martes, 29 de enero de 2008

escudero... ¡mi escudo!

A la largo de la historia de la guerra, cualquier enfrentamiento entre un hombre y su semejante se ha conformado de acuerdo al siguiente silogismo... 1) “voy a ver si le zumbo...” y 2) “ahora, voy a ver si él no me zumba a mí...” Este principio basado en la acción – reacción, se repetía hasta el infinito como si fuera un bucle infernal, y solía acabar con ambos contendientes con la cabeza abierta o, incluso, separada del cuerpo con carácter definitivo. Para evitar esta incomoda pérdida de masa encefálica – quizás, porque no andamos sobrados de ella... – se inventó el casco y, como quiera que nuestra inteligencia percibió que resultaba terriblemente fácil abollar lo de fuera pero costaba más lo de dentro, empezamos a apuntar más abajo, a la zona de las costillas. De inmediato, reaccionamos interponiendo un cuerpo entre el borde del arma agresora y nosotros mismos, por lo general, otra persona... pero, lógicamente, ese “cuerpo interpuesto” también acababa agujereado y el absentismo laboral se disparó. Ante la falta de voluntarios, uno de nosotros cogió, quizás, una corteza de árbol, la levantó inconscientemente y... ¡eureka!... consiguió evitar el primer cachiporrazo de la humanidad... Había nacido el escudo.

No tengo la menor idea acerca de si esto ocurrió así... o asá... pero lo que si sé, es que el medievo constituyó la etapa dorada del escudo, desarrollándose este último en una multitud de formas, evidentes unas, más caprichosas otras, pero todas ellas destinadas a evitar lo inevitable y vivir para luchar un día más... curioso síndrome de Casandra éste. Ante semejante panoplia, un escudero poco fino las pasaría, seguro, canutas para distinguir el uno del otro. Bien, pues voy a intentar ayudar a ese pobre e imaginario muchacho y desglosaros de forma sucinta y no demasiado cargante las variedades más típicas de este lucido accesorio para que, cuando leáis la última novela histórica, atinéis a la hora de identicar los complementos del perfecto caballero.

1) Rodela: Es un escudo circular y sobrio, de uno de los tipos más antiguos conocidos y perduró, al menos, hasta mediados del siglo XVI. Solía ser de madera recubierta de cuero aunque con el tiempo, se empezó a fabricar de metal. También existía una curiosa variante, hecha de un acero "dulce", templado cuidadosamente al fuego y muy ligero – y tremendamente caro - llamada “rodela de guarda”, con la que los desafortunados soldados que se lanzaban al asalto de un castillo o fortificación intentaban protegerse de las balas de arcabuz. Es el escudo típico de, por ejemplo, los francos merovingios, de los vikingos y, más tarde, de los conquistadores españoles que la armaron en el nuevo mundo, como éste que os incluyo más abajo.

2) Escudo de justa: Se trata de un escudo de torneo más que de combate. Era ligero, resistente, manejable y su única misión era desviar – que no contener – la lanza de acometida del caballero que venía de frente, a cien por hora. Para ello estaba curiosamente angulado y solía tener forma convexa. Además, tenía una curiosa hendidura que permitía apoyar la propia lanza para que el brazo descansara y, así, poder estar a lo que hay que estar... esto es, dirigir mejor el golpe a la cocorota del adversario. Es el escudo que vemos en las películas de torneos entre caballeros.


3) Adarga: La adarga o Daraga, en árabe, era un escudo ligero, hecho de diversas capas de cuero o de planchas de cáñamo, endurecidas con vinagre o salmuera. Solía ser redondo o con forma de doble judía y la mayoría de las veces se llevaba sin ningún tipo de adorno externo... cosa hasta cierto punto lógica, teniendo en cuenta que duraba más bien poco. Es el escudo típico de las tropas musulmanas presentes en las diferentes etapas de la guerra de la reconquista, así como de toda una suerte de antiguos guerreros a lo largo de todo el Magreb. Los franceses, muy suyos, adoptaron una versión de madera, llamada turs.



4) Broquel: Era un escudo redondo pero de pequeñas dimensiones, alternativa a la adarga y, generalmente, de madera ligera o cuero. Era típico de los soldados almohades o almorávides que se dedicaron a intentar establecerse entre nosotros, principalmente porque sus dimensiones hacían que fuera extremadamente manejable y que apenas molestase en el momento de montar a caballo. Tenía, además, una función incluso religiosa: Acostumbraba a estar pintado con versículos del coran o suras completas.



