jueves, 28 de septiembre de 2006

El santo de la espada

"El Alcaudón" de Musashi

¿Qué sabemos realmente de Japón?... poco… si acaso, que comen pescado crudo, que parecen todos muy educados y agradables y que fabrican cachivaches de alta tecnología como cámaras de video, teléfonos móviles y ordenadores portátiles que, además, para cuando llegan a nuestros centros comerciales ya están completamente obsoletos en su país de procedencia… La globalización aún no lo domina todo… afortunadamente. Un amigo mío, muy amigo, sostiene que los japoneses tienen los ojos rasgados y ese físico tan peculiar para que se los vea en las fiestas y saraos ya que, si no, con esos modales tan calmados y tan finos, nadie repararía en ellos. También son forofos de espectáculos deportivos de todo porte, y eso a pesar de que sus selecciones de cualquier cosa quedan del 16ª puesto para abajo en toda competición en la que se presenten. Eso sí, animan con energía… pero sin mucho orden ni concierto y con frecuencia sin entender lo más mínimo de lo que están viendo. En el pasado mundial de baloncesto, la mitad del pabellón era de unos y la mitad de otros, y aunque gritaban ruidosamente lo hacían sin extremismos, casi asépticamente y con un cierto matiz de obligatoriedad, como aquella España de los años 20 en la que todo el mundo era de Joselito o de Belmonte, aún cuando no le gustaran los toros.

Entonces… ¿Significa eso que los japoneses sean desapasionados? No, más bien todo lo contrario; lo que ocurre es que, a mi modesto entender, no lo son al estilo mediterráneo sino al suyo propio… esto es, en el fondo y no en las formas. En una ocasión leí que para ellos, la persecución de cualquier logro representa dos objetivos: uno, la consecución del mismo, y dos, hacerlo de acuerdo a su manera de entender la vida, a su especial concepción del hombre y de su naturaleza… hacerlo respetando íntegramente el Bushido. “Bushido”, contrariamente a lo que pueda parecer, no hace referencia a una marca de cuchillos inoxidables sino que representa el supremo código ético de comportamiento interno, que configuraba la vida de los varones japoneses desde el siglo XII d.C. y que aglutina distintas sabidurías procedentes del confucionismo, del Zen e incluso del budismo. Sería muy difícil de explicar y seguro que yo no soy el más indicado para hacerlo pero, en esencia, se trata de situarse permanentemente en el momento de la propia muerte y mirar continuamente hacía atrás, tratando de percibir los errores e injusticias cometidos para no volver a repetirlos en una vida futura. Este código, que tan bien vendría a nuestros políticos y a los invitados de “Salsa Rosa”, recoge siete virtudes fundamentales: Rectitud, coraje, benevolencia, honestidad, respeto, honor y lealtad… y llevado al último extremo, fue el ideario que llevó, en 1945, a los últimos aviadores del Imperio del Sol a estamparse voluntariamente contra decenas de barcos estadounidenses…

La plenitud de esta sugerente forma de vida llegó en los siglos XIV y XV d.C. pero, irónicamente, el arquetipo de Samurai, del gran guerrero por excelencia, llegó tarde para conocer las grandes batallas de la historia medieval japonesa y en su tiempo, para su suerte o para su desgracia, su país conoció más periodos de paz que de guerra. Por eso, si el paso de los siglos ha dotado a Miyamoto Musashi de una áurea legendaria es precisamente porque en el camino que escogió seguir, el enemigo fue siempre él mismo, sus propios límites. El Samurai Miyamoto vivió durante el siglo XVII y ha pasado a la historia tanto por su increíble habilidad con la espada, como por su “Libro de los cinco anillos”, un brillante tratado de estrategia militar que se lee casi de carrerilla y, finalmente, por la enorme importancia de sus obras pictóricas tardías y de caligrafía, tan apreciadas en su país.

Como buen mito, su vida está rodeada de misterios e incertezas. Por lo que se sabe, nació con el nombre de Shimen Musashi en 1584, en el seno de una familia de Samuráis de “segunda división”. Su infancia estuvo marcada por dos hechos que hubieran hecho polvo a cualquiera; al poco de venir al mundo, su padre empezó a “… ir a por tabaco regularmente”. Para cuando paraba por casa y no estaba ebrio, apenas se preocupaba de otra cosa que de iniciar a su hijo en el arte de la espada… una espada que aún era más grande que él. Además, una sífilis congénita le regaló unas tremendas cicatrices en la cara y el cuero cabelludo, que le impedían dos de las cosas más importantes para un aspirante a samurai: peinarse y afeitarse correctamente. Quizás por ello Shimen le tomó cierta aversión a la limpieza y, al parecer, siempre tuvo un aspecto peculiar… por lo guarro. A los nueve años, muerta su madre, perdió definitivamente todo contacto con su padre.

