martes, 1 de noviembre de 2005

Balbo, el conseguidor


Cesar visita el Templo de Hércules, en Gades

A inicios del siglo I a.C. vio la luz en Gades un niño al que se impuso el nombre de Lucio Cornelio Balbo. Algunos han considerado que Balbo era una derivación de Baal, el nombre del principal dios de los fenicios; otros en cambio, avisan de que Balbo, en latín, significa literalmente “tartamudo” y este apelativo adornaba a algunas de las más conocidas familias romanas… Afortunadamente para nosotros, lo que no nos aclara su apelativo, nos lo revela un censo realizado en su patria chica allá por la época de su nacimiento y en el que su familia, figura inscrita como “no romana” y como el linaje más rico de la provincia de la Baetica, gracias a los negocios relacionados con la pesca, la minería y el préstamo de capitales. Merced a estas inversiones, Balbito pudo crecer tranquilamente, al lado de los mejores preceptores de la época… pero no os engañéis: la virtud de reunir semejante colección de eruditos corresponde al dinero pero el mérito de aprovecharlo fue únicamente del alumno, que sorprendió a propios y extraños por su inteligencia y, sobre todo, por la elegancia y mesura de sus comentarios y juicios… era un diplomático en potencia.

Sin embargo, el mundo que acogió al joven Balbo era conflictivo. El siglo I a.C. en el incipiente Imperio romano, estuvo marcado por una sucesión de guerras civiles que indicaban hasta que punto el sistema republicano estaba dando los últimos estertores. La derrota del partido popular (que curiosamente eran los de “izquierdas”…) en la Urbe no significó el final de los enfrentamientos ya que uno de sus dirigentes, llamado Quinto Sertorio, llegó a Hispania en el 79 a.C. y encendió un foco de resistencia apoyándose en la belicosidad de alguna de las etnias nativas. Cuándo estalló la guerra en la península, la familia Balbo mostró una de sus principales virtudes: su capacidad para elegir siempre el bando vencedor; y para demostrar su compromiso con los “gubernamentales”, convenció a Lucio para que se alistara como soldado en los ejércitos que la metrópoli mandó para aplastar la insurrección. Afortunadamente para él, alguien advirtió que una de las pocas cosas para las que no tenía aptitud era para la milicia y, después de estar a punto de herirse con su propia espada un par de veces, le apartó de las trincheras y acabó de escribiente en el estado mayor del general. Tan generoso traslado fue agradecido por la familia del recluta Balbo con la realización de “activas gestiones”… vamos... sobornos en masa, para que la importante ciudad de Gades no pasara a manos de los enemigos… gestiones que, a su vez, fueron recompensadas por Roma con la inusual concesión de la ciudadanía a la prole balbiana al completo, con lo que, al final ¡todos contentos!

Con la llegada de la paz, Lucio dio tumbos un par de años por las diferentes empresas paternas pero su vida experimentó un vuelco a raíz de su amistad con Cayo Julio Cesar. No sabemos si los dos se encontraron en Roma o, por el contrario, se conocieron en el 62 a.C, cuando Cesar estaba en Gades, pero el caso es que ambos se cayeron bien desde el primer momento, y en muy poco tiempo, se hicieron inseparables. Pronto, la ajetreada vida de César, ofreció a Balbo infinitas posibilidades de mostrar el inmenso talento que atesoraba para salir de las situaciones más difíciles. En el 61 a.C. se llevó a cabo en Roma la sotitio o sorteo de las provincias pretorianas; como Julio andaba acosado por múltiples acreedores e Hispania parecía ser la provincia más rica de las “subastadas”, era vital que a César le correspondiera en el sorteo la piel de toro… cosa que Balbo consiguió desarrollando intensas labores diplomáticas o gastando ingentes cantidades de dinero. Para que os hagáis una idea, el sorteo empezó con un par de horas de retraso y, en tono de chanza, Cicerón lo achacó al peso de los sextercios que inundaban los bolsillos de los funcionarios…

Más tarde, ya en Hispania, César necesitaba una guerra que proporcionase el botín para saldar sus múltiples deudas y provocó descaradamente a Galaicos y Lusitanos. Balbo se encargó de asegurar su “patio trasero”, desarrollando intensas negociaciones con las tribus de la meseta y de la cordillera cantábrica para asegurar que a su “jefe” no se le abrieran dos frentes al mismo tiempo. Julio, dándose cuenta de la valía de su subordinado, le nombró praefectum fabrum o encargado de la intendencia de las legiones. Balbo demostró, no solo ser un magnifico gestor, sino que logró que Gades entregara a Cesar una importante cantidad de embarcaciones indispensables para enfrentarse a los galaicos. Cuando el gaditano arribó a las costas gallegas, Julio Cesar avanzó por la playa a recibirle, llegando a alcanzar el agua la altura de sus pantorrillas; Ese gesto de amistad y reconocimiento sinceros, le iba a traer muchos problemas a Balbo… Se activaron las envidias, las mentiras, las acusaciones sin fundamento, y ni siquiera Julio pudo evitar que Balbo tuviera que comparecer ante un tribunal acusado de asumir ilegalmente los derechos de la ciudadanía romana; pero como el dinero todo lo puede, César y Pompeyo, que ya formaba parte del bando cesariano gracias a artes del gaditano, convencieron al mejor abogado de la época, Cicerón, para que defendiera a Balbo... ¿el resultado? absuelto por falta de pruebas o "no culpable", como dicen los americanos…

