domingo, 23 de octubre de 2005

Solo hablarán de tí

"No dejéis que los bárbaros de Menfis continúen hablando de sus pirámides, ni que los astros se jacten de Babilonia ni que los jonios ensalcen el templo de Artemisa. Haced que el altar de los muchos cuernos deje de hablar de Délos, y que los habitantes de Caria dejen de exaltar hasta los cielos el Mausoleo suspendido en el aire, con oraciones extravagantes. Toda la admiración se la merece el anfiteatro de César. Los tiempos hablaran de él, y no del resto…"
Marcial, siglo I d.C.

Estas palabras las pronunció el poeta Marcial , con motivo de la inauguración del Coliseo de Roma, allá por el año 80 d.C. y tienen mucho de proféticas, porque con el tiempo, este magnífico edificio se convertiría en el símbolo de poder de una civilización que se resistía a dejar de ser capite mundi. En la actualidad, tendemos a asociar al Coliseo a una imagen sangrienta, consecuencia de los combates de fieras y gladiadores, y matanzas de cristianos que tuvieron lugar en su interior, pero bien mirado, tan desagradables connotaciones no consiguen ocultar su tremenda dimensión arquitectónica ya que, hasta la fecha de su construcción, no se había levantado en Roma edificio de similares dimensiones y , ya en plena edad media, se le seguía considerando una de las grandes maravillas de la antigüedad.

Las obras se iniciaron a principios de los años 70 d.C. bajo el reinado del tacaño emperador Vespasiano, y se concluyeron en tiempos de su bondadoso hijo Tito, sin bien las secciones inferiores de los sótanos no se remataron hasta Domiciano, hermano del anterior. Como todos los grandes proyectos políticos de la historia, nacieron de la necesidad de “contentar” al pueblo y no dejarse votos por el camino, desviando su atención de otra serie de cosas, generalmente de mayor importancia. Durante el reinado del crápula Nerón sólo existía en la ciudad un sórdido anfiteatro que, para colmo, quedó destruido por el incendio del año 64 d.C. Tras la catástrofe, las energías del malsano emperador quedaron abstraídas por la obras de la Mansión de Oro que iba a edificar en alguno de los solares surgidos en la ciudad como consecuencia del siniestro. Al conocerse la noticia, la plebe estalló en indignación ante semajante falta de "tácto político": estaban dispuestos a no tener que comer, ni donde dormir... ¡pero quedarse sin combates de gladiadores...eso sí que no! Cuando Vespasiano tomó el poder, en un calculado gesto, se apresuró a la construcción de un nuevo anfiteatro en las ruinas de lo que habían sido los jardines de la Villa del anterior emperador; “Vespa” no encontró mejor manera de escenificar las diferencias entre el anterior mandamás y su persona…

Aunque el diseño el edificio seguía la larga tradición de construcción de teatros y anfiteatros romanos, el resultado final fue una obra realmente original y única. La extraordinaria fachada se dividía en cuatro niveles diferentes, tres de arcos superpuestos flanqueados por columnas de los tres órdenes clásicos (dorico, jonico y corintio) y un cuarto construido con sillares y rematado en lo alto por pilastras. Se calcula que tenía una capacidad para 60.000 espectadores, que accedían al interior desde una zona delimitada por postes, a través de 76 entradas numeradas, con tornos automáticos... (¿eh? ahh... oyé que no, tornos no, que no estaban inventados)... situadas en la planta baja y que permitían un accedo rápido y ordenado a cada una de las secciones de las gradas. Cada una de esas secciones descansaba sobre varios arcos de hormigón superpuestos; las gradas del piso superior eran de madera y, las del inferior, de piedra, y estaban situadas relativamente cerca de la pista, que a su vez estaba separada de las gradas por medio de una valla y una plataforma donde se encontraban los asientos de mármol del emperador y los funcionarios públicos.

