jueves, 16 de junio de 2005

No he podido evitarlo.


Conquistadores españoles

Hoy, en el camino de regreso a casa en autobús, he vivido una experiencia bastante curiosa. En los dos asientos que precedían el que ocupaba un servidor, regresaban a sus hogares un par de trabajadores - supongo - sudamericanos, quizá peruanos, quizá ecuatorianos. Su conversación, de la que ni yo ni nadie del vehículo podía sustraerse aunque hubiese querido a causa del elevado tono de voz, versaba sobre la llegada al Nuevo Mundo de los conquistadores españoles y, por ende, de las consecuencias que esto acarreó a los indios mesoamericanos, posiblemente la primera de las etnias con las que se encontraron los aventureros extremeños y andaluces que pusieron el pie en lo que ahora es Sudamérica. De los dos interlocutores, uno tenía ademanes de persona cultivada, posiblemente fuese licenciado en “algo” – lo que, por lo pronto, le coloca un escalón por encima mío – y a pesar de lo que sus manos manchadas de yeso pudiesen hacer pensar, al hablar, manejaba un vocabulario mucho más rico que el de la mayoría de los universitarios españoles; el otro contertuliano parecía más limitado en lo intelectual y se limitaba a asentir periódicamente las afirmaciones del primero, al que a partir de ahora llamaré “el profesor”.

Tras unos minutos en los que la conversación se movió dentro de unos cauces más o menos normales, el profesor se fue creciendo, puede que debido a los exagerados movimientos de aprobación que le dedicaba su compañero a la vez que daba buena cuenta de un bocadillo de tortilla más grande que mi violín, y empezó a alabar las virtudes de los pueblos mayas, mexicas, toltecas y demás mientras, paralelamente, tildaba a los conquistadores españoles de violadores, asesinos y genocidas, amén de acusarles de todos y cada uno de los males que la América latina padece hoy en día. La conversación, que más bien se había transformado ya en un mitin, llegó a su clímax cuando el profesor, ya totalmente desatado, dijo que “todo hubiese sido diferente si los españoles no hubiesen dispuesto de armas de fuego (…) que supusieron la única y verdadera causa de la victoria hispana (…) ya que las tropas indias no podían hacer nada ante la potencia de fuego de los cuadros españoles”. Una vez dicho esto, y con un rictus en el rostro que denotaba un punto bastante grande de resentimiento, miró por la ventana con los ojos ligeramente perdidos y espetó “Ojala los indios hubiésemos tenido unas cuantas docenas de mosquetes para metérselos por el culo a los españoles…”, afirmación que su compañero celebró visiblemente con una exagerada dentellada a su apocalíptico bocata, y un movimiento de asentimiento que, juraría, provocó un crujido sus vértebras cervicales.

Ante el derrotero que estaban tomando los acontecimientos y con buena parte del autobús echando espuma por la boca, por una vez en la vida hice lo que me pidió el cuerpo: me llevé la mano a la cartera, saqué un trozó de papel, escribí con letras mayúsculas la dirección de este blog y se lo entregué al profesor a la vez que le recomendaba visitarlo “para comprobar la imposibilidad de meter un mosquete por el esfínter de un español durante la conquista de américa…

…porque, entre otras cosas, el mosquete es un invento de principios del siglo XVII, mientras que la conquista del Nuevo Mundo se inició en el XVI por españoles armados de espadas, picas y…arcabuces. Sobre la etimología del término “arcabuz” se ha escrito bastante. La corriente más extendida es la que defiende que procede del vocablo árabe al-kaduz que significa "el tubo" Los primeros modelos de esta arma de fuego se componían de una pieza de madera, la “caja”, en la que se fijaba un tubo de hierro, el "cañón”. Este tenía en uno de sus extremos la “boca”, mientras que el otro, que por motivos de seguridad estaba sellado, presentaba una concavidad en la parte superior, el "fogón” que se comunicaba con el interior del tubo por medio de la “mina”. El proceso de carga era muy laborioso. En primer lugar se unía la mecha encendida a la llave de serpentín. Hecho esto, se colocaba el arma en posición vertical, apoyando la culta contra el suelo y se dejaba caer por la boca la cantidad justa de pólvora, que normalmente constituía el contenido de uno de sus doce apóstoles. Tras ella, iba un trozo de papel, el “taco” que comprimía los gases durante el disparo y evitaba “los vientos” es decir, los gases que se escapaban inútilmente durante el disparo. Después se introducía la bala, que se solía guardar en la boca - del arcabucero - y se cebaba el arma, operación que consistía en llenar con polvora fina la cazoleta del fogón. Por último, se dirigia el arma al enemigo, se arrimaba a la cara para apuntar y se hacía fuego.