Agresivo y fuerte, la adolescencia de Musashi transcurrió de victoria en victoria en todos los combates en los que participó. En el primero aceptó el desafió lanzado por un conocido luchador de Kenjutsu: acabó rápidamente con él aunque solo contaba trece años de edad y no tenía más diploma de artes marciales que el de CCC. Después de vencer a su primer oponente, a los dieciséis, inició un largo viaje que lo llevaría por todo Japón, sobreviviendo como soldado de fortuna y arrendándose al mejor postor. Según la tradición, lucho en la batalla de Sekigahara, decisiva para el acceso al shogunato de Tokugawa Ieyasu y sus descendientes. Aunque Musashi combatió en el bando perdedor, sobrevivió no sólo a trece delirantes días de lucha sino también a la posterior masacre de los doce mil prisioneros capturados, ayudando a muchos de ellos a escapar. Años más tarde se dirigió a Kyoto a “hacer un recao”… nada menos que consumar su venganza contra la familia de instructores marciales Yoshioka, se cree que porque habían humillado a Musashi mofándose de los orígenes de su padre. Mushasi, aún cuando debía agradecer bien poco a su progenitor, desafió al cabeza de familia contrario, Genzamenon que, aunque estaba en su derecho de renunciar a luchar con alguien inferior, aceptó el duelo. Tras esperar durante dos horas mandó a buscar a Musashi solo para comprobar que este dormía ruidosamente debajo de un almendro, aunque aseguró que llegaría al lugar del duelo en un periquete. Tardó dos horas más. Cuando se presentó por fin, Genzamenon estaba tan nervioso que nuestro protagonista le mató sin problemas.

Técnicamente, aparte de por su aspecto aterrador, Musashi se distinguía de los demás samuráis en que jamás fue a una escuela de lucha y en que en ocasiones no utilizaba armas metálicas. Tal es así, que venció al menos a cuatro oponentes con una simple espada de madera o Bokken. En otra ocasión, Mushasi olvidó su espada en su casa y, antes que aceptar la deshonra de rehusar el duelo o reconocer su descuido e ir a por ella, pidió el tiempo suficiente para tallar algo parecido a una espada a partir de un remo viejo de la barca con la que se había presentado en la pelea… Por supuesto, ganó.

Pero, como he indicado antes, a pesar de la violencia que caracterizó su vida, a Musashi solo se le hace justicia reconociendo su infinito afán de superación, afán que demostró a lo largo de toda su vida, haciendo frente a las variadas circunstancias negativas que le rodearon y sobresaliendo en aquello que se propuso. Por esto es recordado con fervor en Japón… por su innata capacidad de sobreponerse, incluso, a ciertas malformaciones en las manos que casi le impedían el ejercicio de su verdadera vocación: la pintura. A eso se dedicó sus últimos años, a pintar excelentes grabados y láminas en la cueva en la que se retiró a envejecer. Mushasi utilizaba la tinta de manera majestuosa, siempre siguiendo estrictamente las reglas del arte oriental… Ante todo, captar el sentimiento que anima a la pincelada hasta captar el alma del modelo.

Él lo consiguió, uniendo además el suyo propio, ese abrasador esfuerzo por salir siempre adelante…

Saludos.

15 comentarios:

Dianora dijo...

Mientras te leía pensaba en un afán de superación que nacia desde las vísceras. Pura pasión.
Termino leyendo que sus últimos años los dedicó a pintar según la manera oriental, y como tú dices, captando el sentimiento de cada pincelada.
Conclusión: Al protagonista de tu post le salían todos los sentimientos por los poros.

Un beso

Edem dijo...