Una de las claves de la elegancia del edificio es, sin duda, la piedra utilizada en su construcción. A pesar de los cimientos de 13 metros de largo que soportaban la estructura principal, semejante altura y capacidad de espectadores hacía necesaria la utilización de un material robusto y ligero. La solución fue emplear toneladas de piedra travertina, un tipo de caliza volcánica muy porosa pero resistente hasta el extremo a las presiones y los cambios de temperatura. En cambio, para determinados muros se uso toba, otra variedad de piedra volcánica pero mucho más blanda y ligera. El problema de estas piedras no era solo la dificultad que planteaban a la hora de extraerlas de las canteras, situadas más de 20 kilómetros al este de la ciudad, sino que además, había que transladarlas hasta el lugar de las obras. Todas y cada una de las 240.000 tolenadas de piedra utilizadas en la construcción del Coliseo se tuvieron que llevar a Roma en almandías a través del Tíber, y el último trayecto del viaje hubo de realizarse en carros tirados por bueyes. Si se tiene en cuenta que las obras duraron ocho años, se calcula que de los muelles del Tíber salía un carro con una tonelada de piedra ¡cada 7 minutos!... si lo viera Gallardón... Si a esto unimos que los carros con material de construcción eran de los pocos que podían transistar por la urbe con libertad total y a cualquier hora del día, no es difícil imaginar el cabreo que los habitantes de las principales vías de Roma, tuvieron que agarrarse mientras la construcción del coloso avanzaba.

Pero la complicaciones se multiplicaban; la piedra travertina es bastante dura a la hora de trabajarla lo que, aparte de desesperar a canteros y esclavos, motivó que solo se dedicaran esfuerzos para nivelar la faceta del sillar que daba al exterior del edificio. Por esta misma razón se utilizaron 300 toneladas de grapas construidas a base de una aleación de hierro y plomo que, estratégicamente colocadas, reforzaban las partes críticas de la estructura. Otra problemática de primer orden fue elevar enormes bloques de piedra a alturas más que considerables, así como su posterior colocación en el emplazamiento definitivo… me explico: en las obras a base de hormigón, basta con utilizar ligeros andamiajes para que trabajen los obreros pero, en la construcción con pesados sillares de piedra requiere de fuertes grúas para elevar los bloques y de una plataforma suficientemente sólida como para depositar en ella dichos bloques. Los romanos tardaron en entenderlo; Marcial nos habla de frecuentes derrumbamientos en los primeros años de construcción, que costaron la vida a cientos de esclavos y que la situación debió de ser ciertamente dramática, ya que incluso se tuvieron que parar las obras; pero no penséis que era para velar por la seguridad de los “workers”… ¡que va!: el Emperador, simplemente estaba indignado porque no se avanzaba con la suficiente rapidez. La solución de compromiso que se adoptó, fue disminuir el uso de la piedra travertina, más pesada, a medida que el Coliseo iba ganando altura; de hecho, en la cuarta grada, tan sólo está presente en la fachada.

Para la solemne inauguración del anfiteatro se organizaron unos colosales juegos, que duraron 100 días, y que el propio Marcial no dudó en calificar como de “espectaculares efectos especiales”. Para favorecer dicha espectacularidad, la pista no era maciza sino que era una base de tablones recubierta de madera, al más puro estilo de la que hoy se vende en los centros comerciales, y que luego colocamos nosotros para que a los tres días, tenga que venir un profesional a decirnos que no está a nivel… Pues bien, debajo de la tarima, existía un complejo entramado de pasillos y recintos subterráneos, además de un sofisticado sistema de jaulas y contrapesos que permitía sacar a la pista hasta 64 fieras al mismo tiempo, entre el regocijo del público… y el más que lógico cabreo del gladiador de turno.

