martes, 1 de marzo de 2005

Breve historia de Roma para la hora del café (II)


"El rapto de las sabinas" de Jacques Louis David.


En la primera entrega de nuestra historia, habíamos dejado a Rómulo justo después de haber acabado con la vida de su hermano. Pocos datos más podemos añadir a lo que ya sabemos del primer soberano de Roma. Según la mitología romana, Rómulo murió en el 716 A.C., y tras expirar, desapareció en una tormenta y subió a una de las siete colinas sobre las que se empezaba a asentar la ciudad, para convertirse en el dios de la guerra Quirino. Esa colina llegaría a conocerse con el nombre de Quirinal.

La leyenda más conocida del reinado de Rómulo es la que trata del Rapto de las Sabinas. El problema de lo primeros colonos de Roma, era que no conseguían que las mujeres se establecieran en su tosco asentamiento. Así que los romanos fijaron la vista en las mujeres de los sabinos, grupo de pueblos que vivía al este de Roma. Mediante algunos engaños y, en último término, el uso de la violencia, se hicieron con ellas. Los Sabinos lo consideraron motivo de guerra y así Roma se encontró enzarzada en el primer enfrentamiento de su historia. Los atacantes sabinos pusieron sitio al monte Capitolio y entrevieron la posibilidad de una victoria gracias a Tarpeya, hija del general romano que dirigía la resistencia contra ellos.

Cuenta la leyenda, que los Sabinos consiguieron que Tarpeya les abriera las puertas a cambio de todo lo que los asaltantes llevaran en el brazo izquierdo (en alusión a los brazaletes de oro que los guerreros sabinos portaban en ese brazo). Una noche, Tarpeya, les franqueó la entrada, pero murió entre los escudos que le arrojaron los atacantes, que también llevaban en el brazo izquierdo. En lo sucesivo se llamaría Tarpeya a un peñasco que estaba en el Monte capitolio y desde el que se arrojaba a los culpables de alta traición al estado romano.

Como quiera que la guerra había llegado a un punto muerto, las mujeres sabinas proclamaron que no querían perder a sus padres y hermanos pero tampoco a sus nuevos maridos, así que se llegó a una paz negociada y Rómulo reino entre sabinos y romanos. Como tantas otras veces, la leyenda tiene algo de realidad. Es probable que ya hubiese aldeas en las siete colinas y que, con el tiempo, varios poblados vecinos se unieran para dar origen a Roma. Quizá la ciudad nació por la unión de tres de esas aldeas, cada una de las cuales aportó una tribu: una de latinos, otra de sabinos y otra de etruscos. La misma palabra «tribu» proviene de otra palabra latina que significa «tres».

Después de Rómulo, subió al trono Numa Pompilio. El mayor logro de este hombre fue iniciar el embrión de lo que, con el tiempo, sería la religión romana. Numa, reunió antiguas creencias orientales con mitos autóctonos del Lacio e instauró el culto al Dios Jano, el primero, pero no el más importante de los Dioses de Roma. El segundo soberano de Roma murió en el 673 A.C.

¡Atención!, curiosidad: Jano es el Dios de las puertas. Su importancia es superior a lo que podéis pensar ya que las puertas simbolizan las entradas y salidas, es decir, el principio y el fin. Por eso, en inglés, Enero es January, el mes de Jano, el primer mes del año; y Janitor es portero, el que guarda la puerta. Se suponía que las puertas del templo de Jano estaban abiertas cuando Roma estaba en guerra y cerradas cuando estaba en paz. Estas permanecieron cerradas durante el pacífico reinado de Núma, pero el mejor indicio de la posterior historia bélica de Roma lo proporciona el hecho de que en los siete siglos siguientes de existencia de la ciudad la entrada al santuario sólo estuvo cerrada cuatro veces, y ello sólo por breves períodos de tiempo.

Hasta mañana.

No hay comentarios: