domingo, 6 de noviembre de 2005

El viento del amor

La Hispania antigua es una tierra escasa en leyendas propias. O quizás sería mas correcto decir que, por no haber demasiada abundancia de textos literarios propios, nos han llegado pocas referencias de mitos hispánicos, al contrario de lo que sucede en el caso de la quimérica griega o la romana.

Una de las fábulas menos conocidas es la que versa sobre un fenómeno maravilloso que ocurría en Lusitania: la leyenda de las yeguas a las que, cerca de Lisboa, preñaba el viento Céfiro. Tamaña insensatez, era tomada por los nativos como vera narratio: En las cercanías de Olisipo (Lisboa), las yeguas que se volvían hacia el océano, hacía occidente, podían ser fecundadas por el viento del oeste, el Zephyrus griego, un viento que entre los antiguos, tenía fama de cálido y vivificador. ¿El resultado? potros velocísimos, muy inteligentes pero de corta vida. Gracias a los detalles que nos legaron dos buenos conocedores de Hispania, Varrón y Columela, sabemos que esto “ocurría” en una zona sacralizada, el actual Monsanto, donde en la actualidad existe un bello parque natural.

Este mito, que en principio se nos aparece como una verdadera mamarrachada, es referido con distinto detalle por, al menos, diecisiete escritores antiguos, desde Homero hasta San agustín, pasando por Aristóteles o alguien tan poco dado a la chanza como Plinio el viejo. Especialmente interesante es el texto de Homero, pues nos da detalle de que Bálios o Xhantos, los maravillosos e invencibles caballos de Aquiles, habrían sido el fruto de una inseminación ventosa…

Sin embargo, y como es normal, a pesar de tantos y tan válidos testimonios antiguos, la crítica moderna ha venido considerando la leyenda como un simple bulo (muy lógico por otra parte...) o como la expresión cultural de una estructura social de tipo matriarcal y localización griega. Pero ¿sería posible acercarse a esta famosa leyenda desde una perspectiva científica?

En primer lugar, comparaciones arqueológicas de las representaciones de caballos en pinturas o mosaicos encontrados en Mérida o Monforte, con las actuales razas luso – españolas, y con otras como más minoritarias como la “Garrana” o la “Sorraina”, posiblemente las más antiguas de la península ibérica, han revelado una buena cantidad de coincidencias morfológicas, como una cabeza grande o unos cuartos traseros muy bien desarrollados.

En segundo lugar, hay un hecho cierto: existe un fenómeno muy frecuente en las plantas, la partenogénesis (en griego, literalmente “concepción de una virgen”) que, para que la cabeza no acabe dándonos vueltas a todos, podría definirse como la segmentación de un óvulo como consecuencia de factores ambientales, químicos o descargas eléctricas. Esta anormalidad se da con cierta frecuencia en insectos y anfibios, y su producto, teniendo en cuenta que no existen cromosomas masculinos, será siempre una hembra, que se llama partenote.

Pues bien, en el 1927, un importante grupo de investigadores descubrió la bacteria asociada a esta reproducción asexual y la llamó Wolbachia. Al parecer esta protobacteria sería una verdadera máquina de conseguir clonaciones naturales y tendría una tremenda capacidad para transformar el sistema reproductor del organismo de acogida. Una vez en él, consigue, según convenga a su propia supervivencia, tanto la feminización de machos genéticos como la generación asexual de hembras. Por ahora, solo está probada la presencia de la Wolbachia en peces, insectos, lagartos, sapos y gusanos, pero desde hace 2 años, la revista Nature subvenciona un programa para hallarla en mamíferos.

Si la aplicación de las modernas técnicas de estudio permitieran conocer que algunos grupos de equinos lusitanos pudieran haber conservado en su seno, una infectación de la wolbachia, dando lugar a la procreación de hembras sin intervención del macho, la leyenda del “Dios del viento” adquiriría veracidad, y además se restauraría el buen crédito de nuestras antiguas fuentes literarias; Y quizás, esta metodología nos ayude a entender otros prodigios de nuestro pasado remoto que actualmente se siguen considerando como fantásticos.

Pero, sobre todo, resultaría muy hermoso...

23 comentarios:

Dianora dijo...

Nunca calificaría una leyenda como una mamarrachada. Tienen un encanto especial, no tienen por qué ser veraces, ni se tienen que probar científicamente.
De la mitología griega y romana también se podría decir mucho, y sin embargo... ahí está y no se critica su veracidad...
Así que aquí la que suscribe, te agradece una nueva aportación de cultura.
Un beso.

leodegundia dijo...

Conocía esa leyenda y por lo que se ve, el dios del viento sea de la mitología que sea y se le localice en donde se le localice, siempre protagoniza la leyenda de la fecundación de las yeguas con el consabido resultado de corceles veloces.
No se si la ciencia podrá asegurar algún día que la bacteria esa es la causante de las fecundaciones, pero si es así, será una pena pues la leyenda perderá roda su magia y su encanto y las yeguas que se preparen pues la veo a todas culo al viento para procrear corceles veloces para ser utilizados en los hipódromos, porque ya se sabe, el dinero es el dinero, así que espero y deseo que siga siendo leyenda.
Un saludo.

muralla dijo...