5) Tarja: Se llamaban así todos los pequeños broqueles que no llegaban a ser escudos y, verdaderamente, tenían un aspecto extraño y más bien incalificable. Evolucionaron a partir del escudo de justa y a veces se colgaban del cuello con un lazo, o en el caso de los arneses de torneo, sujetos con una cuerda y unas hebillas al lado izquierdo de la armadura. Existía una versión aún más pequeña, a veces, ridículamente, llamada “tarjeta”, utilizada para combates singulares y más bien simbólicos, en las que apenas había espacio para el blasón identificativo del caballero en cuestión... ¿Vendrán de ahí nuestras modernas tarjetas?


6) Escudo cometa: El escudo medieval por excelencia. De forma redonda al principio, muy pronto adoptó una silueta alargada para dar una mejor protección a las piernas del caballero, muy amenzadas por las largas espadas que se estilaban por aquella época. Medía casi 1,30 de alto y unos 60 centímetros de ancho, era de madera forrado de tela y, en lugares alejados del combate, el escudo se colgaba del cuello reposando sobre la espalda. Fue muy usado por normandos, anglosajones, franceses y germanos pero apenas se le vio en la península ibérica, más influida por el equipamiento de origen musulmán.



7) Pavés: El escudo, como complemento de la espada, era atributo de caballeros y jinetes. Los ballesteros, más sufridos ellos, siempre estuvieron muy desprotegidos a la hora de disparar sus armas por lo que inventaron el pavés, un enorme escudo de forma cuadrada o rectangular, que en ocasiones adoptaba dimensiones gigantescas, que les tapaba casi por completo y que, lo más importante, les permitía recargar sus ballestas relativamente sin peligro. Para mantenerlo vertical normalmente se apoyaba con un palo, al estilo de la "pata de cabra" de nuestras antiguas "bicis" pero muy pronto se le doto de una afilada punta de metal, para que resultara sencillo clavarlo en el suelo. El ballestero genovés de abajo lleva un pequeño pavés.



8) Roel: Se trata de un pequeño broquel circular, característico de las tropas carolingias pero también de determinados pueblos sirios, persas e iranios a los que el escudo occidental les venía, ciertamente, enorme. Estaba hecho de madera recubierto de pergamino o de cuero y rematado con una delgada lámina metálica. La parte central solía tener un refuerzo de metal, el ombligo, con el que se podía propinar un buen golpe al adversario, a la altura de la nuez o del mentón y su tamaño era mediano para permitir dirigirlo comodamente contra la envestida del enemigo. Cuando no se usaba para este fín, aquellos que estaban construidos de metal, ayudaron a sus propietarios a degustar sabrosos guisos... ¡ya que era normal que los soldados lo utilizaran como puchero!

9 comentarios:

Leodegundia dijo...

Magnífico trabajo que además de un texto muy ameno y esclarecedor nos permite ver en las ilustraciones todos estos tipos de escudos. :-) Esperemos no tener que necesitar ninguno, pero no está mal conocerlos para por si se da el caso.
Buen día.

Cat dijo...

Saludos,

Hasta donde yo sé, el broquel es escudo de infantería. De hecho, el primer arma que, junto con la espada, conserva tratado escrito del que tengamos noticias.

http://freywild.ch/i33/i33en.html

Enhorabuena por la página y espero impaciente los siguientes artículos de la serie.

Caboblanco dijo...

Hola a todos.

Gracias por tu comentario Cat. Te saludo y acojo entre nosotros... No hay contradicción entre lo que dices y lo publicado. El broquel surgió, puede que al unísono, en las estepas asiáticas y también en Europa. En Asia, figuró como complemento de sus muy capaces arqueros a caballo, por su ligereza. También hat constancia del uso del broquel en ejércitos Magrebíes y Egipcios. En Europa, surgió como el complemento ideal del soldado ligero de infantería. Al final, ambos terminaron siendo exactamente lo mismo.

Saludos

Marian dijo...

Vaya,algunos de esos "complementos" no los conocía. El inventario es curioso y esclarecedor.
Gracias por la explicación a mi consulta en un artículo anterior.
Un saludo

Turulato dijo...

¿Entraría un chaleco antibalas actual en esta clasificación?

almena dijo...

Qué curioso! no conocía toda esta variedad.

Un saludo!

unjubilado dijo...

Preciosa crónica y bonitas imágenes, aunque solitarias me han recordado a los romanos con sus tortugas o testutos, avanzando en formación.
Saludos

SOMMER dijo...

No hay mejor escudo que escapar de donde hay fuego enemigo.
Yo es que soy un cobarde, qué lo vamos a hacer....

Eugenio dijo...

Podria saber de que libro es la ilustracion del Escudo de cometa?. Nunca vi ese dibujo de Angus McBride y me gustaria saber si el caballero es Español u de otro pais.