lunes, 17 de noviembre de 2008

En el punto de mira

Basilio, el primero por la izquierda...

Matar a un número determinado de personas asegura pasar a la historia. Pero hay muchos modos de hacerlo... Si se trata de un insigne general, de un valeroso y gallardo comandante que, ataviado de forma extraordinaria, dirige a sus tropas desde lo alto de una colina, consultando de cuando en cuando complejos mapas y escudriñando el horizonte con un catalejo... las posibilidades de figurar, de forma molona, en el contenido de cientos de libros son proverbialmente altas... aunque seas responsable de la muerte de miles de personas. Si hablamos de un soldado o militar de menor rango que, personalmente, segó la vida de cientos de enemigos, la probabilidad también es bastante elevada pero dejando un regusto amargo; una cosa es sentirnos Napoleón en Austerlitz, ganando la batalla de forma más o menos inocua y otra muy distinta ponernos en el pellejo de, pongamos, un francotirador que presencia los últimos cinco o diez segundos de existencia de aquel que está a punto de perderla.

No hay, quizá, persona con una relación tan íntima con la muerte ni con el muerto, como el francotirador; ser testigo, desde esa posición de falso privilegio, de la última mirada, del último resuello, exige, además de una inexcusable habilidad técnica, o bien la más absoluta apatía para con la víctima, o el más descerrajado odio. Y pocas personas podían sentir, en el pasado más próximo, más odio por otras, que los soldados rusos por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Puede que ahí esté la explicación de la preferencia soviética por está figura militar que, aunque presente en épocas anteriores – fueron famosos los francotiradores alemanes en Waterloo, por ejemplo... – se manifiestó con toda su crudeza durante uno de los episodios más terribles dentro de los enfrentamientos armados: el asedio de Stalingrado.

El mencionado asedio fue consecuencia de los avances del VI ejército alemán por las estepas ucranianas y que desembocaron a finales de 1942 en una encarnizada lucha por el dominio de la ciudad – y, paulatinamente, por sus ruinas – donde quedaron empeñadas las mejores fuerzas del ejército nazi y donde, ulteriormente, se produciría la segunda mayor rendición en masa de soldados alemanes durante la guerra, casi 95.000 más o menos. Como he indicado más arriba, la acción de los bombardeos pronto redujo las tres cuartas partes de la ciudad a un amasijo de escombros, hierros y tuberías que forzó a los alemanes a un tipo de lucha que los descomponía psíquicamente: en enfrentamiento casa por casa... Los rusos, sabedores de ello, destinaron a la ciudad a miles de tropas de dudosa calidad – carne de cañón, para entendernos... – con el fin de contener lo peor del ataque alemán y, a al vez, colocaron entre las ruinas a cientos de francotidores, hombres y mujeres, con el fin de provocar el pánico entre los pelotones alemanes y asegurar que allí no se durmiera a gusto ni con valerianas...

De ellos, el más famoso y reconocido ha sido Vassili Zaitsev, encarnado por Jude Law en el film “Enemigo a las puertas”. Siberiano de nacimiento, educado por su abuelo, un pastor, y de carácter y temperamento recio y calmado, demostró desde niño una facilidad para hacer blanco poco común. Después de graduarse en la Armada Soviética como ¡bibliotecario y tesorero! fue recuperado para la causa y destinado a Stalingrado con veintiséis años... y con la orden expresa de “cepillarse” a cualquier alemán que tuviera centrado en su visor telescópico.

Lo de Vassili debía ser de traca; desde muy pronto, los periódicos oficiales del régimen dieron cuenta de sus hazañas que, en los momentos tan duros por los que pasaba la Rodinanombre con el que los rusos de todas las épocas han identificado a su madre patria... – eran seguidos por los soldados de las trincheras con verdadera devoción. La clave de su éxito, amén de su punteria, era el obsesivo cuidado con el que seleccionaba sus posiciones de tiro así como su capacidad de su camuflaje. Además, Vassili no sólo se ocupaba de hacer subir su contador, sino que también adiestraba a otros compatriotas en el arte del disparo de precisión, entre ellos a Tania Chercova, una excelente tiradora que también fue su amante. En un determinado momento, cuando el ruso ya se habría cobrado – perdóneseme la expresión... – más de cien victimas, al alto mando alemán se le hincharon las narices y mandó a otro francontirador, entrenador de la escuela alemana de tiro, un tal Heinz Thorvald.