Sin embargo, de uno de los elementos más increíbles de todo el Coliseo, no queda prácticamente ninguna evidencia. En lo alto de la construcción, por encima de la planta superior, se extendía un imponente toldo (velarium) que protegía a los espectadores de las inclemencias meteorológicas. Entre las pilastras superiores de la cornisa se practicaron 240 agujeros, en los que se supone iban otras tantas astas que sujetaban el toldo. No se sabe a ciencia cierta como se desplegaba, pero el hecho de que en su confección participasen mil marineros de la flota romana da una idea bastante aproximada de que no se trataba de un toldo de cafetería, precisamente. Fuese cual fuese el mecanismo empleado, el velarium, a causa de sus dimensiones, debió constituir un hito del diseño y de la arquitectura, quizás tan grande como el anfiteatro en sí…

Al Coliseo, como a cualquiera, le llegó su hora. En el 407 d.C. se prohibieron los juegos de gladiadores y en el 523 d.C. las matanzas de bestias salvajes. Sin una utilidad clara y sin un Imperio detrás que lo necesitase para proclamar su gloria, el edificio languideció lentamente hasta que, a principios del XIII d.C. una acaudalada familia lo reformó como fortaleza personal; durante los dos siglos siguientes, el pillaje desangró de mármoles las espléndidas fachadas y graderías. El saqueo solo terminó cuando la iglesia católica construyó en su interior una pequeña capilla y un altar. Pero hoy, aún está ahí, convertido en un símbolo de lo duradero y lo universal, mirándonos desde lo alto con cierta altivez… y quizás incluso con pena, porque el hombre no ha sido capaz de hacer tan universales y duraderos, sentimientos como el amor, o principios como la justicia o la tolerancia.

si moldeáramos corazones, como moldeamos la piedra...


16 comentarios:

muralla dijo...

Primero decir que me gusta la nueva cara de tu blog, aunque son tus palabras las que lo hacen como es. De nada.

Otra curiosidad más a anotar gracias a ti. Hermoso edificio y alucinante toda su construcción que tan bien explicas. Imagino lo que sería todo el jaleo y ajetreo en aquella época que se nos muestra dorada...
Bicos. Muralla.

Andrea Recol dijo...

Has estado alguna vez en el Coliseum? Supongo que dado tú interés por Roma alguna vez habras estado.

Creo que cuesta mucho escribir sobre cualquier lugar con pasión si no has estado allí. Creo que éste y, en general, tus otros posts transmiten esa pasión. Besitos de Andrea

Lunarroja dijo...

Ojalá el Coliseo aguante muchos años en pie.
Hace mucho tiempo dejó de ser una impresionante construcción para convertirse en todo un símbolo universal.
Y ojalá sigamos aprendiendo cosas tan interesantes como éstas.

Caboblanco dijo...

Hola a las tres; nunca he estado en la ciudad eterna aunque espero poder ir en breve. Lo de escribir con pasión o no, creo que lo determina el alma, y la mayoría de las almas han estado en muchos más sitios que sus dueños... ¡Vosotras escribís en vuestros blog de una forma, tanto o más pasional, que yo!

Debemos entender el Coliseo como la capacidad humana de que sus creaciones sobrevivan durante siglos, a los buenos y a los malos momentos. Ójala el hombre entienda que hay sentimientos que también merecen ser universales e inmutables como el amor, la tolerancia o el respeto... y ójala que algún día, el hombre consiga que estos sean tan indestructibles como este anfiteatro.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

El ritmo de construcción y de trasporte de la piedra me han dejado con la boca abierta.

leodegundia dijo...

El Coliseo de Roma tiene todo el encanto de los edificios llenos de historia, cuando entras a visitarlo y te sientas un rato en silencio, parece que tomara vida y puedes oir los gritos, las risas, palpas el miedo, la rabia; la alegría de unos y la tristeza de otros. Todo está allí, solo hay que escuchar.
No conocía tantos pormenores de su construcción, así que como siempre no me voy de vacío.
Un abrazo

Dianora dijo...

No conozco nada del Coliseo; bueno, nada, lo poco que lo tuve que estudiar en Arte, y me dieron muchos menos detalles de los que conoces.
Tampoco puedo decir nada de él que no sepas... ni siquiera le he visto; me han hablado de él como un edificio con personalidad... como aquella persona mayor cuya presencia hace silenciar a todos los presentes, y que giras una esquina de las calles romanas y te lo encuentras ahí, majestuoso como él solo puede serlo...
Algún día ... quien sabe... podré ver si es así.

