amaba más a si mismo que a la vida de tantos soldados que llevó al "matadero"

Saludos

juan p dijo...

Custer, mal que nos pese, ha pasado a la historia. Su figura se mitificó en el Holliwood dorado (ese magnífico Errol Flynn en "Murieron con las botas puestas") para después ser revisado y puesto en su justo lugar ("Pequeño Gran Hombre", con un espléndido Dustin Hoffman). Sin embargo, pervive aún ese aura de leyenda del héroe sacrificado que muere defendiendo la civilización del ataque de los "salvajes". No fue la única ocasión en que un ejército "moderno" sucumbe ante ejércitos más primitivos pero más motivados e inteligentes.
recuerdo también ahora un libro que recomiendo leer para el que quiera adentrarse en la triste aventura de los "pieles rojas".
"Enterrad mi corazón en Wounded Knee".

Una pregunta, si de la batalla no se salvó ningún soldado
¿cómo se sabe que Custer fue de los últimos en caer?
¿quien oyó la frase esa de que "no nos queda ningún caballo vivo,general"?

Y si alguno quisiera alumbrarnos más sobre lo que hizo este señor en la Guerra de Secesión, pues lo agradecería, porque no conozco nada del tema.

Por cierto, Feliz Año a todos y que los Reyes Magos se hayan portado bien...

Caboblanco dijo...

Hola Juan P.

Años más tarde, Toro Sentado comentó: "Donde se cumplió la última batalla, el de los largos cabellos estaba como una gavilla de trigo con diez o doce espigas despenachadas a su alrededor. Entonces, di la señal para acabar con el peor de todos los blancos". Toro Sentado acabó tiempo después, y tras haber sido capturado, formando parte del espectáculo de Buffalo Bill. En cuanto a lo del sargento, en otra entrevista hecha a Toro Sentado en Canadá un año después de la batalla, dijo que un guerrero araphaoe le había dicho que “Custer no llevaba el cabello largo, sino más bien corto, vestía ropa de trampero y estaba caído, sosteniéndose de manos y pies en el suelo, parecía observar curiosamente a los indios que le rodeaban, estaba herido en un costado y salía sangre de su boca; cuatro soldados heridos estaban cerca de él, recriminándole su forma de actuar y maldiciendo porque su órdenes no tenían sentido alguno. Algunos indios que habían sido exploradores chapurreaban inglés y Toro Sentado ordenó que hablaran con los supervivientes”. Más tarde, también según Toro Sentado, varias docenas de guerreros fueron por el campo de batalla rematando a los heridos. La frase ha quedado para la leyenda y, curiosamente, se ha mitificado gracias al testimonio indio, no al del hombre blanco.

Otro mito que se va a la basura es el de la superioridad física del estadounidense sobre el indio. Recientes excavaciones han demostrado que, sobre una docena de cuerpos exhumados, varios tenían roturas de huesos mal soldadas, y TODOS presentaban serios problemas dentales. Es más que probable que estuvieran muy mal alimentados.

Saludos Juan P. y Trini.

Caboblanco dijo...

Ah.. se me olvidaba. La mejor página web sobre este hombre que he encontrado es:

http://www.georgearmstrongcuster.com/

Parece que ha sido el general americano más joven de la historia.

almena dijo...

Desde luego. La mayoría de las guerras son puro problema de dinero. Y de la lucha por eso que llaman "la erótica del poder".

Un abrazo, Caboblanco!

don tonino dijo...

Me has recordado mi infancia, jugando con aquel fuerte de plastico simulando madera, los uniformados soldados americanos y aquellos indios de plumas tan largas y coloridas.
Bonitos recuerdos para comenzar el año.

nina dijo...

Desde luego no le dejais a una ni decir mu, entre los/as comentaristas lo dicen todo, pero me queda por reafirmar que CUSTER fue el general más joven de la historia y que el orgullo mal entendido,la autosuficiencia,la superautoestima, la falta de ética... ... te llevan a ser una persona sin escrúpulos y un tirano/a. Ejemplos de ello esta la historia llena,y se me olvidaba la palabra horrible que los define, además de los otros epítetos: el de genocidas. En resumen todo dirigente que provoca una guerra con cualquier escusa lleva consigo la muerte de miles de seres inocentes.Caboblanco no tienes enmienda, eres un estupendo reactor literario Un abrazo Nina

Caboblanco dijo...

Hola Nina. No ha sido el primer militar ni persona con poder en general, que utiliza a sus hombres en beneficio intentando buscar el beneficio propio; tampoco creo que vaya a ser el último. Otro dato más que ofrezco por el mismo precio... Las exhumaciones practicadas en el campo de batalla muestran que bastantes de los cuerpos no habían vivido más de 16 o 17 años... poco más que niños.

Tonino, a mi también me gustaba tremendamente jugar a indios y vaqueros, pero casi siempre mis juegos finalizaban en tratados de paz :-)

Muralla dijo...

Siempre fui partidaria de los indios, eso desconociendo esta historia "real" del querido general, así que imagínatelo ahora...
Yo sigo confiando en el hombre, en la juventud, y en todos aquellos que sin hacer ruido, siguen luchando por un mundo mejor.
Bicos, jovenzuelo...

Brisa dijo...

Interesante e instructivo como siempre...

Me ha encantado especialmente el comentario que le has dejado a Tonino.. dice mucho de tí.

Un abrazo.

incondicional dijo...

Como ya está todo dicho, sólo comentaré un detalle que me ha dado muchísima pena, hace años, el día de Reyes, se llenaban las calles del pueblo donde vivo de niños sonrientes que salían a jugar y enseñar sus trofeos de Reyes, ayer sólo un niño en la plaza del pueblo con su moto, para llorar no?, supongo estarían en casa con la play, el mp3, etc.
Un abrazo.

Corazón... dijo...

Hola Cabo blanco :)

Ah mira, generales como ese deben haber muchos por allí en el anonimato :( aunque lo mismo hay buenos. Triste cuándo ven a la gente solo como escalones para alcanzar lo que desean.

Como siempre un placer visitarte e instruirme a tu lado :)

Saludos!

;o)

Andrea Recol dijo...

Me ha sonado al refrán que dice. "quién a hierro mata a hierro muere." Excelente relato, una vez más Caboblanco. Y yo me siento como Nina; cuando vengo (como tortuga) ya me tienes preparado otro Tratado. Y encima, me paso viendo series históricas influenciada por tus posts. Un abrazo

MiguelS dijo...

Que recuerdos!!!

yo todavía conservo esa caja de famobil!!!

Ahora ya no juego pero sigo coleccionándolos.
www.playclicks.com

A. R. R. dijo...

El "ejército" indio no era antiguo, comparado con el yankee, ni mucho menos: muchos de ellos tenían carabinas como las de los soldados, y otros incluso, rifles Winchester de repetición, que no poseían los soldados por no ser armas reglamentarias. Además, se trataba de caballería ligera, que siempre se ha mostrado, hasta la aparición de los vehículos motorizados en las guerras del siglo XX, como el arma más efectiva en campo abierto.
Por último, su número era más de 10 veces mayor que el de los hombres de Custer.
Sobre el comentario de la "tremenda" marcha de 98 km. en dos días, recordar que las legiones romanas republicanas (no eran soldados profesionales), podían recorrer unos 50 km diarios habitualmente. Luego esa distancia no es tan grande, sobre todo recorrida a caballo, como es el caso.