lunes, 4 de febrero de 2008

El Gladius Romano

Buenas noches.

Os presento el ingenio humano que ha matado más gente a lo largo de la historia, hasta la llegada de las armas de fuego. Mejor dejarlo claro cuanto antes y utilizar este dato, más que contrastado, para hacer ver al querido lector que estamos ante una invención obra del mismísimo demonio... Con el gladius, Roma extendió definitivamente su dominio sobre el mar que acabaría siendo su propio lago, el mediterráneo, se anexionó Egipto, se conquistaron las Islas Británicas, se alzaron banderas romanas en Partía, Mesopotamia y en la Dacia, se repelió a las exuberantes tribus de alanos, godos o marcomanos... e incluso el Imperio tuvo el detalle de librar al arma que le había dado todo, de presenciar los días en los que ya lo le quedaba nada. Vamos a verlo...

En los albores de la Roma arcaica, la inmensa mayoría de los guerreros itálicos portaban una curiosa mezcla de armamento vernáculo – de no muy buena calidad – junto con indumentaria de clara influencia helenística. Como no podía ser de otro modo, las espadas también respondían a esta influencia griega de manera que, a base de dejarlo correr, las legiones romanas que se presentaron en la península ibérica lo hicieron portando una panoplia de armas blancas “made in greece” de, más bien, muy dudosa calidad y gracias a las cuales los hispanos se echaron una buenas risas. En los primeros encuentros con nuestros abuelos, los romanos se quedaron patidifusos ante la efectividad de las espadas que portaban aquellos, armas no demasiado grandes, pero ligeras y resistentes, y de una calidad fuera de lo normal. Tras años de enfrentamientos y de “quitate tu pa´ponerme yo...” Roma empezó a avanzar en nuestro territorio y la conquista de la Hispania Citerioretimológicamente, aquella que se encontraba más cerca de Roma – favoreció el aprendizaje de los métodos metalúrgicos indígenas, que debían de ser canela fina. Los herreros de las legiones, auténticos artistas de aprovechar todo lo bueno que portaban aquellos que estaban a punto de ser conquistados, absorvieron el método español de forja – muy ligado, ojo, a la calidad de nuestro hierro – y parieron una adaptación de la espada española que, al menos, tuvieron el detalle de bautizar con nuestro nombre: Gladius Hispanensis.

Reproducción moderna de un Gladio tipo "Mainz"

El gladio de aquellos primeros tiempos era una magnífica arma de unos 52 centímetros de longitud, con un diseño muy curvilíneo que se estrechaba hacia la mitad de su hoja para luego volver a ensancharse y terminar en una agudísima punta. Su manofactura presentaba una calidad fuera de lo común, con mezclas o capas de hierro bajo en carbono o de acero carburado o hierro “dulce” que eran posteriormente endurecidos y templados. Por resumir, esa técnica tan cuidadosa, favoreciendo la carbonización del hierro hasta su justa medida, y enfriándola con lentitud y, si me apuráis, cariño, hace que se alcance ese “termino medio” que suele ser el preludio del éxito: un arma ligera pero resistente, flexible pero no quebradiza... un chollo vamos. Se la conoce entre los entendidos como modelo o tipo Mainz, por haberse encontrado en los alrededores de esa localidad germana más de dos docenas de estas espadas en relativamente buenas condiciones.

Para rematar, las dimensiones del arma eran las ideales para el romano medio de la época, esto es, alrededor de un metro sesenta y ocho centímetros y también resultaba excelente para la manera con la que los legionarios despachaban gente al otro mundo... atravesándole el estómago. La efectividad debía ser tal, que Druso, durante sus campañas en Germania, recalcó a sus hombres la necesidad de que solo introducieran en sus enemigos unos cinco centímetros de hoja... ya que, al parecer, con eso esa suficiente, y se corría el peligro de no poder sacar comodamente el arma en caso de introducirla más... y es que hay que estar en todo.

Las espadas de los legionarios se colgaban de un tahalí o de un cinturón pero siempre se mantendrían en la misma posición, ergidas, en la cadera izquierda. Esta colocación, que a primera vista podría parecer arbitraria o incomoda, responde a la necsidad de no cortar el pescuezo al compañero en medio del fragor de la batalla. Si desenfundaramos desde la cadera izquierda en medio de una situación de melé u orden cerrado, el brazo derecho podría verse estorbado por el gigantesco scutum e incluso podría resultar herido el miembro que la sujetaba. Tan solo el Centurión o el Optio, siempre colacados fuera de la formación de una manera aislada, no necesitaban de estas precauciones y desenvainaban desde la izquierda. En combate, se seguían concienzudamente las normas de enfrentamiento que Druso nos indicaba más arriba, básicamente, cuchillada... protección tras el escudo... nueva cuchillada... y nada de tajos o golpes desde arriba que – está comprobado – no sirven para matar a nadie y menos a aquellos gigantescos germanos que sacaban a los romanos cabeza y media.