Miyamoto "Kensei" (Santa Espada) Mushashi... considerado el mejor Samurai de todos los tiempos. No solo por su arte de la espada, sino tambien porque su vida estuvo dedicada al bushido. "La espada es el alma del Samurai", solia decir. Pero con ello, no se referia a la espada en si, no al material, sino a su forma de vida. Por eso no le importaba el material de su espada. El decia que si un guerrero estaba en armonia, no perderia nunca.
Si, estuvo en el bando perdedor en Sekigahara, pero dando tanto de que hablar que sus enemigos lo contratarian años mas tarde.
Quiso desde muy joven ser "el mejor" en su campo. El decia que un Samurai no podia pedir menos de si mismo. Y se dedicó a recorrer Japon con ese propósito. Alli donde habia un maestro en algun estilo, algun templo de monjes guerreros, o algun guerrero lo suficientemente famoso, alli iba.
Y siempre ganaba.
Por ejemplo, se habla de un famoso bandolero, que desafiaba (y mataba) a los samurais que pasaban por su camino. El bandolero utilizaba una especie de hoz con cadena y bola. Con la cadena, de lejos, desarmaba al samurai. Y con la hoz... bueno. Mushashi le retó a un duelo... pero definiendo el el terreno. Craso error para el bandolero, ya que Mushashi escogió un cañaveral. A la primera de cambio, la cadena se enredó en las cañas de bambu, y la espada de Mushashi se clavó en su cuerpo.
O la del templo de Hozoin (perdon por los nombres, pero estoy escribiendo de mis recuerdos). Alli habia monjes guerreros, que enseñaban a pelear con el Bo (bastón). Se exigia que, para retar a un maestro, antes tenia que retarse al numero 2, y antes que a este al 3... asi hasta el 10.
Por lo visto, tras unos dias de estancia alli, Mushashi retó a los 10... de forma seguida. 10,9,8,7,6... Todo en un dia.
A si... Genzaemon (perdon si no lo he escrito bien). La cosa continua. Con esté, sabia que era "algo" nervioso, asi que le hizo esperar. Pero, un mes despues, el hermano de este, la retó a un duelo. Por supuesto, todos esperaban que se repitiera lo anterior, asi que sus hombres se separaron del chico para buscarle... que es cuando apareció Mushashi, que habia llegado "antes" al campo de batalla. Por supuesto, lo mató.
Y al tercero... este era un crio, pero retó a Mushashi a enfrentarse a el. El chaval le tenia un miedo visceral, y en esta ocasion, Mushashi apareció con su espada de madera gritando como un condenado... y tranquilamente, pasó entre los hombres del chico como si fueran mantequilla (estos con espadas de acero), se acercó a el, y lo descalabró con su espada.
Puede parecer duro, pero esa era su vida entonces.
Tambien fue... y esto es importante, el que "inventó" el sistema de lucha con dos espadas. Entendamonos, los samurais, siempre llevaban dos espadas, para no "sentirse desnudos". Una larga para exteriores, la katana famosa, y una corta para espacios cerrados (que no me acuerdo como se llama). Lo que hizo mushashi, fue encontrar sistemas de lucha en las que utilizar las dos espadas al mismo tiempo. En su tiempo, no se sabia si esto era una innovacion o una inmoralidad para los Samurais. Pero dado que a el nunca le vencieron, y que se convirtió en heroe de masas, la cosa siguió adelante.
En cuanto al "Libro de cinco anillos"... es una obra maestra, pero tiene mas de lo que parece a simple vista. En principio, si se lee, parece un manual de lucha, con apartados (Fuego, agua, viento, vacio, tierra). Pero es algo mas. Aparte de sistemas de lucha, Mushashi enseña su forma de vida, su filosofia, lo que debe y no debe hacerse. Me costó bastante encontrarlo, pero mereció la pena leerlo. Animo a la gente que lo haga, sorprenderá. No por su contenido belico, que lo tiene, sino por leer los pensamientos del viejo guerrero, su amor por la vida, su afan de superacion.
Un saludo de Edem

marian dijo...

Fascinante personaje, hecho a si mismo en la voluntad de armonizar el frio del acero, la rudeza de una manos capaces de destruir, con la calidez exquisita de la creación.

Un abrazo

Turulato dijo...

Me has dado que pensar..
Te he leido de manera distinta a la habitual, no tanto como aficionado a la historia sino como comentarista de Arte.
Contemplo a un arquero que alcanza el blanco...
La diana es el "Círculo blanco sobre fondo blanco" de Malevich.
Y el arquero es ciego y no tiene arco ní flechas

Raúl dijo...

Otra más de esas maravillosas historias que tu pones a nuestra alcance. Tener un poco de este hombre extraordinario nos haría aportar mucho al mundo...

Caboblanco dijo...

