lunes, 3 de diciembre de 2007

¡Camarero!

Alejandro Farnesio, de domingo...

A veces, a los humanos nos gusta o bien parecer lo que no somos, o bien hacer de otros, ya sea para intentar pasar desapercibidos o escapar de algún entuerto – mala señal... – o, en ocasiones, con la sanísima intención de echarnos unas risas; Lo de adoptar un rol ajeno parece que es cosa muy moderna pero nada más lejos de la realidad: en culturas como la romana o la azteca, determinadas fiestas se celebraban intercambiando las poses de dueños y esclavos por una noche. Así, los amos se transformaban en siervos y “permitían” toda una suerte de chanzas y burlas a sus nuevos “dueños”, eso sí, con la seguridad de que, al salir el sol, las cosas iban a volver a la normalidad con lo que ¡pobre de aquel al que se le hubiera ido la mano más de la cuenta!... Esta farsa me recuerda a esas personas que se afanan en autoproclamarse amantes de la soledad, y que olvidan que la mayoría solo cultiva un tipo de ella... aquella de la que uno puede prescindir cuando se canse y como quiera...

En fin... en la España Imperial también eran más o menos frecuentes estas curiosas bromas, las más de las veces, escenificadas con motivo de la conquista de alguna ciudadela o plaza señalada. Uno de los gerifaltes que más uso hizo de esta “tradición” fue el Duque de Parma, Alejandro Farnesio, aunque, si acaso, las mayoría de las veces lo hacía con la sincera intención de agasajar a aquellos que, entre sus tropas, más se habían distinguido en la batalla y no utilizándola como una frívola manera de pasar el rato.

Cuando el 17 de agosto de 1585, Amberes, posiblemente la ciudad más rica y suntuosa de la época, se rendía a los tercios españoles, los generales del Duque y algunos arribistas varios y vencedores del último momento empezaron a preparar un banquete que debería ser recordado por los siglos de los siglos. Los habitantes de la ciudad, que estaban deseando congraciarse con sus nuevos dueños, ofrecieron una hermosísima vajilla de oro y plata para celebrar la cena, vajilla compuesta por cientos y cientos de platos, a cual más hermoso. Mientras Alejandro recorría el hospital de campaña español, lleno a rebosar de heridos y mutilados de todo porte, uno de sus sirvientes le dio cuenta del homenaje que se le preparaba y “sondeo” su predisposición a oficiar, al menos un rato, como camarero del evento, en plan “vamos a echarnos unas risas...” Alejandro, al parecer con los ojos fríos como el acero, sonrió socarronamente y dijo...

- Haré de sirviente, no lo dudeís... más no para quien estás pensando...

Aquella noche, mientras la ventajista nobleza flamenca engatusaba las mentes más débiles de entre los nuevos ricos españoles, el de Parma daba otro banquete en el puente de acceso a la ciudad, tomado con enormes esfuerzos un día antes, al “insignificante” precio de 700 vidas españolas. A él solo asistían aquellos sargentos, capitanes y soldados que se habían distinguido por su comportamiento y heroísmo en la toma de la plaza, siendo servidos por cuatro camareros de postín... Alejandro Farnesio y tres de sus generales. Como quiera que, desde el puente, se oían las risas de la otra celebración e incluso, se acertaba a ver como los comensales, borrachos, tiraban la vajilla a los márgenes del Escalda, el de Parma, enrabietado, colocó una red bajo la ventana en la que recogió todas las "sobras"... para fundirlas.

Los tercios españoles e italianos cobraron los adeudado días más tarde, el 20 de septiembre...

Se les debían 37 mensualidades...

Alejandro Farnesio conservó uno de los platos, en el que recogió, como si fuera el cepillo de una iglesia, una cantidad deducida de cada pago a modo de "socorro" para soldados mutilados y tullidos...

...con un par.

6 comentarios:

Consumidor irritado dijo...

Esta historia aunque un poco mas "refinada" es parecida a la cuaresma. ....

unjubilado dijo...

Poco le duró el plato ya que falleció en 1592, durante la campaña militar en Atrebatum o Atrebates (nombre que le dieron los romanos), aunque en su época se llamaba Arras.
Saludos

Leodegundia dijo...

No conocía este pasaje de la historia, da gusto venir a tu casa para ampliar conocimientos.
Hay que reconocer que su idea de recoger lo que salía disparado por la ventana fue de gran provecho, porque no me explico como aquellos soldados que luchaban como fieras aguantando todas las incomodidades lo hacían encima sin cobrar o cobrando tarde, mal y nunca.
Un saludo

Turulato dijo...

Si me permites, le contestaría a Doña Leo con unas palabras de un soldado de la Infanteria Española, don Pedro Calderón de la Barca, que explican por que se comportaban así.
Y por que, en cierta medida, así han seguido siendo tratados. Y así han seguido comportándose.
Excepciones, las que se quiera. Reclamaciones y plantes, también. Pero siempre defendiendo lo que creían sus derechos.
Y los Derechos nunca se suplican. Se exigen.
Y téngase en cuenta que quien quiera entender una Institución nunca debe primar el comportamiento individual sino el espíritu y estilo colectivo.

http://lamontalbana.blogspot.com/2007/09/y-yo-aadira.html

En cuanto al intercambio de papeles, recuerdo que el general Bermúdez de Castro contaba que ese era el origen de nuestra Pascua Militar. Y bien debía saberlo, pues vivió las turbulencias del XIX, que dieron al traste con muchas costumbres ..incómodas.

Leodegundia dijo...

Gracias Sr. Turulato por su amabilidad en aclarar mis dudas, sobre todo después de visitar la dirección que dejó en el comentario.
Un saludo.

mreina dijo...

Me ha encantado descubrir tu blog y gracias por el comentario que pusiste en el mio