Moderna reproducción de un tipo Pompeii


El tipo Mainz se siguió usando según avanzaba el imperio, principalmente por su impresionante factura, porque su punta podía atravesar una cota de malla y puede que por motivos sentimentales u ornamentales. Sin embargo, consolidada la época imperial, las legiones se habían profesionalizado definitivamente y, vencidos britanos y galos, no abundaban los enemigos dotados de mucha protección corporal. Los economistas romanos, que los había, llegaron a la conclusión de que no estaba justificado seguir produciendo esa complicada espada a precio de oro y “parieron” un modelo inferior, más barato y sencillo: la tipo Pompeii. Como resultado de su producción masiva, para todas las legiones y fuerzas auxiliares, el precio se abarató y, porqué no decirlo, hasta los herreros más zotes fueron capaces de forjarlas decentemente. Este gladio presenta un diseño recto de bordes paralelos – más fácil de conseguir – que termina en una punta corta, más reducida y de forma triangular... ¿Las ventajas?... pues muchas: para empezar el borde recto “ayudaba” al herrero ya que simplificaba el forjado; además, su punta más consistente era menos vulnerable a la despuntadura lo que, seguro, exigía menos cuidados y mantenimiento. Paralelamente, la caballería empezó a utilizar la Spatha, un estoque similar al Pompei pero mucho más largo para permitir abrir cabezas sin tener que aparcar el cabllo en zona azul.

Con el tiempo, el Imperio se vio amenazado en la práctica totalidad de sus fronteras y se vivió un proceso de “barbarización” de las legiones que desembocó en la presencia masiva de godos y otros pueblos para los que el gladio, era poco menos que un mondadientes. Estos pueblos, insisto, no acuchillaban sino que "tajaban" con lo que necesitaban sus interminables espadas para cumplir con su trabajo. Los romanos, con cada vez con menos herreros dispuestos a hacer las cosas a la “antigua”, con poco dinero en su arcas y poco decididos a comportarse como sus dignísimos abuelos, fiaron su futuro en que fueran otros los que les defendieran y, casi sin darse cuenta, mandaron al gladio al baúl de los recuerdos. Menos mal. Hay que agradecerles, líricamente, que libraran a ese magnifico ingenio de semajante trago, el peor al que puede someterse a algo romano... el verse conquistado. Al menos, el gladio podrá decir eso que tantas veces hemos oído y que, en parte, algo de verdad encierra... “cuando yo me fui... las cosas todavía estaban bien”.

Nombre técnico: Gladius Hispanensis

Año de introducción: Hacia el 190 a.C.

Año de caída en desuso: Aproximadamente, a finales del siglo III d.C, pero de forma muy paulatina.

Difusión: Legiones romanas y auxiliares, a lo largo del todo el Imperio.

Batallas en las que participó: En todas las de la época, significativamente en la conquista de las Islas Británicas (Mons Graupiuns), en las guerras civiles del siglo I a.C. (Actium, Munda, Farsalia...) en las guerras dacias y marcomanas (Tapae) y, posiblemente, incluso en la batalla de Estrasburgo contra los alamanes, en el 357 d.C.

4 comentarios:

Leodegundia dijo...

:-) Menos mal que tu forma de contar la historia del gladius rebaja un poco la dureza de un arma que se llevó a tanta gente por delante.
Disfruté mucho con este artículo, la verdad es que visitar tu casa es todo un placer.

hernan dijo...

hola hay una pagina bastante buena de historia que de seguro la han leido... la de I. Lago en www.historialago.com para que que le gusta leer y disfruta con este blog y otros temas de historia no viene mal. Saludos desde chile.

Mario Quintanar dijo...

Siempre he creido, o mejor dicho, he querido creer, que si la leyenda de la espada más famosa de todas las leyendas, Excalibur, tiene o pudiera llegar a tener algún punto de realidad histórica, es casi con seguridad, que Excalubur habría sido precisamente una esapada Gladius Hispaniensis. ¿Porque pienso esto? Pues de la leyenda puedo aislar el elemento significativo que se trataba de una espada que hacía invencible a quien la blandía, y de ahí creo que como producto del uso que le dieron las legiones romanas en sus conquistas, originó un incosciente colectivo entre los pueblos conquistados, en el sentido de que esa arma era la invencible, el gladius, y de hecho, lo fue...

Cuentacuentos dijo...

Mario, respecto a lo que dices, hay una novela de Máximo Manfredi ("La Última Legión") que mantiene que la espada de Julio César era Excalibur (y, lógicamente, la espada de César tenía que ser un Gladius). La idea en que se basa la novela es peregrina (y la propia novela y la película que hicieron de ella directamente, nefastas), pero puede interesarte.
Por cierto, Caboblanco, quiero aprovechar para decirte que pocos hay que escriban Historia (o simplemente escriban) de manera tan amena como tú. Gracias por tus posts.