Ni siquiera en sus últimos años pudo parar Balbo de acumular méritos ante su señor: problemas financieros, labores de espionaje, compra de votos... parecía que nada se le resistía a este avispado "español" que sin embargo, no pudo hacer nada para recomponer las deterioradas relaciones entre Julio César y Pompeyo, que acabarían enfrentándose violentamente en varias batallas, la última de las cuáles se dio en el año 45 a.C. en Munda (Montilla). Un año más tarde, César murió víctima de los puñales de unos conjurados capitaneados por Bruto y Casio; Balbo volvió a elegir bando, el de Octaviano y, para variar, volvió a acertar, porque el sobrino de César acabaría convirtiéndose en el primer Emperador de Roma.

Octaviano, ya Augusto, acabó nombrando Cónsul a Balbo, aquel hispano que nunca se equivocaba...

PD: Balbo yenía especial animadversión por otro hispano, amigo de César, y comandante de su caballería, que lo acabaría traicionando... Su historia también es muy, muy curiosa...

19 comentarios:

Trini dijo...

Aquí cabría decir eso de "Más vale maña que fuerza" ya que el inteligente Balgo con su sabiduria y sus tretas tuvo, quizá, más poder que otros afamados "gladiadores" de su época.
A ver cuando nos cuentas la historia del enemigo de Balbo.

Un abrazo

Caboblanco dijo...

¡Hola Trini! Balbo debía de ser especialmente listo porque estuvo más cerca de César que otros "espadones" de su época.

Si entre todos me decís de quién se trata... os cuento la historia de su vida.

:-)

Lunarroja dijo...

Cada vez nos lo pones más difícil, Caboblanco...

Andrea dijo...

Apasionante historia nos traes hoy. Me encantan este tipo de relatos históricos donde se ponen en evidencia todas las fortalezas y debilidades humanas. Leí hace poco una crónica sobre un tal Fouché, político y estadista francés del siglo XVIII, el gran traidor. Estas personalidades son la inspiración de mis relatos, que luego parecen irreales, pero...
Gracias por tu información...mmmm el conseguidor. Besitos

Dianora dijo...

Leer tu post atentamente, concentrada, absorviendo tus palabras... esperando el final, ese interrogante que nos permite interactuar contigo... Y sin embargo, qué frustración...

Esta vez me ha resultado más que difícil, lo que hace darme cuenta de que no es que no sea muy ducha en historia, especialmente romana, es que no tengo ni idea y me siento como colegiala a la que le están enseñando por primera vez a hacer una raíz cuadrada.

Espero que el resto tenga más sabiduría (que no suerte) que yo... Si no, siempre cabe la esperanza de que nos cuentes esa historia pese a la ignorancia.

Salu2.

muralla dijo...

Realmente el tal Balbo era un político nato y había nacido para utilizar con maestría todas las artimañas de la diplomacia.
¡Qué poco cambia la historia del ser humano!
Gracias, Cabo, una vez más porque cuentas la historia como un auténtico maestro, en el sentido de magister...
Bicos. Muralla.

Ana* dijo...

Yo suscribo lo que dice Muralla, porque además lo expresa mejor que yo. Espero que tengas el detalle de contarnos con quién se llevaba mal Balbo...

Caboblanco dijo...

Tito Labieno nació el mismo año que César, y eran grandes amigos desde pequeños. Era alto, delgado, muy moreno de tez y con un cabello extremadamente negro. Su aspecto recordaba al de los hispanos, y probablemente sería porque se rumoreaba que su madre había sido una esclava celtíbera. Labieno luchó con gran valentía al lado de César desde los primeros y difíciles momentos, aquellos en lo que Julio aún no era prácticamente nadie y se ganó su afecto, además de por su carácter extrovertido y arrojado, por su habilidad para manejar fuerzas de caballería, asunto en el que pocos romanos eran maestros. Después de la batalla de Gergovia en el 47 a.C. el único descalabro importante de César, Labieno, al mando de unas fuerzas casi simbólicas, se las ingenió para proteger la retirada de César, jugándose literalmente la vida. Pero Labieno, al contrario que Balbo, eligió mal. En un determinado momento, las circunstancias, ciertos malentendidos con Julio y la franca animadversión que sentía por el Gaditano (se rumoreaba se cachondeaba sin compasión de la falta de formación de Labieno y de sus modales casi bárbaros…) le “ayudaron” a cambiar de bando, y se pasó al ejército Pompeyano. En sus filas encontró la muerte en la batalla de Munda. Para comprender lo que César sentía por este hombre, hay que considerar dos datos:

