jueves, 24 de enero de 2008

El "longbow" inglés

Un buceador recupera un arco del Mary Rose

Un día cualquiera del siglo XIV, un paisano, probablemente un simple siervo o, como mucho, un hombre libre sin mucho más perder que lo que en aquel momento le sirviese de vestimenta, se encuentra sumido en medio de una batalla, una batalla cualquiera en un lugar cualquiera... Su cuerpo se halla protegido por una fila de estacas y, al igual que sus compañeros, arma su brazo, apunta, dispara y, a unos doscientos metros, un orgulloso caballero cae de su corcel, atravesado por una flecha y, probablemente, muerto. Esto, que dentro de su brutalidad nos puede parecer hasta normal o, al menos, causarnos indiferencia, supuso en su momento un verdadero anatema incluso religioso. En aquel entonces, en un mundo imperfecto separado por castas, clases u órdenes, el que un noble caballero pudiera ser abatido por alguien que no era su igual, producía desasosiego a todos aquellos que estaban acostumbrados a figurar como predadores en lo más alto de la pirámide trófica, en este caso, de la pirámide trófica de la guerra.

Por eso el arco grande – longbow – se ha atrincherado tanto en la historia y en las mentes de todos aquellos que disfrutamos con ella y, también por eso, generalmente se pasa por alto que no representa – ni mucho menos – el único arco usado en la Europa Medieval; y tampoco era, desde luego, el más avanzado técnicamente, pero tenía la virtud de las cosas que triunfan y perduran... satisfacía plenamente los requisitos que se le exigieron: Era un arma relativamente económica, bien hecha, sólida, adecuada para la fabricación masiva, se podía disparar de forma rápida y acertar, probablemente, a un blanco situado a bastante distancia... Esto es, un 10 en nada... pero un 9 en todo.

Hay muy pocas ilustraciones o literatura contemporáneas al uso de este arma que hagan justicia a su diseño o a su concepción pero, afortunadamente, el descubrimiento del Mary Rose, un buque inglés hundido frente a costas inglesas en 1545, desveló la mayoría de las dudas; en su interior se recuperaron 138 arcos y 2.500 flechas, y eso en arqueología militar es un auténtico cheque al portador.

El arco largo es lo que hoy llamaríamos un arco puro, es decir, hecho de una sola pieza de madera, en contraposición a los arcos japoneses o a los arcos compuestos escitas o sármatas. Visto que su concepción era bastante simple, había que afinar sin embargo en la madera de su construcción, siendo la mejor la de tejo seguida de la de olmo, y esto ya suponía un problema en la Inglaterra de los Tudor, donde apenas se podía encontrar madera de esta calidad ¿consecuencia...? pues que portugueses y españoles de la época se alicataron el riñón a base de vender partidas de tejo a las islas británicas a un precio absolutamente desorbitado. Quede claro entonces que, los ibéricos, ni éramos los más tontos del mundo, ni tampoco lo somos ahora.

El largo óptimo del arma era de entre 170 y 188 centímetros – algo más que la altura del inglés medio de la época – y la fuerza tensora de entre 40 y 54 kilogramos lo que significa, ni más ni menos, que la longitud hace que pudiera ser manejado por un hombre no demasiado musculoso. Contrariamente a lo que pudiéramos creer, el arco no se hacía con una varilla recta sino que se buscaba el “reflejo”, esto es, una varilla con una curva delantera para que, con el uso, la curvatura se fuera invirtiendo poco a poco y durara más. Entonces se decía que el arco había seguido la cuerda y era el momento inexcusable de empezar a pensar en buscarse otro.

Las cuerdas se hacían con cáñamo trenzado, tratado con una solución muy ingeniosa para resistir la lluvia y la humedad, y siempre se llevaban por triplicado, por si alguna de las cuerdas se rompía estando de servicio, poder volver a disfrutar de un arma en vez de un palo... Con las flechas, había que ser igualmente cuidadoso; se llamaban flechas “de haz” - sheaf - porque, contrariamente a lo que creemos, apenas nadie las llevaba a la espalda en plan Robin de los bosques, sino que se facilitaban en un manojo que se portaba en un saco de tela a la altura de la cintura, desde donde se suponía que sería más sencillo cogerlas. Los arqueros ingleses, astutos, no se andaban con milongas y solían clavar el haz completo en el suelo, para conseguir disparar con una mayor rapidez. Volviendo a su construcción, estaban hechas de madera de álamo temblón por dos motivos: primero, es una de las maderas más ligeras y duraderas y, segundo, al contrario que el tejo, crecía de forma masiva en Inglaterra y Gales. Las saetas tenían un diámetro considerable para aumentar en todo lo posible el daño y las puntas, lejos de estar cosidas o “pegadas”, solo iban incrustadas para poder recuperarlas fácilmente... y volverlas a usar. En cuanto a la pegada, el longbow iba sobrado; disparado con habilidad, sus flechas penetraban una armadura "normal" a 120 metros de distancia.

Hasta aquí la teoría. Ahora, había que dispararlo. Parece que los ingleses se entrenaban con ellos desde pequeños – cosa no excesivamente difícil, pues estaba prohibido cualquier otro tipo de deporte – lo que determinó que cualquier varón inglés fuese un soldado en potencia. En condiciones normales – vamos, un hombre que no fuera el increíble Hulk – apenas se podía tensar más allá de los 76 centímetros, lo que es prácticamente imposible de hacer con solo 2 dedos, como nos indican la mayoría de las imágenes medievales que ilustran arqueros desarrollando su trabajo. Una vez más, hay que dedicarse al noble arte de pensar las cosas que uno ve u oye... disparar un arco con tres dedos aumentaría la rapidez del disparo pero hacerlo con dos mejoraría su precisión pues la fricción de la cuerda cuando se suelta es menor... ¿y entonces...? Posiblemente dispararían con tres dedos contra una carga masiva de caballería y, con dos, cuando se tratara de poner una flecha en el corazón de alguien con nombre y apellidos. En cualquier caso, el origen del saludo inglés con dos dedos – todavía muy usado hoy en Gales – seguramente trae causa de la costumbre inglesa de saludar así a los franceses, en plan jocoso, que les amenazaron de cortar índice y corazón de cualquier arquero que capturaran.

Pero ¿y en batalla? Pues, honestamente, funcionaba de miedo; gracias al longbow las ingleses aguantaron casi dos siglos de guerras y enfrentamientos y compensaron su falta de infantería. Los soldados se colocaban en filas, se protegían tras una estaca que ellos mismos solían portar y disparaban, muy alegremente, entre 8 y diez flechas por minuto, ayudados por docenas de muchachos a la carrera que se encargaban de municionarlos. Nótese la gravedad del asunto: las alas del ejército inglés en Crecy, en 1.346, estaban compuestas por 8.000 arqueros escogidos; si la velocidad de un caballo de guerra está alrededor de 14 metros por segundo, en los 300 metros que los jinetes franceses estuvieron a tiro de los arqueros ingleses durante su primera carga les cayeron encima... ¡25.000 flechas!. Semejante flexibilidad de empleo, cadencia de disparo y, sobre todo, motivación de aquellos que lo manejaban, destrozaron no solo a toda una tradición de empleo de la caballería pesada en los campos de batalla europeos, sino un modo de concebir, como he dicho anteriormente, la existencia misma. Los franceses tardaron toda una guerra en comprenderlo... la de los Cien años, y luego, por si no les había quedado claro, los españoles se lo recordamos en ulteriores encuentros armados, esta vez, con otro curioso invento: el arcabuz.

Saludos.

* Dedicado a Vicente Rodrigo, más que nada, por las mallas de "arquero" con las que corres... ¡Truhán!

Nombre técnico: Arco largo de una sola pieza o "Longbow"
Año de introducción: Hacia 1330
Año de caída en desuso: A partir de 1525
Difusión: Islas Británicas, casi exclusivamente
Batallas en las que participó: Guerra de los cien años y, como arma de mercenarios, guerras italianas de principios del XV, guerras de sucesión castellanas y toma de Granada.

