lunes, 16 de febrero de 2009

Las compresas de Victor Belenko



El 6 de septiembre de 1976, un extraño aparato apareció sobre los cielos del aeropuerto japonés de Hakodate y en medio del estupor general, acertó a efectuar un aterrizaje de emergencia que casi le llevó a impactar con la torre de comunicaciones. Victor Belenko, que así se llamaba el piloto, tuvo suerte de sobrevivir... En su desenfrenada toma había reventado uno de los neumáticos del tren de aterrizaje y además, apenas le quedaba combustible en sus depósitos para tres minutos más de vuelo. Pero a Belenko no le importaba nada; más bien al contrario, estaba contentísimo y con los ojos abiertos como platos.

Acababa de desertar.

Belenko, además, era portador de un maravilloso regalo... Nada menos que un Mikoyan Gurevich Mig-25, el arma más secreta de la Unión Soviética en aquellos días y un enorme quebradero de cabeza para los generales occidentales que sospechaban – luego veremos que con poco fundamento... – que la nueva nave era la ficha que iba a permitir recuperar a los malísimos rojos la iniciativa en el campo aeroespacial.

Del mencionado Mig, se sabía bien poco... Algunas fotos mal enfocadas no permitían hacerse una verdadera idea de sus dimensiones pero los informes de inteligencia hablaban maravillas de una máquina que, al primer intento, había mandado a freir espárragos una docena de plusmarcas de altitud, velocidad y ascensión. Poco a poco, el avión fue adquiriendo un aura casi mitológica que el desconocimiento no pudo sino acrecentar y Occidente, al borde de un ataque de nervios, puso a toda su red de “colaboradores” a intentar pescar a alguien a quien le apeteciera ceder uno a cambio de un talón al portador.

Sin embargo, los motivos de Belenko no fueron éstos. Decidido a salir de la Unión Soviética desde años atrás por el medio que fuera, ni siquiera fue contactado por la inteligencia estadounidense; Victor diseñó un plan de vuelo viable y esperó meses a que sus propios mandos le ofrecieran una misión lo suficientemente al este como para alcanzar sin problemas la costa del Japón. Una vez en el aire, se retrasó de sus compañeros y aceleró a fondo sus postquemadores rumbo al sol naciente... y con una sonrisa de oreja a oreja.

Sólo pretendía ser libre.

Los japoneses llamaron a los americanos que, alborozados, procedieron a estudiar al Mig, sometiéndolo a un despiece contundente, devolviéndolo al cabo de 67 días – en medio de un cabreo monumental de la URSS... – y llegando a la conclusión de que, afortunadamente, no era para tanto; aunque construido en titanio y capaz de enormes velocidades, sus sensores y sistemas de radar seguían estando un escalón por debajo de los occidentales y su maniobrabilidad era escasa. América respiró...

Belenko, mientras tanto, fue enviado a Estados Unidos donde se le acogió como refugiado político y se contrató a una maestra que durante unas semanas le explicó como funcionaban las cosas en el “mundo libre”. Su primera salida, acompañado de dos agentes de la CIA, fue a un supermercado, donde aparte de sorprenderse por la ausencia de colas y de vales de comida se quedó alucinado ante el aluvión de productos que poblaban las estanterías. Sin saber que comprar, cogió una caja que tenía escrita la palabra “libertad”...

Era una caja de compresas con alas.

Muy apropiadas para un piloto.

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Para saber más del Mig-25, aquí.
Para saber algo de Victor Belenko, aquí.

4 comentarios:

Edem dijo...

Curioso, sobre todo la entrevista. Curioso, decia, que los "desertores" del bloque sovietico (pon aqui cualquier pais de ese bloque) que pasaron a los EEUU practicamente son considerados heroes nacionales alli. Y sin embargo, los casos contrarios todavia sean intocables (como los 4 britanicos).

Yo tuve un profesor, que decia que la guerra fria la ganó los EEUU cuando obligó a la URSS a armarse hasta los dientes. Claro, con tanto dinero, el resto de su economia se resintió y cayó. Y que lo realmente bueno del asunto, es que la URSS, si bien tuvo algunas buenas ideas (robadas o desertadas por los EEUU), nunca tuvo realmente la delantera en esta batalla. Dado que la URSS ya no existe, (aunque ojo con Rusia, podria darnos algun susto) y los EEUU si, algo de razón tendria, no?.

daalla dijo...

He llegado a tu blog por casualidad y como veo que hablas, entre otras cosas, de emperadores romanos, tema que me gusta, voy a seguirlo a partir de ahora.
Un saludo.

Primipilus dijo...

Como dice el refran: "Donde las dan las toman" porque la URRSS se la jugo de la misma forfa a los estados unidos.

A finales de la WWII un grupo de B-29 tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en suelo soviético. Estos fueron inmediatamente retenidos, aunque los USA reclamarón su inmediata devolución. Los soviéticos retrasarón la misma todo lo posible utilizando cualquier escusa (como por ejemplo cuarentenas sanitarias).

Al fin después de 4 meses los aviones fueron devueltos...pero sospechosamente en 1947 aparece un nuevo bombardero estratégico ruso el Tu-4 que era una copia exacta del B-29, el cual fue sometido aun proceso de ingeniería inversa en esos 4 meses mostrando todos sus secretos y tirando por la borda el fruto del proyecto militar mas caro de la WWII (junto al proyecto Manhattan) al ser mostrados a los nuevos enemigos.

Supongo en las altas esferas de USA debieron de disfrutar este incidente por partida doble.

Saludos

Miguel dijo...

Aclaración a Primipilus: La URSS NO devolvió los 3 B-29s que aterrizaron en Siberia después de bombardear a Japón. La tripulación de los mismos tampoco fue "devuelta." Se les permitió "escaparse" a través de Irán, aunque fueron tratados bien mientras estuvieron en la URSS. A los amigos lectores del blog que lean inglés, les invito a leer una pregunta que hice en la revista "Armchair General" ("General de Mecedora") sobre la deserción de Víktor Belenko. Pueden acceder a la pregunta aquí:

http://thoughtsonthecoldwar.blogspot.com/2009/06/viktor-belenko-hero-or-traitor.html

También les invito a visitar el website de mi novela "BEAR - Vuelo a la Libertad" en:

www.bearvueloalalibertad.com

La novela trata sobre la deserción de la tripulación de un avión de reconocimiento de largo alcance Túpolev TU-95 RTs (OTAN: Bear D), el 4 de agosto de 1976, desde la URSS a Canadá.

Es un placer estar en contacto con otros amigos interesados en los temas de la Guerra Fría.