Esto, querido profesor, representa la teoria; en la práctica era un proceso tan peligroso, que para ser arcabucero había que tener los nervios de acero. Ya de por sí, la carga del arma era una operación lenta que se debía llevar a cabo de forma rigurosa y sin saltarse ningún paso. Para empezar, el arcabucero iba literalmente rodeado de pólvora: los doce apóstoles, más dos frascos de mezcla, fina y gruesa. Esta carga la llevaba encima durante todo el proceso de carga mientras se sujetaba una mecha encendida por ambos extremos. Comparado con esto, la prohibición de fumar en las gasolineras parece de cachondeo. Además, podían surgir problemas diversos. Si la pólvora se mojaba, el arma no disparaba; si la mecha se consumía y se quedaba corta, no llegaba al fogón y el arma no disparaba; si se ponía poca pólvora la bala no llegaba y si esta era demasiada, el cañón reventaba; si la bala estaba mal fundida, la bala rodaba inocentemente y caía al suelo; si se arrimaba demasiado la cara al fogón, uno podía quedarse ciego... Para rematar la faena, el alcance efectivo del arma era el de tres picas españolas, es decir, dieciocho metros y su precisión, practicamente ninguna. Para que te hagas una idea, profesor, del discutible impacto material de este arma, en la batalla de Pavía (1526) seis años despues de la conquista de México, cada arcabucero realizó de media, la tremenda cantidad de... 6 disparos.

Conclusión: en los años de la conquista, el arcabuz estaba aún en sus inicios y su funcionamiento presentaba serias limitaciones. Sus efectos no eran tan terribles ni decisivos como se imagina popularmente; la imagen de hordas de indios cayendo víctimas de las balas de un pequeño grupo de conquistadores puede resultar sugerente pero no se corresponde en absoluto con la realidad. Los españoles prevalecieron porque eran más organizados tácticamente, porque sus espadas eran superiores a los maquahuitl de obsidiana, porque se aprovecharon de las divisiones internas entre sus enemigos, disponían de caballos, estaban seguros de sí mismos y, sobretodo, porque empezaron luchando por Dios y el Rey, luego pelearon por el oro y las riquezas y terminaron defendiendo sus propias vidas. No me siento orgulloso de la colonización del Nuevo Mundo pero si no hubiésemos sido nosotros, nuestro lugar lo hubiesen ocupado ingleses, holandeses, franceses o portugueses. Y no conozco a ningún conquistado que no haya sufrido a manos de su conquistador; preguntad si no a los indios norteamericanos, a los aborígenes australianos o a tantos otros. Hoy, quinientos años más tarde, nos empezamos a llevar un poquito mejor.

¡Ah! el arma que realmente diezmó a los indios era de naturaleza invisible, tenía efectos muchos más terribles que cualquier cañón o arcabuz y fue utilizado por los españoles de manera involuntaria: era la viruela.

PD: Algunos arcabuces tenían el cañón tan corto, que hacían falta dos tacos para evitar completamente la fuga de gases. Al segundo de ellos se le llamaba "retaco" y de ahí que en Castilla se llame así a los hombre de muy baja estatura.

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Mañana os compenso con un buen artículo de Roma...buenas noches.

3 comentarios:

Turulato dijo...