1) Cuándo Cesar se enteró de que Tito le había traicionado, se limitó a ordenar que le mandaran sus efectos personales. Seguidamente pidió estar solo y algunas fuentes indican que se le saltaron las lágrimas.
2) Inmediatamente después de la batalla de Munda, César recorrió el campo acompañado de Balbo, buscando el cadáver de Labieno, probablemente con la esperanza de no encontrarlo. Según la leyenda, cuando divisó su cuerpo inerme, miró al gaditano, que se limitó a permanecer en silencio, y le espetó “¡Qué buenos amigos… si hubiera tenido dos vidas para no mezclaros!”

Turulato dijo...

Gracias al "método Caboblanco" -que me recuerda al sistema pedagógico jesuítico que disfruté siendo un tierno infante- estoy estudiado "lo que no se sabe".
Resulta que estos días estoy leyendo un libro, escrito por diversos profesores, que analiza el transcurrir del nombre de España; en él, al tratar el final del periodo republicano en Hispania, aparecen los dos Balbos..
He aprendido que existieron los Garamantes y que "nuestro amigo" financió la construcción de un teatro en el Campo de Marte.
Jefe de la Caballería romana fué Lépido, aunque no sé sí es al que te refieres.
Y, en fin, lo que tengo claro es que "El Poder" es algo así como una máquina y las máquinas funcionan mejor "engrasadas"..
Y cada día me doy más cuenta de que las personas fuimos, somos y seremos siempre iguales en nuestro comportamiento.

Caboblanco dijo...

Correcto Turulato, los "dos" balbos...uno el mayor, que es el que nos ocupa y otro, el menor, que sobre el que tú nos aportas los datos del teatro o los Garamantes. Para acabar de complicar el tema, ambos se llamaban exactamente igual. Balbo, el mayor, legó en su testamento a cada ciudadano romano 25 denarios de su propio bolsillo.

Lépidos, ha habido en Roma más que Rodríguez en España, pero creo que al que tú te refieres es a Marco Emilio, componente del primer triunvirato junto a César y Pompeyo, y sí, bastante buen jinete. Intentó vengar el asesinato de César pero Marco Antonio no le autorizó. Murió confinado en una isla por orden de Augusto, en el 13 a.C.

¡Que poco han cambiado los vicios y los defectos de los hombres en 2000 años de historia!

Azul dijo...

Pues yo disfruto mucho...de la historia romana, sabia lo justo, alguna que otra cosa por ahí que vas leyendo...Memorias de Adriado...de Yourcenar me acerco de otra forma a toda esta cultura...y cuando entro aquí es especial la forma de contarla y la forma de percibir todo.

Un biko!

Corazón... dijo...

Hola Cabo :)

Que manera de narrar la historia.

En este post, nos dejas claro que la maldad ha existido desde que el hombre nació y no se ha podido deshacer de esos vicios a lo largo de los años :(

Un saludo!

;o)

almena dijo...

Y no es sólo todo lo que conozco de nuevo leyéndote, sino que, además, nos estimulas a buscar la respuesta a tu pregunta final y... pues eso, que consigues que lea un montón de cosas sobre el tema de tu post.
:-)
Un abrazo!

leodegundia dijo...

Bueno, llego cuando la tertulia está más que animada.
Hay en tu pregunta algo que me despistó sobre el enemigo de Balbo y que era amigo de Cesar. Yo sabía de Tito Labieno, pero tenía entendido que era romano, no hispano, eso me hizo dudar. El resto de lo que cuentas de él en la respuesta a los comentarios si me coincide, por eso me gustaría me aclararas si era romano de nacimiento o hispano romanizado después.
Perdona que sea tan preguntona, pero cuando alguna información que tengo no me coincide con lo que leo me gusta aclararlo por si tengo que cambiar mis notas sobre el tema.
Un abrazo

Ana* dijo...

Gracias :-)

Caboblanco dijo...

Hola Leo.. efectivamente, Tito Labieno era Piacentino y esta fue una de las razones que, probablemente, hicieron que se decantara por el bando Pompeyano, ya que Pompeyo también lo era y, en aquellos tiempos, funcionaba a plena pastilla el sistema clientelar.

Cosa diferente es que Tito tenía unos rasgos celtíberos que tiraban pa´tras... y ello quizás fuera debido a una infidelidad con la servidumbre esclava ¡Se sabe que incluso había cachondeo en las legiones por su aspecto y sus formas!

Una abrazo Leo

Darilea dijo...

Como siempre leyendo tus historias romanas,
y todas las historias como en la vida actual rondando las envidias.
Un besito Caboblanco.

Raúl dijo...

Muy interesante lo que cuentas... Además, me gusta tu estilo narrativo.
Saludos desde Colombia,

Lunarroja dijo...

Es como tener al profe en casa.
Gracias, Caboblanco.