Me encanta y apasiona que determinados descubrimientos, por mínimos que sean, pongan en duda nuestra "razón" perfecta y sabia.
Esta noticia que nos has traído me entusiasma y me parece genial.
Yo, como buena gallega, soy de las que me lo creo todo y todo lo dudo...
Gracias, queridiño, y bicos. Muralla.

Caboblanco dijo...

Hola Hermosas...

No.. yo tampoco estoy a favor de calificar leyendas como mamarrachadas; en el fondo este blog "vive" de ellas. Pero convendras en que "caballos autofecundados" no es como para escribir un artículo serio, al menos, a priori ;.)

Hola Leo. A mí me preocupa más la posibilidad de que los jovenes lusitanos empezaran a achacar embarazos al susurro del viento..

Muralla, es verdad: ojala que estas medias verdades sugan acompañándonos siempre. La posibilidad de que el hombre conozca todo el mundo que le rodea, a mí, me resulta frustrante en extremo...

Andrea dijo...

Bueno, hay muchas leyendas que luego han sido confirmadas por descubrimientos arqueológicos o científicos. También tiene razón Leodegundia, sería una pena que se perdiera la magia de la leyenda, que para nada considero una mamarachada. Tu blog es estupendo. Un baño cultural en la bloguesfera.
Besitos

almena dijo...

Siempre me ha encantado esta leyenda. Hasta el nombre del viento, "céfiro", tiene para mí no sé... música...
: )

Ana* dijo...

Sí que sería hermoso, sí. Como hermosa es la leyenda.

marcarlop dijo...

¡Caramba!
Soy de las que piensan que todas las leyendas y mitos tienen algún fundamento, algo de verdad.
Cuando alguien escribe o cuenta una historia, lo hace desde lo que conoce, ha experimentado, ha intuido, ha temido. Aunque no seamos conscientes de ello. Incluso cuando mentimos.

Un abrazo

Azul dijo...

A mi me seducen mucho las historias antiguas, como esta, el viento como fecundador,sin duda sería hermoso saber que existen sucesos así...me encanta!

Bikiños y buena semana;)

lanamberguan dijo...

las leyendas son bonitas, es una forma de entender como seríamos si no supiésemos todo lo que sabemos hoy en dia
besos

Trini dijo...

Dicen que todos lo smilagros tienen su explicación cientifica quizá esta leyenda también.
De todas formas hay leyendas que sólo son eso leyendas y esta no tiene porque ser una realidad. Además las realidades quitan romanticismo y belleza a las historias.

Un abrazo. Siempre un placer leerte

Grial dijo...

Bonita leyenda..., al fin y al cabo parte de la historia se basa en ellas...
Buen post, un beso :)

monk dijo...

oye!.. esta buenísimo!, no conocía la leyenda... buena aportación cultural.

saludos

Caboblanco dijo...

Naturalmente, los lusitanos aprovecharon las leyenda en su propio beneficio: los caballos de Viriato, también habrían sido fruto de una "noche ventosa".

Es curioso; los lusitanos no fueron grandes jinetes y sus líderes solían combatir a pie...

scape95 dijo...

Gracias!

incondicional dijo...

Holas, siempre es un gusto leerte, salgo de aquí un poco más "culta" ;-).Un beso.

Barbara dijo...

excelente hallazgo... se agradece que al seguir tus huellas encuentre un poco de cultura, que nunca está de mas.
Un abrazo desde el fin del mundo.
B

Turulato dijo...

Por aportar algo curioso, ya que veo difícil comentar algo tan etéreo como el céfiro, posíblemente fueron los comanches quienes más amaron a los caballos.
Y ya que está de actualidad hablar de la realeza, un pequeño dato:
Don Juan Carlos, al terminar el colegio e ingresar en "la General" tenía un precioso caballo, con el que concursaba: "Pies de Plata"

Lunarroja dijo...

Hoy me has dejado sin palabras.
¡Y no es fácil!
Encantada de conocerle, Sr. Blog.

paloma dijo...

Me ha encantado el artículo. Me gustan las leyendas y en cierto modo no me gusta que pierdan esa parte de irrealidad que las envuelve, a base de investigación y método científico.
Gracias por tu visita a mi blog y un saludo

Aticca dijo...

Pienso que todo mito tiene un referente natural, extraordinario para los primitivos sí; pero, como todos sabemos, ¿qué el el mito sino una explicación de un facto natural? Creo que no hay nada más humano que intentar explicar las cosas y, como muy bien se ilustra en este hermoso artículo, el arte se comienza a gestar cuando la explicación de los mitos adquiere un talante dinámico que, a través de generaciones, muta convirtiéndose en leyenda (más o menos floreada, eso depende del talante social en el que se gesta) que, una vez queda anacrónica, puede parecer superficialmente irrisoria pero, en su más prístina concepción, tiene la belleza incalculable de intentar acercar una explicación a los oídos humanos.

Consumidor irritado dijo...

Una curiosa leyenda y una aun mas curiosa posible explicación.

Raúl dijo...

Es una leyenda hermosa. Y el dato científico me resulta novedoso. Muy buen post.
Saludos,