miércoles, 19 de octubre de 2005

Mujeres juegan... y ganan

En el 195 a.C., inmediatamente después de una de las guerras púnicas, las mujeres de Roma, formando cortejo – como si no…- se dirigieron al Foro y exigieron al parlamento la abolición de la Lex Oppia, promulgada durante el régimen de austeridad impuesto como consecuencia de la amenaza de Aníbal, que prohibía al sexo débil – por decir algo…- los adornos de oro, los vestidos coloreados y el gobierno de vehículos… de carros, quiero decir…

Por primera vez en la historia de Roma, se aceptaba que las mujeres fuesen protagonistas de algo. Pero es que estaban haciendo algo más: tomaban la iniciativa política y, en suma, afirmaban sus derechos; hasta entonces, esto no había sucedido jamás. La vida pública romana era solamente masculina. Las mujeres no contaban más que en la privada, es decir, en el ámbito familiar de la casa, sonde su influencia quedaba circunscrita a sus funciones como madre, esposa o hermana de hombres…

En el Senado, Marco Porcio Catón, a la sazón jefe del partido misógino y “censor” encargado de vigilar las costumbres, se opuso a la petición de manera furibunda. El discurso que pronunció aquel día, que Livio tuvo la gentileza de dejar escrito, dice mucho de las transformaciones que, en fechas tan tempranas de la historia, estaban experimentando la vida social y familiar de la Urbe:

“Si cada uno de nosotros, señores, hubiese mantenido la autoridad y los derechos del marido en su propia casa, no hubiéramos llegado a este punto. Ahora, henos aquí: la prepotencia femenina, tras haber eliminado nuestra libertad de acción en la familia, nos está destruyendo también en el Foro. Recordad hermanos, lo que nos costaba sujetar a las mujeres y frenar sus licencias, cuando las leyes aun nos permitían hacerlo. E imaginad que sucederá de ahora en adelante si estas leyes son revocadas y las mujeres quedan puestas, legalmente, en pie de igualdad con nosotros ¿no lo veis todavía?... yo os lo diré: los hombres de todo el mundo, que gobiernan a sus mujeres, serán gobernados por los únicos hombres que se dejan gobernar por sus mujeres…los romanos.

Las manifestantes ya habían estallado en risotadas a la mitad del discurso pero, tan dicharachero cierre, hizo que hasta los senadores tuvieran que esconder la cabeza entre los pliegues de la toga. La lex Oppia fue revocada y Catón, ciego de ira, trató de recobrarse transformando la prohibición en un impuesto que gravaba de forma leonina lujos y joyas. Pero ciertas ventoleras, cuando empiezan a soplar no hay quién pueda pararlas ni barba de censor que las resista así que, las sufragistas, volvieron a sus casas a la carrera para propagar a los cuatro vientos los parabienes de la nueva situación. ¿Los maridos? Pues pelín fastidiados: no solo se había sentado un engorroso precedente que cuestionaba su supremacía sobre sus esposas sino que, gracias a Catón, iban a empezar a pagar la bisutería fina con VISA, porque como consecuencia de la nueva tasa, se acababan de duplicar sus precios…

Según Livio, ese mismo día, cierta cantidad de hombres se dirigió a casa de Catón en medio de un gran alboroto…sin duda, querrían agradecerle el favor.

Buenas noches.

14 comentarios:

Lunarroja dijo...

Parece mentira que casi 2200 años después, las cosas... no sean tan diferentes.
Las mujeres ahora jugamos y ganamos, sí; pero también hay hombres que se siguen asustando con una igualdad merecida y que continuan jugando a imponer su orden dentro del hogar.

Buenas noches.

Darilea dijo...

Las mujeres siempre expuestas a las decisiones de los hombres.
Menos mal que poquito a poquito nos vamos habriendo paso ante esta situación. No soy feminista
pero hay todavía muchos matices que solventar.
La mujer sigue estando bajo el yugo del hombre.
Entre comillas eh¡.
Que no todo el campo es oregano.

Un besito. Muack.

leodegundia dijo...

La eterna lucha ¿quién vale más, quién puede más?. No se si algún día los hombres y mujeres llegarán entenderse o si será mejor que sigan así, quizás esta "lucha" forma parte de la diversión de la vida.
Jaja, me hubiera encantado ver el cabreo de Catón, pero ni por asomo haber pertenecido al personal femenino de su casa, seguro seguro que pagaron los platos rotos. ¡Ay, hombres hombres!
Tienes razón que cuando ciertas ventoleras empiezan a soplar no las para nada ni nadie.
Me temo que hoy tendrás muchas visitas femeninas que a pesar de tu buen artículo querrán dejar sus quejas, eso si, a protestonas no nos gana nadie.
Un abrazo

Consumidor contador dijo...