8 comentarios:

- Jere.R - dijo...

Muy buena la nota, sencilla y a la vez detallada. La verdad, que en cuestiones de guerra no ganaban aquellos que contaban con muchos hombres, sino aquellos que poseían de inteligencia estratégica y armamentaria.

Turulato dijo...

A la espera de tus siguientes artículos, analicemos la lucha permanente entre la lanza y la coraza. Alternativa constante en la Historia de la Guerra.
Cuando una coraza parece inmune siempre aparece una lanza que la vulnera y cuando esta triunfa, siempre se desarrolla una coraza que la quiebra.

Marian dijo...

Pues muy interesante, conforme iba leyendo el artículo, me entró una pequeña duda…¿porqué el resto de Europa no adoptó el longbow?. Parece que a los arqueros ingleses, les funcionó eso de adaptar y customizar el arma al tamaño y potencial de los usuarios. Por lo demás el arco, como instrumento, parece bastante simple tecnológicamente, me refiero a su apariencia física a pesar de su envergadura, otra cosa es la habilidad que requiera … pero por lo que he podido deducir, lo innovador fue sustituir la precisión por el rendimiento. Sin olvidar que lo que mata es la flecha… ignoro si, en cuestión de munición, los arqueros ingleses desarrollaron algún tipo de flecha que aumentara su eficacia o ya de por sí la potencia del tiro era más que suficiente para convertir la cota de malla en papel de fumar.
Un saludo

Caboblanco dijo...

Hola a todos.

Efectivamente, la historia de la guerra es la historia de la lucha de la punta contra la coraza, con efímeros periodos de supremacía entre ellos.

Marian, no se porque el longbow se circunscribió a las Islas Británicas pero se me ocurren algunas razones. El arco largo no era sencillo de disparar. Se dice que se necesitaban unos 8 años para formar un arquero. Por eso empezaban tan jóvenes. Por otro lado, este arco era especialmente útil contra cargas de caballería masivas y, por ejemplo, en España, no fueron demasiado corrientes. En la península la tradición arquera era mínima, el Alemania de igual modo, y en Francia e Italia se optó más por la ballesta.

En cuanto a flecha, efectivamente influye la potencia pero también el ángulo de caída, la energía cinética y la punta. Se disponía de puntas especialmente reforzadas para penetrar armaduras o gruesos escudos, con cabezas y formas similares a la de nuestros modernos destornilladores de estrella. Además, muchas veces, 5 o 6 flechas caían sobre el caballero y, aunque no le alcanzarán, si lo hacían con el caballo, el jínete quedaba desmontado y un caballero con una armadura de 40 kilos, desmontando, no es nada...

Leodegundia dijo...

Muy interesante esta primera entrega, supongo que muchas armas se conciben y desarrollan dependiendo del lugar en donde se van a utilizar tanto por la estrategia a seguir como por los materiales necesarios para fabricarlas.
En esto del arco y flechas los ingleses demostraron ser los mejores.
Un saludo

j p dijo...

Felicitaciones por el post: has combinado perfectamente datos históricos y técnicos con buen humor e interés.
Seguire de cerca el resto de la serie.
saludos

jldelamata dijo...

El detalle de los arqueros clavando las flechas en el suelo, tiene una consecuencia, y es que si la flecha no mataba por la herida lo hacía por la infección al ir la punta "sucia"

Anónimo dijo...

Buen artículo.

En el primer párrafo parece que estés hablando de la ballesta, que dada su peligrosidad para los "caballeros" fué incluso prohibida, dice la wikipedia: "La ballesta revolucionó las posibilidades individuales de dar muerte al enemigo: cualquier inexperto podía matar a distancia a un consumado guerrero. Esto resultó tan novedoso y amenazador que incluso mereció una bula papal, donde se prevenía a la cristiandad contra su uso, por "el peligro que representaba para la humanidad un arma semejante".