Hola a todos.

La pintura oriental me ha fascinado desde siempre. Su observación, incluso para mí que soy un "cacho" de madera en lo emocional, destila contrastes, movimientos y pausas que me agradan una barbaridad.

Edem, los samurais iban armados con la "Katana" y el "Wakizashi". En realidad, solo se utilizaba la primera mientras que la segunda solo indicaba la categoria del luchador. La escuela de aquel entonces exigía golpes fortísimos, de arriba a abajo, que solo se pueden dar con un arma manejada por ambas manos. Musashi era enormemente fuerte y podía permitirse el lujo de luchar con ambas al mismo tiempo sin menoscabo en la fuerza de sus golpes. También manejaba con habilidad el "tanto" o tercera de las espadas japonesas... La más corta de ellas. Por lo demás... ¡Leche!... no me dejas decir naaaaaa :-)

Turu... ese arquero...¿no quedaría encima en segundo puesto? :-)

Un abrazo oriental

almena dijo...

Me ha encantado tu post de hoy.
El samurai tenía su propio credo, a saber:

No tengo parientes, Yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean.

No tengo hogar, Yo hago que el Tan T'ien lo sea.

No tengo poder divino, Yo hago de la honestidad mi poder divino.

No tengo medios, Yo hago mis medios de la docilidad.

No tengo poder mágico, Yo hago de mi personalidad mi poder mágico.

No tengo cuerpo, Yo hago del estoicismo mi cuerpo.

No tengo ojos, Yo hago del relámpago mis ojos.

No tengo oídos, Yo hago de mi sensibilidad mis oídos.

No tengo extremidades, Yo hago de la rapidez mis extremidades.

No tengo leyes, Yo hago de mi auto-defensa mis leyes.

No tengo estrategia, Yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.

No tengo ideas, Yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.

No tengo milagros, Yo hago de las leyes correctas mis milagros.

No tengo principios, Yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.

No tengo tácticas, Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.

No tengo talento, Yo hago que mi astucia sea mi talento.

No tengo amigos, Yo hago de mi mente mi amiga.

No tengo enemigos, Yo hago del descuido mi enemigo.

No tengo armadura, Yo hago de la benevolencia mi armadura.

No tengo castillo, Yo hago de mi mente inamovible mi castillo.

No tengo espada, Yo hago de mi No mente mi espada.

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Feliz fin de semana, Caboblanco.
Un abrazo

AZUL dijo...

Simplemente...genial...has relatado, más que contado, transmites emoción...sensibilidad, de verdad muy bueno Cabo, mucho muy bueno. Me ha fascinado.

Un biko y buen fin de semana!

Consumidor irritado dijo...

Nunca senti por la cultura japonesa especial curiosidad ¿habras conseguido que eso cambie?

leetamargo dijo...

...Sin duda, solamente un artista puede compaginar con igual habilidad espada y pincel, la lucha y la pintura...
SALUDANDO: LeeTamargo.-

SIN FECHA DE CADUCIDAD dijo...

Vaya, creo que olvidé respirar mientras leía. Bueno, para serte franca, he respirado cada vez que me reía con tus comentarios simpáticos que le quitaban solemnidad al tema.
Gracias, escribes muy bien.

Leodegundia dijo...

Una buena lección para mi que por alguna razón no me identifico con las culturas orientales, aunque pongo buena intención, no llego a comprenderles.
Un abrazo

Trini dijo...

Pues es la primera vez que leo sobre este personaje y me quedo con su afán de superación, cosa digna de admirar siempre.

Un abrazo

unjubilado dijo...

No me imagino yo a los actuales japoneses, visitando nuestros museos espada en ristre.
Realmente con sus atuendos europeos serían dignos de ver con sus katanas, wakizasis, tantos, espadas de tai-chi... que por cierto igual vienen a Toledo a comprarlas, o cuando menos a fotografiarlas.
Un saludo

Rustav Klimt dijo...

Lo sorprendente de los samurais es que no solo se guiaban de su código para la guerra,era lo que regia su vida en todas las facetas.
Mushashi es uno de los mas famosos, pero hay muchos mas.Sus leyendas no solo nos hablan de su gran habilidad en combate,nos hablan de sacrificio y de honor mas allá de la muerte.Los Ronin es una gran epopeya que mos habla de esta filosofia.
Me gusta la armonia que desprende Japón y la busqueda de la perfección en todo lo que hagan.