Raúl dijo...

Bonita explicación de tan importante joya de la historia de la humanidad.
Saludos,

Una maruja en internet dijo...

Que sepas que siempre paso a visitarte auque algunas veces no diga nada y es que me dejas sin palabras. ¡Menudas lecciones magistrales! Eres un tesoro.
Te pongo una dirección de fotos de Roma por si quieres echarle un vistazo
Fotos

Caboblanco dijo...

Lo primero, gracias por el enlace Maruja. Mi madre también decía regularmente que la dejaba sin palabras... aunque creo que el contexto era otro.

La diferencia entre tu y yo es que a tí te basta con una frase. No he conocido a nadie que rentabilice las palabras como tú. Un abrazo

Azul dijo...

Aún estoy impresionada, no conocía tantos detalles del Coliseo...no sabía tantos "recovecos" que ocultan sus columnas...y me parece genial, tener este espacio entre tantos otros para poder disfrutar de lo que nos compartes.

Un biko y buen inicio de semana :)

almena dijo...

mmm Caboblanco, magnífico y detallado como todos, aunque... de final en tinte de pesimismo...
Yo quiero pensar, al contrario, que esos que citas son precisamente los "monumentos" que realmente perduran... aunque estén a la intemperie de todos los ataques.
Un abrazo!

diego dijo...

Primero, me gustó esta frase del principio: "Toda la admiración se la merece el anfiteatro de César. Los tiempos hablaran de él, y no del resto…"
Y después, creo que no puedo decir nada más al respecto, definitvamente estar ahí fue impresionante, como que te atrapa... En Vancouver, Canadá, la Biblioteca pública está basada en el Coliseo, curioso ¿no?. Saludos!

Grial dijo...

Y Marcial no iba errado.
El Coliseo, primeramente llamado Anfiteatro Flavio, es un monumento magnífico que recuerda la brevedad de las personas..
Un placer leerte, un beso :)

Trini dijo...

Sabes lo que me gusta de tus Post, además de lo interesante que resultan y las cosas que de ellos aprendo? pues, lo divertido que los haces, estoy metida en plena lid con los gladiadores, yo muy concentrada y zas, allá que hablas tú de tornos y me veo entrando a un estadio de fútbol actual, para a renglón seguido ver la cara del césar de turno arrojando a los cristianos a los leones. Eres genial,sencillamente genial.
Un abrazo

Turulato dijo...

Me adhiero a lo que afirmas sobre el uso de las palabras por "Maruja".
Y ahora a Roma. Yo no suelo ver "piedras", pues procuran impedirlo un "porrón" de japoneses alrededor de un paraguas..
La depredación del Coliseo y de cualquier edificio noble de aquellos salvajes paganos, la llevó a cabo con gran piedad y dedicación la Iglesia Romana.
Y donde no pudo afanar mármoles y desmontar piedras, cambió de nombre el lugar y lo convirtió en un templo para los fieles y devotos.
En cuanto a las grapas, aún se aprecian sus engarces a simple vista.
Impresiona. Sólo su estructura "a hueso" en pilastras y arcos me deja boquiabierto.
Y tres consejos:
*Tu hotel que esté dentro de Roma; y dentro es dentro, en, in,.. ¿Me captas?
*No te acerques por la avenida de la Consolación; es absolútamente inhóspita.
Con una excepción. Justo donde corta a la plaza de San Pedro, gira a la izquierda. Vete al anochecer. Allí en una esquina del exterior de la plaza está la puertecita del local de asistencia de las Misioneras de la Caridad -las de Teresa de Calcuta-. Lo que verás reconforta.
*El "papeo" en el Trastevere..
Y cuidado; la vida del turista es "molto pericolosa e pesante".
Ciao caro