Siempre sucede lo mismo en cuanto se profundiza un poco en la historia en necesario exclamar:
¡Que modernos esos antiguos! o con mucha mas propiedad ¡Que antiguos estos modernos"

Dianora dijo...

Antiguos los modernos... incapaces de evolucionar sin echar la vista atrás.

Anazia dijo...

Poquito a poco las fronteras se abren, igual algún día formaremos la Comunidad...

marcarlop dijo...

En los estudios de género y de historia de las mujeres una de las tendencias más aceptada es que las mujeres han tenido más o menos influencia pública a lo largo de toda la historia. Algunas añaden lo del círculo: avances, retrocesos y así... esperemos que hasta ahora.
Tengo entendido que Roma no se considera una época de las más retrógadas en este sentido: por lo menos las mujeres se ven, no quedan completamente anuladas (fiestas, en el circo, en este caso, etc.)

Hoy me he puesto al día, y he leído también el post anterior. Cabo, realmente el blog es interesante, ameno y para aprender. Los comentarios que amplian información también reunen esa característica y me han parecido enriquecedores. Como si iniciases un diálogo. Te felicito.

Un abrazo

marcarlop dijo...

disculpa, me faltaba añadir en el primer párrafo: más o menos influencia pública a lo largo de toda la historia, según las épocas y las diferentes culturas. En unas nada, en otras algo, en otras más...

(es que parece que diga que siempre han tenido alguna y eso no es así, jejeje un lapsus)

Grial dijo...

Tu post me ha traido a la mente la famosa frase: "Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer"...el día que se diga, junto a un gran hombre hay una gran mujer, se habrá dado un gran paso...
Un beso :)

Caboblanco dijo...

En el medio de la diana, Grial. Esa, efectivamente, debe ser la idea. De ahí a considerarnos a todos personas, solo hay un pequeño paso.

Ana* dijo...

Qué alegría me das con esta anécdota; hay que celebrar que al menos alguna vez una iniciativa de este tipo ha salido bien. Me has recordado algo que leí hace poco (me parece que escrito por Rosa Montero): que el progreso de una sociedad se mide por los derechos que en ella tienen las mujeres. El caso es que me cuadra: la civilización romana fue una sociedad avanzada, aun en aquel tiempo, ¿no?

Turulato dijo...

"Compañero del alma", amigo mío:
¡Has rozado la "tragedía"!. Estos "jardines" son peligrosísimos. Yo he esperado un poco antes de decir algo.
No parece que se hayan fijado en las dos insinuaciones perversas de tu primer párrafo..
Y sólo tengo dos comentarios que hacer; uno, ahora que no estoy en mi "blog" y no "llueve", es que sigo manteniendo que ellas son más resistentes (en todos los órdenes), y otro es continuar lo dicho por "Grial"..
Sencíllamente, no soy un gran hombre ní un hombre mediano -siquiera-, pero lo que soy se lo debo a las mujeres que he amado, pues me han enseñado a ser, a entender la vida, a vivir, en suma.
Los hombres me han enseñado a luchar.
Y como lo segundo lo aprendí mucho mejor, quiere decir que lo que ellas pretendían es más difícil.

Caboblanco dijo...

¡Hola Turulato! Coincido contigo en lo que dices... y en lo que callas. Hombres y mujeres somos, en teoría, capaces de sentir sensaciones parecidas y de pasar por todos los estados desde el amor al odio pero, lo que creo que es irrefutable, y aquí me estoy "jugando el andamio", es que en la mayoría de los casos, la muesca que deja la mujer en la culata de un hombre es mucho más profunda y dolorosa que al contrario.

Tenía que decirlo...

leodegundia dijo...

Sr. Turulato ¿está seguro de que no nos fijamos en las dos "insinuaciones perversas"?. Piense por un momento en que sencillamente acostumbradas a ellas, ya ni las tenemos en cuenta.

Caboblanco, ese pequeño paso al que hace referencia tardará todavía mucho en llegar, primero sería necesario ampliar algunas mentes muy pequeñas y eso lleva tiempo.