Pues bien, Vassili y Heinz se estuvieron buscando las cosquillas durante varios días, moviéndose con sigilo con la esperanza de localizar a su adversario hasta que ambos se encontraron – sería más correcto decir que ambos sospecharon que ahí estaba el otro... – en la fábrica de tractores Octubre Rojo. Allí estuvieron tres días, esperándo mutuamente el error del contrario hasta que Vassili y otro fancotirador ruso, de nombre Nikolai, creyeron saber dónde estaba y urdieron un plan para descubrirlo. Nikolai asomó un casco, el alemán disparó y aquel se arrojó al suelo gritando de dolor. Thorvald mordió el anzuelo y levantó la cabeza para contemplar a su víctima, hecho que aprovechó Vassili para volársela.

Esta historia del enfrentamiento entre Zaitsev y Thorvald no está del todo documentada en ninguno de los bandos enfrentados pero, por la cantidad de alusiones indirectas de todo tipo, casi no queda más remedio que aceptarla. En cualquier caso sobrecoge imaginar por un momento las inquietantes esperas a las que esta “profesión” obligaba, además del dilema moral que supone acabar con la vida de una persona tan directamente... y de esa forma, tan maquinal, sin el más mínimo aviso... pero viéndola en todo momento. Dios nos libre...

CLAVES

  • Los alemanes estaban bien entrenados pero su industrialización motivó que su aprendizaje fuera más artificial. Los rusos, de economía más rural, solían estar acostumbrados a disparar desde bien pequeños. Por eso eran especialmente hábiles a la hora de acechar y acertar a blancos en movimiento... que es lo más parecido a cazar.
  • No está del todo claro el número de blancos acertados por Vassili por más que algunas fuentes le asignen unos 250 "aciertos". Aunque los soviéticos mantenían una especie de ranking para motivar al personal, el bueno de Basilio confesó más tarde que "nunca los contó..."
  • Si está más claro, esta vez por informes alemanes, el número de bajas en el ejército nazi. Se cree que más de 3.500 hombres, en su mayoría oficiales y suboficiales, murieron víctimas de un francotirador. Aunque las normas lo prohibían, los tenientes y capitanes alemanes a menudo se despojaban de cualquier insignia que delatara su rango y terminaban por vestir como un soldado raso. De ahí que cuando un oficial superior acudiera a evaluar la situación en el frente..., ¡tuviera problemas para encontrar al superior al mando!
  • Zaiysev prestó servicio hasta mediados de 1943, momento en que la deflagración de una granada le produjo heridas en los ojos con pérdida de visión. Más tarde se reincorporó, recibiendo al concluir la guerra, el título de héroe de la Unión Soviética, la más alta condecoración en su día.
  • En la actualidad y como dato para no iniciados... un moderno rifle de francotirador habilita a su dueño para hacer blanco, en condiciones normales, a casi tres kilómetros de distancia.

4 comentarios:

unjubilado dijo...

Gracias por tu comentario en mi blog.
Aunque no lo parezca te leo siempre que actualizas, te tengo enlazado en Bloglines.
Casi no comento en ningún blog, no contesto a los comentarios que se hacen en el mío.
El problema es que tengo a un familiar encamado en casa desde hace un tiempo, anteriormente estuvo ingresado, con lo que mi mujer y yo nos pasábamos los días en el hospital.
Voy publicando los pps, que me envían, pero en la actualidad no aporto nada nuevo, no tengo ánimos para ello.
He buscado la vida de Vassili Grigorievich Záitsev, he encontrado muchas referencias, pero siempre me ha gustado la manera en que haces tus relatos.
Perdón por comentarte algo ajeno al artículo.
Saludos

Turulato dijo...

Hoy, quizá porque somos menos cazadores, reciben preparación psicológica.
Y es curioso, para quien aprenda observando, contemplar como un facultativo cuyos estudios y preparación tienen por finalidad mejorar la salud, se dedica a estabilizar la mente de un individuo para que ejecute con calma.
En fin.

BITÁCORA SANJUANERA dijo...

Muy interesante, me apasiona la historia pero jamás había oido nada de esto, yo soy más de la rama medievalista. De todos modos me sorprendio gratamente tu blog, por lo que lo añado a mi lista de favoritos para visitarte más amenudo.

Gracias por tu visita y comentario en mi blog.

Saludos y besos.

verracus dijo...

Interesante post. Como curiosidad, en la Guerra Civil Española a los francotiradores se les llamaba "pacos". Algunos dicen que es por la onomatopeya disparo-impacto y otros por la de disparo-eco (sobre todo en escenarios urbanos con edificios o en ambientes montañosos)

Un saludo.