Fuí alumno de un sacerdote jesuta, de habitual mal humor, inclemente palabra y gran altivez en el trato con quienes vestíamos bata a rayas azules y blancas, sus alumnos, pues para muchos de sus iguales asotanados reservaba el desprecio y la meledicencia..
En el archivo fotográfico del Colegio del Salvador de Zaragoza -hoy Jesús María y Salvador- se conserva una foto del susodicho con boina y cabalgando un borrico -¿querría insinuar que Jesús fué tan humilde que, pudiendo nacer vasco, condescendió a ser judío?- en la Quinta Julieta....
Se llama Javier Arzallus y su relato, don Luís, me ha envejecido..
Amo la Historía. Devoré el Manual de Historia de la Economia de primer curso; me apasioné con don Claudio y don Américo; me apliqué con la "Historia de las Instituciones Españolas" de García de Valdeavellano y sufrí con la monumental Historia del Derecho Español que deglutiamos los alumnos de primer curso de la UNED.
Luego, he seguido leyendo...
Pues bien. Unas malas personas, que ejercen la política, están conformando a los ciudadanos -españoles, sudamericanos, chinos,y demás- mediante la enseñanza de una historia tan manipulada que causa sonrojo..
Asumo las consecuencias que causan quienes formados así deciden que el dolor de otros sea su objetivo vital. La vida pasará la factura... ¡Siempre lo hace!.
Pero la tristeza me hunde el ánimo.. El hombre tiene por única riqueza auténtica su memoria y por todo patrimonio sus recuerdos. Quienes, en lugar de la lícita interpretación histórica, inventan y manipulan el pasado están asesinando el futuro, castrando la vida.

Y el arcabuz...
Los "Doce Apóstoles" eran 12 piezas huecas en forma de pera, que colgaban a lo largo de una bandolera de cuero que cruzaba desde el hombro izquierdo a la cadera derecha -para los diestros-.
El propelente, la pólvora, de la época no tiene nada que ver con la actual. Inestable, desigual en su composición.. Sus parámetros activos.., impredecibles.
Pero, cuando llovía... Podían apagarse los fuegos, a lo que atendía con gran diligencia el ayudante-servidor, o deflagrar "a su aire"..
Pero, sí todo "iba como la seda", el disparo no era "al pelo", al instante. El tirador debía sostener con fuerza hercúlea el arcabuz, que se apoyaba en el suelo en una horquilla, pues pesaba lo que nadie sabe y mantener la puntería -siguiendo el blanco con las miras (¡ja!)- hasta que aquella máquina del demonio funcionase..
Luego, la fuerza de reacción -retroceso- producida por el disparo de aquellos calibres podía "dejar para el arrastre" al tirador, que además sufría las consecuencias ya expuestas en el artículo.
Entonces, ¿cuales eran sus efectos?. Pues aparte del ruido y el humo.., uno importantísimo. Quién investiga y adopta la innovación resultante, acaba multiplicando exponenciálmente los efectos de sus fuerzas.
Quien conserva lo que fué util en tiempos pasados y lo utiliza como único recurso, se ve superado por las exigencias que va planteando la dinámica vital.
Perdón por extenderme. Perdón.

Caboblanco dijo...

En este caso, el comentario fue mío y tu comentario, resultó un artículo...¡Que bien se tira de este carro entre los dos!

Gracias...

Anónimo dijo...

falso, en mi caso reconstruyendo los eventos de la batalla de guazabara y la resistencia indigena por parte de los indigenas paexes en la provincia de popayan, hoy mi ciudad popayan, las cronicas de Pascual de andagoya , indican de como los indigenas pubenenses de cuya confederacion hacian parte los paexes se le enfrantaron a la caballeria armados con picas, por lo cual tuvo que recurrir a los arcabuces para desbaratar la formacion, en el año si no estoy mal de 1537 o 38, el uso de los arcabuces , aun contra nuestros indigenas mejor organizados en lo que se conocio como valle de pubenx tuvieron como desventaja el que no contaban con armas como los arcabuces, pues sabian enfrentarse muy bien a la caballeria y a las jaurias de alanos y dogos alemanes, (gran danes)que comunmente se usaban contra las tropas de la confederacion pubenense y aunque saques la excusa de que fueran mejores otros , la verdad es que si lees elegias de varones ilustres de indias de juan de castellanos y ves el destino que corrio pedro de añasco, asesino y torturados, valiente pero crueles mas alla de toda dimension, veras que lo que le pasa (digase como es desmebrado parte por parte) era en venganza por las practicas comunes de los españoles de cortar narices orejas, manos o echarlos para que se los comieran los perros a los indigenas, asi que no nos hables delo "benefico" o que hubiera otra opcion, nuestros antepasados se defendieron de bestias crueles como pedro de añasco, juan de ampudia y nuestro "fundador" Sebastian de balalcazar, verdaderos asesino avariciosos por el oro y la plata de nuestros antepasados, si les hubiese pasado a uds que dirian?